En la serie The Last of Us, un hongo del género Cordyceps hace crecer masas esponjosas en el interior de los órganos humanos hasta apoderarse del cerebro, y, con ello, de la voluntad de los infectados. Aunque se trata de un argumento de ciencia ficción, lo cierto es que estos hongos existen en la naturaleza. Eso sí, que nadie se alarme, pues, por lo menos hasta ahora, solo infectan insectos y otros artrópodos, entre los que se encuentran algunas incautas especies de hormigas carpinteras (del género Camponotus), a las que las esporas anulan completamente su voluntad. Tras perforar su exoesqueleto, el hongo Ophiocordyceps kimflemingiae penetra en el cerebro, desde donde las obliga a actuar de forma muy distinta a la habitual: en lugar de quedarse en el suelo, trepan a un árbol cercano y se fijan a una hoja. Cuando la hormiga muere, el patógeno le lanza una lluvia de esporas desde lo alto. A mayor altura, mayor radio de dispersión, y más éxito para el parásito, mientras que si una hormiga infectada muere en la colonia o en el suelo, tiene cero posibilidades de infectar otra congénere.

 

 

Hormiga aferrándose a una rama
Kim Fleming/ Universidad Estatal de Pennsylvania

Las hormigas carpinteras de los bosques templados pican las ramitas o la corteza y envuelven las ramitas con sus patas traseras. La hormiga de la izquierda acaba de agarrarse a la rama y está moribunda o muerta. La hormiga de la derecha lleva tiempo muerta, tiene un tallo fúngico que le sale de la cabeza.

Siguiendo esta lógica, los hongos que habitan bosques caducifolios podrían verse perjudicados por los estragos del cambio climático, pues la expansión estos ecosistemas como consecuencia del aumento de las temperaturas reduciría la disponibilidad de hojas, y con ellos, las oportunidades de las hormigas para trepar a árboles frondosos. Nada más lejos de la realidad, según descubrieron hace años un equipo científico de la Universidad del Estado de Pennsylvania. En algún momento de la historia, estos hongos se adaptaron para sobrevivir y prosperar en momentos de poca vegetación: la clave, llevar a sus huéspedes no hacia las hojas, sino hacia las ramas despobladas.  

 "Descubrimos que en las zonas tropicales, las hormigas zombis se aferran a las hojas, pero en las zonas templadas se agarran a las ramitas o a la corteza de los árboles", explica David P. Hughes, profesor asociado de entomología y biología de la Universidad Estatal de Pennsylvania y autor principal de un estudio publicado en la revista especializada Evolution.

 

La pista: un fósil hallado en Alemania

Para llegar a esta conclusión, los investigadores siguieron la pista de un fósil de este género de hormigas encontrado en Alemania, donde estos insectos prosperaron en su día. Aquel vestigio, datado de hace unos 47 millones de años, muestra a la hormiga mordiendo una hoja. En aquella época los bosques húmedos de hoja perenne se extendían desde el ecuador hasta casi los polos Norte y Sur. Sin embargo, cuando el clima se enfrió, los bosques templados de hoja caduca crecieron en las zonas más septentrionales y meridionales de todo el mundo, lo que incluyen las latitudes europeas, con lo que las hormigas zombi que residían en aquellas zonas acababan en el suelo cuando las hojas caían. Como consecuencia de ello, los hongos que habitaban aquellas latitudes tendrían pocas posibilidades de reproducirse con éxito... a no ser que interfirieran en los hábitos de las hormigas: en lugar de hojas, mejor alimentarse de ramas y aferrarse a ellas.  

Los investigadores examinaron el ADN extraído del mayor número posible de muestras para estudiar la relación filogenética de los distintos hongos. Descubrieron que, desde el punto de vista genético, el hábito de morder ramas y el de aferrarse a ellas con las patas se desarrollaron de forma independiente como una adaptación de los hongos a aquella nueva situación. "Podemos estimar que estos cambios se produjeron hace entre 40 y 20 millones de años- afirma Hughes-. Sin embargo, debido a la escasez de fósiles de hormigas zombi, no podemos ser más específicos que eso por el momento".

Sabemos que cuando el clima cambia -se vuelve más cálido, más frío, más húmedo o más seco-, las plantas y los animales no tienen más opción que la de adaptarse o morir. De igual modo, los temidos hongos Ophiocordyceps también supieron adaptarse al entorno cambiante para seguir manipulando a las hormigas carpinteras.  Fue precisamente esto lo que les garantizó su supervivencia hasta nuestros días. Esperemos que no aprendan a infectar a seres humanos. 

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