La capa de ozono es una joya de la estratosfera terrestre que resguarda al planeta de la llegada de radiación ultravioleta perjudicial. Pero eso ya lo sabes. Durante muchos años, la preocupación global por su deterioro conllevó que fuera un concepto muy presente en el día a día de todos los ciudadanos.

Sin embargo, parece que en los últimos años, las noticias sobre su aparente recuperación acallaron las voces, y la capa de ozono dejó de ser un tema recurrente. ¿Qué sabemos sobre su situación actual? ¿Está realmente en recuperación?

EL PRINCIPIO DEL PROBLEMA

La preocupación por el deterioro de la capa de ozono no es un tema muy antiguo, de hecho, tiene su origen en el año 1985, cuando tres científicos conocidos como Joe Farman, Brian Gardines y Jon Shankin detectaron una gran disminución del espesor de esa capa, especialmente, en la zona correspondiente a la Antártida.

Estudiando la situación con detalle, los protagonistas descubrieron que, esa pérdida de espesor que parecía traer consigo un mayor riesgo de quemaduras y cáncer de piel, así como una fuerte alteración de los ecosistemas, tenía origen en la presencia de tres componentes específicos: el cloro, el flúor y el carbono. En ese momento, los tres gases, a los que se llamó CFC, eran ampliamente usados en refrigerantes, aislantes y múltiples aerosoles.

 

La noticia no tardó en alertar a las autoridades y a la población. Los altos líderes, consternados ante este hecho que amenazaba cada vez con más urgencia al bienestar global, decidieron tomar las riendas y adoptar medidas para frenar el deterioro de la capa. Como resultado, en el año 1987, se firmó el Protocolo de Montreal, un pacto que limitaba la emisión de esas sustancias nocivas.

A partir de ese momento, la capa de ozono siguió deteriorándose de forma progresiva hasta que, durante la primera década del siglo XXI, se recogieron los primeros datos alentadores: todo parecía afirmar que la capa de ozono comenzaba a recuperarse.

LA CAPA DE OZONO EN LA ACTUALIDAD

Sin embargo, el proceso no iba a ser sencillo: la ONU estimaba que la capa de ozono podría no volver a su estado original hasta el último tercio del siglo. Esto es debido a que, aunque los gases CFC ya no sean uno de los mayores problemas, a día de hoy existen otras amenazas que siguen ralentizando la recuperación. Entre ellas se destaca la emisión de gases de efecto invernadero, la presencia de componentes químicos en la atmósfera y los gases producidos en los incendios forestales.

Agujero de la capa de ozono en 2022

Este mapa muestra el tamaño y la forma del agujero de ozono sobre la Antártida en octubre de 2022. 

De hecho, aunque la situación parece mejorar de forma lenta, el agujero de la capa de ozono sigue siendo un problema latente: en 2020, este llegó a tener un tamaño de 24 millones de kilómetros cuadrados, es decir, una superficie equivalente al doble de Europa.

Los científicos ponen el foco, no solo en incendios y gases contaminantes, sino que en otras sustancias como, por ejemplo, los halógenos de vida corta. Se trata de sustancias no recogidas en los protocolos, que tienen un tiempo de vida muy corto pero que se transportan de forma muy rápida a las capas de la atmósfera, actuando sobre ella y maltratando el ozono existente.

CAMBIO CONSTANTE

Ahora bien, la propia capa de ozono posee unas dinámicas características que provocan su aumento y disminución constante en ciclos anuales. Así, por ejemplo, con la llegada de la primavera en el hemisferio sur, se comienza a observar la acumulación de sustancias nocivas para el ozono en la estratosfera, sobre el Polo Sur. Esos componentes, combinados con la radiación solar, las bajas temperaturas y las nubes, desencadenan la formación pronunciada del agujero, aumentando de tamaño durante ese periodo.

Sin embargo, hacia mediados de otoño, la capa de ozono se espesa de forma natural. En ese momento, los vientos de la estratosfera cambian de forma drástica, contribuyendo a la ruptura del vórtice polar y resultando en una reducción considerable del tamaño del agujero de la capa de ozono.

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