¿Cómo ven el mundo los perros? No es ningún misterio que su visión es muy distinta de la nuestra, pero sus particularidades son más difíciles de detectar si no es mediante estudios de comportamiento. Se ha dicho a menudo que no ven tan bien y que dependen básicamente del olfato, pero esto no es del todo cierto: los perros en algunas aspectos ven mejor que nosotros y en otros peor, simplemente porque su visión ha evolucionado para satisfacer necesidades distintas.

 

La familia de los cánidos son mayoritariamente animales cazadores, por lo que su visión tiene que cumplir una necesidad muy específica: identificar fácilmente a sus presas, a menudo en medio de un paisaje y en condiciones de luz muy variables. Por ello, sus ojos se han especializado en distinguir cosas en movimiento sin prestar tanta importancia a su color o nitidez.

Los perros no ven un espectro limitado de colores.
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Un mundo con pocos colores

La diferencia más significativa entre nuestra vista y la de los perros es que ellos distinguen menos colores, puesto que solo cuentan con dos tipos de conos, las células fotorreceptoras que son responsables de la percepción del color, mientras que los humanos contamos con tres. Cada tipo de cono capta una longitud de onda determinada, y de la combinación de ellas se forma el espectro de luz visible para cada especie.

Los conos que poseen los perros se especializan en longitudes de onda correspondientes al azul y al amarillo, por lo que un color les resulta más indistinguible cuanto más se aleja de estos: así, los que se encuentran en los límites de estas longitudes de onda, como el naranja o el verde, los ven como tonalidades de amarillo; mientras que aquellos que se alejan más, como el rojo o el violeta, son monocromos para ellos.

Los efectos de la cría selectiva

La segunda diferencia importante entre nuestra vista y la canina es la agudez visual, es decir, la capacidad de distinguir diferencias pequeñas con precisión. En general, los perros tienen problemas para distinguir imágenes a media y larga distancia; su ratio en la escala de Snellen, usada para medir problemas de visión, es de 20/75: esto significa que, algo que una persona sin problemas de visión puede distinguir con claridad a 75 pies (unos 23 metros), un perro necesita tenerlo a 20 pies (unos 6 metros) para verlo con la misma nitidez; de ahí la importancia que tiene el olfato en su vida.

Su capacidad visual también varía dependiendo de la morfología del cráneo: en particular, los perros de hocico largo tienen mejor una visión periférica (hasta 270º) que los de hocico corto (que ronda los 180º, similar a la de los humanos). Esto se debe a la forma diferente de su fóvea, el área de la retina donde se enfocan los rayos de luz: en los cánidos es alargada, dándoles un mayor campo de visión.

Los perros de hocico largo tienen una visión periférica más amplia y por ello detectan mejor lo que sucede a su alrededor.
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Siglos de cría selectiva han tenido efectos contrarios en distintas razas. Por una parte, la selección para obtener perros de hocico chato como mascotas ha acortado la amplitud de la fóvea de forma proporcional a la reducción del hocico. En cambio, la cría de perros con mejor vista para la caza ha hecho que las razas de hocico largo, más cercanas a sus parientes salvajes en lo que respecta a la forma del cráneo, mantengan intacta su capacidad visual.

En contraparte, los perros de hocico chato han ganado una habilidad que seguramente ha influido en su popularidad como mascotas: una mejor capacidad para hacer contacto visual y enfocar aquello que tienen delante. Es por ese motivo que estos perros suelen mirar a los humanos directamente, mientras que los de hocico más largo tienen una tendencia más o menos marcada a mirarlos de reojo o inclinando la cabeza.

Vista de cazadores

Los perros descienden de animales cazadores y esto influye de forma notable en dos aspectos: su capacidad para distinguir cosas en movimiento y para ver en condiciones de luz muy variables. Esto se debe a su mayor densidad de bastones, otro tipo de células fotorreceptoras, responsables de captar la luminosidad.

Como ya se ha dicho antes, los perros tienen dificultad para enfocar correctamente a distancias medias y largas, lo que significa que ven el mundo a través de una cierta miopía. Sin embargo, compensan esta deficiencia con una excelente capacidad para distinguir objetos o seres en movimiento. Esto se debe a que su mayor cantidad de bastones les permite procesar las imágenes a una mayor frecuencia, de modo que pueden detectar con más facilidad cambios en la posición de una criatura u objeto.

Esta es la razón por la que los perros prefieren los juguetes en movimiento, y también por la que parecen distinguirnos con más facilidad cuando nos movemos, mientras que si nos quedamos quietos ellos también lo hacen, intentando identificar si somos nosotros. Se ha demostrado que un perro puede identificar a sus cuidadores a casi un kilómetro de distancia si estos se mueven, mientras que dicha percepción cae a casi la mitad si estos se quedan quietos.

Los perros detectan fácilmente objetos en movimiento incluso a largas distancias.
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Visión nocturna

En los perros, la mayor densidad de bastones también les permite ver en condiciones de luz más variables. Mientras que otros mamíferos, como los humanos y otros primates, tienen una visión principalmente diurna y en condiciones de poca luz la pupila tarda más en adaptarse, los perros y otros cazadores ven igual de bien durante el día que por la noche.

Además, los perros cuentan con dos adaptaciones que mejoran aún más su visión nocturna. Por una parte, su pupila es muy grande en proporción a la superficie total del ojo, lo que permite que entre mucha más luz. Por otra, cuentan con una estructura llamada tapetum lucidum que refleja la luz después de que esta haya pasado por la retina, haciéndola pasar una segunda vez, de modo que la retina la recibe por duplicado.

Aunque los perros se hayan acostumbrado a vivir con los humanos desde hace milenios, la herencia de sus ancestros sigue determinando el modo en que ven el mundo; por qué les gusta tanto perseguir pelotas, palos y frisbees; o por qué los perros de hocico corto parecen mirarnos con más atención.