Los grandes simios son más parecidos a nosotros de lo que pensamos

Gorilas, orangutanes, chimpancés y bonobos comparten con nosotros algo más que genética y pasado evolutivo. Sorprende hasta qué punto mostramos conductas parecidas.

Actualizado a

Lo que nos une a nuestros 'primos' los gorilas
Sergi Alcalde National Geographic
Sergi Alcalde

Periodista especializado en ciencia, sociedad y medio ambiente

Los grandes simios forman parte, junto con los humanos y los gibones, del grupo de los primates antropomorfos, o primates con forma humana, lo que significa que son nuestros parientes vivos más cercanos en el árbol evolutivo.

Hace ya décadas que la famosa primatóloga Jane Goodall demostró que los chimpancés pueden fabricar una gran variedad de herramientas, como ramas, piedras y hojas, para obtener alimento, mientras que se sabe que los gorilas son capaces de mostrar habilidades que hasta hace poco se pensaba que eran exclusivas de los humanos, como la capacidad de reconocerse frente a un espejo, un acto que refleja un cierto grado de autoconciencia y que únicamente se ha documentado en pocos animales, entre ellos algunas aves y delfines.

Es lógico, pues, que algunos de los comportamientos de los grandes simios nos parezcan, cuanto menos, familiares.

shutterstock

Shutterstock

1 / 4

Gorilas

Humanos y gorilas compartimos más del 96% del genoma. No solo eso: un 30% de sus genes se parecen más a los nuestros que a los de los chimpancés, según un estudio publicado hace algunos años en Nature.

Existen dos especies: el gorila oriental (Gorilla beringei), y el gorila occidental (Gorilla gorilla), cada una de las cuales cuenta con dos subespecies: una de llanura y otra de montaña.

Normalmente, habitan en grupos familiares de 5 a 10 miembros, pero en algunas ocasiones forman comunidades de más de 50 individuos, dirigidos por un macho dominante, conocido como espalda plateada, que puede llegar a mantener su posición durante años.

Su único depredador en estado salvaje es el leopardo, aunque estos felinos solo atacan a los ejemplares juveniles a las hembras, pues enfrentarse a un macho adulto podría costarles la vida.

El mayor enemigo de estos primates no es otro que el hombre, causante del drástico descenso poblacional que estos animales han experimentado a lo largo del siglo XX. Según un informe de Naciones Unidas, incluso podrían desaparecer de grandes zonas de la cuenca del Congo a mediados de esta década.

shutterstock

Shutterstock

2 / 4

Chimpancés

Los chimpancés (Pan troglodytes) y los bonobos son todavía más parecidos a nosotros, pues comparten aproximadamente el 98% de su código genético.

Pasan la mayor parte del día en las copas de los árboles de los bosques de África Central, con lo que suelen desplazarse a cuatro patas, aunque son capaces de caminar con dos, como empezaron a hacer los ancestros de los humanos hace millones de años.

Como nosotros, estos primates son extremadamente sociales: viven en comunidades muy numerosas y forman jerarquías bien establecidas, compuestas por un macho dominante que en ocasiones establece coaliciones con otros machos del grupo.

Sin embargo, en la mayoría de los casos la relación no es de cooperación, sino de conflicto, pues suelen tener disputas territoriales. Sus enfrentamientos pueden llegar a desencadenar una lucha feroz entre distintos miembros del clan, algo que no sucede entre sus primos hermanos: los bonobos.

En 1960, la famosa primatóloga británica Jane Goodall realizó un descubrimiento que revolucionó el campo de la etología. Mientras realizaba estudios sobre el comportamiento de estos primates en Gombe, en Tanzania, un día observó un macho que parecía estar introduciendo una brizna de hierba en un termitero y luego se la llevaba a la boca. Acababa de documentar por primera vez que estos primates estaban utilizando herramientas, una habilidad que hasta esa fecha se atribuía exclusivamente al ser humano.

shutterstock 2314140955

Shutterstock

3 / 4

Orangutanes

Los orangutanes (género Pongo) son los últimos grandes simios que viven en Asia. Su rasgo más definitorio son sus mejillas grandes y aplanadas, formadas por bolsas de tejido adiposo, que se desarrollan durante las etapas maduras.

Generalmente las usan para demostrar el estatus de macho dominante, como si se tratase de una antena parabólica que les ayuda a dirigir el sonido emitido por los gritos. Los científicos especulan que las hembras y los jóvenes podrían utilizarlas para localizar al patriarca de su grupo.

A diferencia de otras especies de primates, su arco superciliar, la zona de hueso frontal que se encuentra sobre las órbitas de los ojos, no está demasiado desarrollado, lo que le confiere un aspecto inconfundible.

Igual que los chimpancés, se alimentan básicamente de fruta, con lo que pasan la vida en lo alto de los árboles, de los que solo descienden para beber agua o para ingerir tierra rica en minerales.

Como el resto de primates antropomorfos, como los gorilas o los orangutanes, son animales sociales, aunque forman grupos menos duraderos y numerosos que los de sus parientes. En cualquier caso, el macho es siempre el elemento unificador de la comunidad, pues se le atribuye la capacidad de ser el que mejor sabe localizar los árboles frutales, defender el territorio y proteger a las hembras y las crías. 

shutterstock 2111507969

Shutterstock

4 / 4

Bonobos

Los bonobos (Pan paniscus) fueron bautizados hace años como ‘chimpancés pigmeos’. Una denominación que no se corresponde con la realidad, pues ni son chimpancés ni son más pequeños que estos. Sí que son menos corpulentos, aunque tienen los brazos más largos y esbeltos.

Los linajes de este género se separaron del de los humanos hace entre 6 y 9 millones de años, aunque ocuparon el mismo nicho ecológico dentro de la selva africana. Sin embargo, su área de distribución quedó separada por una frontera natural: el río Congo, que ejerce de línea divisoria entre ambas especies.

Según los científicos, la clave de esta separación puede haber sido la competencia por los recursos. En la orilla derecha del río los chimpancés compartían el bosque con los gorilas, con los que competían por los alimentos, mientras que la población de la orilla izquierda se vio favorecida por la ausencia de competidores.

Quizá este sea el motivo por el cual los bonobos casi nunca entran en conflicto, a pesar de vivir en grandes comunidades. Por ejemplo, mientras que los chimpancés están liderados por un macho alfa, en las familias de bonobos son las hembras quienes tienen el poder, aunque prefieren compartirlo en lugar de ejercerlo dictatorialmente. En caso de conflicto, renuncian a la lucha en favor del sexo.

Se aparean prácticamente todos con todos, machos con hembras, mayores con juveniles, y de las formas más variadas posibles, una práctica que tiene un componente social, esto es, no se limita a la cópula durante el período fértil, sino que va mucho más allá: su finalidad es la de estrechar lazos y evitar el conflicto. Y les funciona.