Podríamos decir sin miedo a equivocarnos que 2 de los indicadores más representativos del grado de desarrollo de una sociedad son el consumo de energía y, muy en relación a este, la capacidad de transporte. En la historia encontramos numerosos ejemplos de como la mejora en estos dos ámbitos se han traducido en un incremento proporcional de la prosperidad para los seres humanos: el dominio del fuego y el empleo del carbón o los combustibles fósiles dan fe de ello en el primer caso; y el desarrollo de la rueda o la domesticación de animales como el caballo en el segundo. 

En este sentido, el último de estos grandes avances que más recientemente ha cambiado el mundo es sin duda el avión. Desde su gran explosión en los años 90,  el transporte aéreo ha conectado el planeta como nunca antes, acortando enormemente las distancias y haciendo, si cabe, del mundo un lugar mucho más pequeño y accesible. 

Sin embargo, esta nueva forma de movernos por el mundo, según se aboga desde distintos ámbitos, representa, en términos de emisiones, una forma poco eficiente de viajar. Según datos de Air Transport Action Group -IATA-, una coalición de expertos de la industria de la aviación centrada en cuestiones de desarrollo sostenible, la aviación es responsable del 12% de las emisiones asociadas con el transporte a nivel mundial, una cifra que no obstante la comisión europea eleva hasta el 13,9%. Esto sitúa a la aviación como la segunda mayor fuente de contaminación del sector, solo detrás del transporte por carretera. 

Una de las mayores críticas hacia el sector, guarda relación con la gran cantidad de emisiones de gases de efecto invernadero, más teniendo en cuenta que según las estimaciones de la Agencia Europea de Seguridad Aérea -AESA- el número de pasajeros de avión crecerá un 42% para el año 2040, una cifra se eleva hasta el 100% según los datos de IATA. 

Pero, ¿cuán contaminante es verdaderamente viajar en avión? Según los datos previos a la pandemia, el sector de la aviación produjo en el año 2019 aproximadamente 915 millones de toneladas de CO2 a nivel mundial, lo que representa el 2,1% del total de las emisiones anuales emitidas por el ser humano. Un vuelo de conexión entre Londres y Nueva York, produce por su parte unas emisiones de 986 kilogramos de dióxido de carbono por pasajero. 

No obstante, otros datos a tener en cuenta son que alrededor del 80% de estas emisiones procedieron de vuelos de más de 1.500 kilómetros para los que no existe un modo alternativo de transporte práctico; que a nivel mundial, hoy la ocupación media de los aviones es casi de un 83%, muy superior a la media de otros modos de transporte; y que la modernización de la flota de aviones junto al desarrollo de nuevos tipos de combustibles (SAF), se traduce en que los aviones más modernos emplean menos de 3 litros de combustibles por cada 100 pasajeros y kilómetro, lo que equipara la eficiencia energética del transporte aéreo con la de la mayoría de los coches modernos.