La comunidad científica sospechaba desde hace tiempo que los tiburones de Groenlandia (Somniosus microcephalus) eran extraordinariamente longevos, incluso que podían superar los 400 años, pero pocas veces habían encontrado un ejemplar capaz de corroborar esta hipótesis. Ahora, el insólito hallazgo de un espécimen en aguas tropicales arroja luz sobre dos hechos poco conocidos: estos escualos pueden alcanzar latitudes muy lejanas a su área de distribución original, situada cerca el Ártico, y es posible que superen los 500 años de edad.

“Fue un hallazgo sorprendente y emocionante”, afirma Devanshi Kasana, doctorada de la Universidad Internacional de Florida. No era para menos, pues esta bióloga marina, integrante de una expedición dedicada al marcaje de tiburones tigre, capturó por accidente en 2022 un ejemplar de tiburón de Groenlandia en aguas cercanas a Belice, a miles de kilómetros del área de distribución original de esta especie. Un hallazgo tan sorprendente que fue publicado en la revista especializada Marine Biology.

¿Qué hacía un animal como este tan lejos de su hábitat? Aquel avistamiento planteó serios interrogantes sobre la verdadera área de distribución de estos escualos, de los que hasta esa fecha nunca se había localizado en aguas del Caribe. Kasana y su equipo se encontraban cerca del arrecife de Glover, el segundo más largo del mundo. Su equipo había sumergido un palangre a este atolón parcialmente sumergido para estudiar la ecología y los movimientos del tiburón tigre, un escualo habituado a estas aguas templadas. Pero poco imaginaban que iban a toparse con el tiburón de Groenlandia, uno de los más grandes y longevos del mundo. 

Los tiburones de Groenlandia son unos colosos viven en profundidades de hasta 2.000 metros, pueden alcanzar los 7 metros de longitud y pesar casi 2 toneladas de peso. Son principalmente carroñeros, aunque se ha documentado que cazan focas, peces y calamares, además de otras presas habitantes del fondo marino. Se trata de una especie con un metabolismo muy lento, algo que se asocia con una función práctica: el ahorro de energía en entornos extremadamente fríos, y que podría estar directamente relacionada con su extraordinaria longevidad.

Se sabe también que no tienen una vista demasiado buena, con lo que se deduce que suele valerse de otros sentidos, como el olfato. Pero es posible que los ojos les sirvan de poco, pues en ocasiones son presa de un copépodo parásito que se instala en la córnea y se alimenta de su tejido ocular. Paradójicamente, los científicos piensan que este inquilino indeseado podría actuar como un señuelo, ayudándolo a capturar sus presas. Ello explicaría, por ejemplo, cómo es posible que un animal de movimientos tan lentos sea capaz de depredar presas tan veloces como los calamares. 

 

Datación: la clave está en la córnea

Pero más allá de sus lentos movimientos, la característica principal de estos escualos de las profundidades árticas no es otra que su longevidad. La literatura científica siempre ha calificado a estos animales como uno de los que viven más años, aunque no contaba con una manera rigurosa de documentar este hecho. El motivo es que, a diferencia de otros tiburones, su edad no puede calcularse contando las bandas de crecimiento de las vértebras o las espinas de las aletas, como si se tratase de los anillos de un árbol. Y es que esta especie no cuenta ni con espinas en las aletas ni con tejidos duros en su cuerpo, y sus vértebras son demasiado blandas para formar las bandas de crecimiento que se observan en el resto de los escualos.

Hasta hace poco tiempo, los científicos solo podían deducir  que vivían muchos años basándose en lo que sabían: que crecen a un ritmo muy lento, de aproximadamente un centímetro al año. Sin embargo, avances recientes permiten determinar la edad de estos animales de una forma mucho más precisa: a través de la datación e isótopos de carbono de unas proteínas halladas en sus córneas, las cuales están presentes antes del nacimiento y no se degradan con la edad. Siguiendo esta técnica, científicos de la Universidad de Copenhague dirigidos por el biólogo Julius Nielsen estudiaron hace unos años la edad de 28 ejemplares, de los que se documentó que el más longevo tenía unos 400 años de edad, y que pueden tardar 150 años en alcanzar la madurez sexual.

Primer plano del ejemplar de tiburón capturado
Devanshi Kasana/ Universidad Internacional de Florida

Devanshi Kasana y su equipo capturaron este ejemplar de tiburón de Groenlandia en el Mar Caribe, cerca de Belice, una zona que se encuentra a miles de kilómetros del áera de distribución original de estos escualos.

En el caso del ejemplar avistado en el Caribe, los científicos no han tomado muestras para no causar estrés al animal, aunque sus estimaciones han determinado que se trata de un ejemplar todavía más viejo de los anteriormente documentados. Comparando sus características físicas y su tamaño con otros individuos capturados en anteriores ocasiones, han estimado que podría tener unos 520 años. En otras palabras, había nacido en 1503, el mismo año en que Cristóbal Colón desembarcaba en las islas Caimán, no muy lejos de donde se encontró este insólito ejemplar de tiburón de Groenlandia. Quién sabe si pudieron haberse encontrado…

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