Osos polares, los impresionantes soberanos del hielo canadiense

El mayor superdepredador del Ártico afronta retos cada vez mayores para adaptarse a un hábitat que cambia rápidamente debido al calentamiento global. Nos acercamos a él gracias a las fotografías de Dennis Fast.

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David Miranda

Periodista especializado en política internacional y naturaleza

El oso polar es uno de los mayores carnívoros de la Tierra, un título nada desdeñable que demuestra cada vez que tiene oportunidad. Se estima que alrededor de 26.000 osos polares habitan en nuestro planeta, dispersándose a lo largo y ancho del Ártico en busca de hábitats óptimos para sus necesidades alimenticias.

Sin embargo, la pérdida del hielo marino debido al calentamiento global está haciendo mella en un territorio cada vez más amplio, lo que ha llevado a la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) a clasificar al oso polar como especie amenazada

En Churchill, una pequeña ciudad canadiense ubicada al norte de la provincia de Manitoba, los osos polares parecen haber encontrado un pequeño oasis de hielo.

La capital mundial de los osos polares

Foto: Dennis Fast / AP Images

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La capital mundial de los osos polares

De las 19 poblaciones de osos polares que se conocen alrededor del Ártico, hay una que congrega buena parte de los ejemplares: en Churchill, Manitoba, su presencia es tal que se ha llegado a considerar al municipio como la "capital mundial de los osos polares". La afluencia de naturalistas, fotógrafos y turistas ha crecido durante los últimos años en este extremo del Ártico del mismo modo que lo ha hecho la de osos polares.

Se estima que, de los más de 25.000 osos polares que habitan la Tierra, el 60% se concentra en Canadá, mientras que el resto se divide entre Groenlandia, Rusia, Estados Unidos (Alaska) y Noruega (islas Svalbard).

Lucha de gigantes en el hielo

Foto: Dennis Fast / AP Images

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Lucha de gigantes en el hielo

Los osos polares (Ursus maritimus) acuden a las inmediaciones de Churchill durante el otoño a la espera de que el hielo se forme en esta zona de la bahía Hudson. Cuando se avecina el frío, un terreno tan cambiante como este permite a los osos cazar algunas focas despistadas y alimentarse de las sobras de las ballenas que aparecen en la bahía.

El calentamiento global ha hecho que el invierno se acorte en esta región del planeta, por lo que cada vez crece más su ansiedad antes de la llegada del esperado invierno. Durante su espera, los osos polares suelen involucrarse en combates cuerpo a cuerpo con sus semejantes para determinar la jerarquía en la época de apareamiento, que suele darse durante los meses de marzo y abril.

Un olfato tremendamente fino

Foto: Dennis Fast / AP Images

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Un pelaje muy característico

En numerosos puntos del Ártico como este, las temperaturas pueden llegar a descender cerca de los -40º C durante el invierno y permanecer en esos valores durante semanas. Un clima duro al que los osos polares están perfectamente adaptados: desde el pelaje a las garras, el físico de estos animales ha evolucionado para protegerles del frío y permitirles la caza de focas hasta en las temperaturas más frías.

¿Cómo consiguen mantener la temperatura corporal en esas condiciones? Los osos polares tienen dos capas de pelo que evitan la pérdida del calor corporal. Su protección ante el frío es tan efectiva que, en numerosas ocasiones, los machos adultos se encuentran con dificultades a la hora de mantener largas carreras.

 

Cuando el agua no es un problema

Foto: Dennis Fast / AP Images

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El secreto de su color

Al contrario de lo que pudiera parecer, el pelaje de los osos polares no es blanco. La razón es que cada pelo de estos osos está libre de pigmentos que le doten de color, por lo que al ser transparente y tener un núcleo hueco, refleja la luz visible a su alrededor

Además de las dos capas de pelo que recubren al oso polar, una capa de grasa de cerca de 10 centímetros se almacena bajo el blanco pelaje de estos depredadores para mantener su temperatura corporal, especialmente en el agua. Precisamente esa es una de las razones por las que las hembras no suelen nadar con sus cachorros durante la primavera: todavía son demasiado jóvenes para tener una capa de grasa que les permita mantener su temperatura corporal al sumergirse.

En busca de comida

Foto: Dennis Fast / AP Images

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En busca de comida

El calentamiento global cada vez se deja notar más en todas las latitudes del planeta. Sin embargo, es en los polos donde afecta con mayor intensidad. El Ártico no es una excepción.

Se está calentando tan deprisa que se estima que hacia el año 2050 podría quedar completamente libre de hielo en verano, lo que alteraría los ritmos vitales de numerosas especies como el oso polar o el zorro ártico, dos especies tremendamente adaptadas a su hábitat debido a su pelaje blanco y sus técnicas de caza en el hielo.

Cómo sobrevivirán estos animales sin su plataforma helada de caza todavía sigue siendo un misterio.

Tras los pasos de una madre

Foto: Dennis Fast / AP Images

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Tras los pasos de una madre

En el mar helado, el cambio es una constante. Esto explica por qué las zonas que habitan los osos polares pueden ser tan extensas, incluso más que la del resto de osos del planeta. El tamaño de su zona de influencia depende de la calidad del hielo marino y de la disponibilidad de focas para alimentarse, por eso no tienen un territorio fijo en el que establecerse y defenderlo: el hielo está en constante movimiento y cambia estacionalmente, por lo que su territorio aumenta en invierno y disminuye en verano.

Los osos polares, además, son grandes viajeros. Se mueven entre el hielo en busca de presas por regiones de gran extensión, por lo que no dudan en seguir viajando si no encuentran un territorio que satisfaga sus necesidades alimentarias y las de sus crías.

Camuflaje invernal

Foto: Dennis Fast / AP Images

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Camuflaje invernal

El espíritu viajero de estos animales no conoce fronteras y los científicos apuntan a que la mayoría de los osos polares suelen limitar sus viajes a territorios que están a varios centenares de kilómetros de distancia. Sin embargo, una hembra fue seguida mediante satélite y reveló un patrón sorprendente: había recorrido un total de 4,796 kilómetros en un viaje que comenzó en Prudhoe, Alaska, pasó por Groenlandia, volvió a la isla canadiense de Ellesmere y terminó retornando a Groenlandia para establecer un nuevo récord de distancia recorrida.

A pesar de estas impresionantes cifras, los osos polares usan 13 veces más energía al caminar que al descansar. Esto se debe a su gran tamaño (cerca de 600 kilos en los machos adultos, 300 en las hembras), por lo que suelen utilizar tácticas de caza al acecho cuando encuentran una zona adecuada para ellos: prefieren esperar durante largos periodos de tiempo a que aparezca una presa entre el hielo, lo que potencia su ahorro de energía. Además de grandes viajeros, los osos polares son tremendamente pacientes, una cualidad muy necesaria para sobrevivir con éxito en un hábitat tan hostil.