Si nada lo remedia, la primavera de 2023 va a ser una de las más secas de lo que llevamos de siglo en España. Las precipitaciones caídas en los últimos días apenas han servido para maquillar la dramática situación de sequía que vive gran parte de la península ibérica, especialmente la cuenca Mediterránea. Un vistazo por los datos de las lluvias y las reservas hídricas ayudan a hacernos una idea de la magnitud de esta crisis medioambiental. 

Embalses bajo mínimos

Según los datos facilitados por el Ministerio de Transición Ecológica y Reto Demográfico, la reserva hídrica española está al 50,1 por ciento de su capacidad total, con un volumen de agua de 28.074 hectómetros cúbicos. Una volumen de agua que va disminuyendo día a día si no llegan lluvias abundantes, como demuestra un alarmante dato facilitado por la misma institución meteorológica: únicamente en la penúltima semana del mes de abril se perdieron 326 hectómetros cúbicos, lo que equivale al 0,6 % de la capacidad total actual de los embalses.

El mapa de las cuencas hidrográficas muestra una clara diferencia entre la vertiente noroccidental y la sudoriental. Las cuencas de Galicia y la cornisa cantábrica son las que gozan con diferencia de mayor suficiencia, siendo la del Cantábrico occidental la más caudalosa (con un 82,2 % de su capacidad), seguido de las cuencas internas del País Vasco, con un 81%. En el otro extremo del mapa se encuentran las cuencas hidrográficas de la vertiente mediterránea, especialmente la andaluza, con una capacidad de tan solo el 36,2 %, y la del Segura, del 34,6 %. Entre las más castigadas también se cuentan las cuencas internas de Cataluña, con unas reservas de tan solo el 25,7%. 

El segundo marzo más cálido y seco en lo que va de siglo

La delicada situación de las cuencas hidrográficas es un reflejo de la anomalía meteorológica en lo que llevamos de año. El mes de marzo, por ejemplo, fue especialmente seco, con un valor de precipitación media sobre la península de tan solo 21,2 mm, un 36% del valor normal para un mes. También fue el más cálido del siglo XXI, con una temperatura de 1,8 ºC por encima de la media para esta época del año, según los análisis la AEMET, lo que confirma la consolidación de la tendencia de sequía meteorológica iniciada en España desde finales de diciembre de 2022. 

ZONAS EN Alerta

La cuenca del Guadalquivir es una de las que más acusa esa falta de lluvia. Según los datos de la Confederación Hidrográfica de dicho río, se encuentra a un 24,8% de su capacidad, una pésima noticia para el sector agrícola y para las reservas naturales Doñana, en el punto de mira después de la polémica surgida a raíz de la proposición de ley de Regadíos que amenaza la salud del acuífero que nutre el humedal más grande de Europa, un reducto de biodiversidad que sustenta una gran variedad de ecosistemas acuáticos y terrestres que vuelve a estar amenazado 25 años después del desastre medioambiental de Aznalcóllar.

Mención aparte merece la delicada situación de las cuencas internas de Catalunya, donde la falta de agua está acabando con las reservas hídricas a un ritmo alarmante. El pantano de Susqueda, en la provincia de Girona, se encuentra al 38 % de su capacidad, un 22% menos que el año pasado, que también fue un año de bajas reservas.  Más dramática es la situación del pantano de Sau, en la comarca barcelonesa de Osona, el cual se encuentra a un 7% de capacidad, casi 9 puntos menos que en 2022. La escasez de precipitaciones se ha notado especialmente en zonas de la provincia de Barcelona, donde se han cosechado récords históricos. El Observatori Fabra de Barcelona informaba el pasado 23 de abril que en los últimos 365 días se habían acumulado sólo 273 litros de agua por metro cuadrado, un récord de escasez pluviométrica en los más de 100 años de registros de datos históricos cosechados por este observatorio meteorológico. 

Con estos indicadores, Catalunya ha decretado el estado de excepcionalidad en las comarcas afectadas por el sistema Ter-Llobregat, que abastece a gran parte del área metropolitana de Barcelona. De momento, las instituciones han reducido hasta un 40% el agua de uso agrícola se ha prohibido el llenado de piscinas particulares y el riego de jardines y zonas verdes. Pero si el agua no hace acto de presencia en el medio plazo, la Agència Catalana de l’Aigua no descarta empezar a imponer restricciones al consumo público. 

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