La agricultura intensiva ha fomentado durante las últimas décadas el uso de componentes pesticidas, insecticidas y herbicidas destinados a proteger los cultivos frente a distintos tipos de plagas. Sin embargo, también se relaciona con la pérdida de hábitat natural de especies de plantas y animales muy necesarios para el medio ambiente. 

Entre estos compuestos encontramos el polémico glifosato, cuyo uso sigue estando permitido en la Unión Europea a pesar de la preocupación de algunos países sobre sus efectos negativos en la salud, un debate que se mantiene hace décadas y que en la actualidad se ha reavivado. 

QUÉ ES el glifosato

Se trata de un tipo de herbicida no selectivo ampliamente usado en agricultura para eliminar las malas hierbas de los campos de cultivo. Es, además, el más utilizado en todo el mundo, y se puede encontrar en productos como el reconocido químico de amplio espectro Roundup. 

La naturaleza no selectiva de este compuesto implica que mata a cualquier tipo de planta con la que entra en contacto, atacando las proteínas responsables de su crecimiento.

Desde la década de 1990 el uso del glifosato ha aumentado exponencialmente, lo cual hace que se encuentre en el medio ambiente de forma generalizada y que, en cierta medida, estemos en contacto constante con él. El aire, el suelo, las aguas superficiales y subterráneas o los alimentos que consumimos contienen restos de glifosato que se introducen en nuestro cuerpo. 

La sustancia fue introducida por primera vez en el mercado en 1974 a manos de la empresa química Monsanto. A partir de 2018 esta pasó a ser propiedad de otra gran empresa, Bayer, que produce el herbicida Roundup con glifosato. 

Desde entonces, Bayer ha recibido miles de demandas por el vínculo entre el uso de Roundup y el cáncer, viéndose en la posición de pagar a los presuntos afectados para poder resolver aproximadamente 125.000 de estos reclamos. 

¿QUé riesgos tiene su uso?

Algunos expertos han relacionado la exposición a este componente con el aumento de la incidencia en una serie de problemas de salud humana: diversos tipos de cáncer, problemas reproductivos, enfermedades neurológicas como la esclerosis lateral amiotrófica (ELA), o la disrupción endocrina, entre otros. 

Además, el uso del glifosato también afectaría a la biodiversidad, eliminando especies vegetales que sostienen el entorno natural de seres vivos que son cruciales para la agricultura, como los polinizadores. 

Pero la conversación alrededor del uso de este herbicida no es nueva: ya en 2015 la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer, organismo de la Organización Mundial de la Salud (OMS), consideró al glifosato como probable cancerígeno. Sin embargo, los principales organismos de seguridad de la Unión Europea indican que hay poca evidencia de que sostenga esta afirmación.

En consecuencia se originó un debate que abarcó tanto a la comunidad científica como a otros organismos relacionados con salud y medio ambiente, y que se trasladó a la votación de la Comisión Europea que tuvo lugar en 2017 para decidir si este componente podía seguir usándose en cultivos alimentarios. 

LA DECISIÓN DE LA UE

Tras la última renovación de la licencia del glifosato en 2017, la Comisión Europea ha tenido que volver a revisarla en 2022. Es justamente debido a la polémica generada entorno al herbicida que la decisión se ha pospuesto hasta 2023, para poder realizar investigaciones más profundas sobre sus efectos a través de la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) y la Agencia Europea de Sustancias y Mezclas Químicas (ECHA). 

Durante este período de tiempo la EFSA ha evaluado unos 2.400 estudios sobre el compuesto, concluyendo que solamente es peligroso para sus agricultores en el caso de que no se protejan correctamente al trabajar con productos que contengan glifosato, pero que este no representaría un riesgo para el consumidor final

La votación de los 27 Estados Miembro de este 2023 no obtuvo la mayoría de votos necesaria, ni a favor ni en contra, para llegar a una resolución, que debe adoptarse por mayoría cualificada. Esto obligó a la Comisión Europea a cargar con la responsabilidad de tomar una decisión unilateral antes del 15 de diciembre, momento en el que expiraba el período de aprobación. 

El dictamen sigue permitiendo su uso bajo nuevas restricciones hasta la próxima revisión, que tendrá lugar dentro de 10 años. No obstante, los gobiernos de los Estados Miembros todavía pueden prohibir su uso a nivel nacional, si así lo consideran. 

Esta decisión, como era de esperar, no ha agradado a todo el mundo y ha recibido críticas, especialmente por parte de organizaciones ecologistas y del Grupo de evaluación del glifosato, del cual Francia, Hungría, Países Bajos y Suecia forman parte. 

Estas instituciones luchan por una industria agrícola más respetuosa con el medio ambiente y el cambio hacia prácticas sostenibles por las ventajas que esto tiene para nuestra salud y la del planeta.