Basta con pararse a mirar detenidamente a cualquier animal, para darnos cuenta de que cada uno de ellos alberga una rareza intrínseca que suele pasar inadvertida en un primer vistazo. Hablemos de sus órganos sensoriales, por ejemplo. Desde la trufa de los perros, pasando por la trompa de los elefantes, hasta llegar a la extraña espiritrompa de las mariposas, cada animal presenta una serie de adaptaciones al ambiente en que se ha desarrollado que resultan dignas de admiración. 

Sin embargo, dentro del reino animal existen algunas especies que por su especial particularidad, resultan verdaderamente extrañas. Es el caso del increíble olm, un anfibio ciego, con branquias, que vive en cuevas y puede resistir a la falta de alimento durante años. El fondo del mar es también un lugar fecundo en criaturas extrañas; fe de ello dan seres como el cangrejo yeti, los dragones de mar o el peculiar pulpo orejudo. Algunos mamíferos tampoco se quedan atrás, como es el caso del esquivo okapi, el antílope saiga o el ornitorrinco, un ser que parece estar conformado con las piezas sobrantes de otros animales. 

Sin embargo, cuando hablamos de mamíferos, existe un animal que por su extrema rareza y su vez la poca comprensión que aún tienen los científicos de él, bien podría ser catalogado como el mamífero más raro del mundo: hablamos del los equidnas, también conocidos como zaglosos

Los zaglosos son unos de los mamíferos más primitivos que existen. Pertenecen al orden de los monotremas, cuyas especies se caracterizan por mantener en la actualidad algunas de las características reptilianas ancestrales, como la reproducción ovípara o la presencia de una cloaca, es decir, un orificio donde confluyen los tractos digestivo, urinario y reproductor. 

En la actualidad existen 4 especies de equidnas y se conocen hasta 4 especies extintas.  Todas ellas habitan en la isla de Nueva Guinea y poseen algunas características que lo hacen verdaderamente extraños, tanto que hasta hace apenas unos 200 años, muchos taxónomos incluían a los equidnas y otros monotremas en clase de los reptiles, creyendo que se trataban de reptiles con pelo. 

Pero ¿qué lleva realmente a tantos expertos a afirmar que los equinas son algunos de los animales más extraños del mundo? Para averiguarlo podemos tomar como ejemplo al equidna de hocico largo oriental (Zaglossus bartoni). 

Este mamífero monotrema emparentado con el ornitorrinco, nace, al igual que este, de huevos. No muestra un pico como su pariente, sin embargo, su tan característico hocico, de la misma naturaleza, está dotado de unos electroreceptores que les sirven para detectar las lombrices de las que se alimenta, las cuales arponea con una letal legua espinosa y luego absorbe con su boca carente de dientes como si fueran espaguetis. 

Equidna de hocico largo oriental -  Zaglossus bartoni
Foto: Tim Laman

Los equinas de hocico largo también presentan un cuerpo muy musculoso, robusto y cubierto por una especie de pelos modificados duros y gruesos que no llegan a cubrir las púas o espinas de las que también están dotados. 

En cuanto a la reproducción, cabe destacar el pene de los machos equidna, un aparato reproductor cuádruple, con cuatro glandes y a su vez cuatro salidas que se presenta como una característica única en el reino animal, aunque no todos son funcionales al mismo tiempo.

Las hembras, por su parte, también muestran ciertas particularidades. Concretamente carecen de pezones y la leche para alimentar a sus crías emana de unos pequeños poros distribuidos en su zona ventral, en la que las crías se agarran de los pelos para poder alimentarse. Algo que, no obstante, entra en el campo de la suposición, ya que hasta ahora nadie -ningún científico, ni ningún habitante de Nueva Guinea- ha observado jamás una cría de equidna de hocico largo.