La COP28, que culmina en Dubái, ha sido un campo de batalla en el debate sobre los combustibles fósiles, destacando las profundas divisiones entre las naciones sobre cómo abordar el calentamiento global. La cumbre, que buscaba consolidar acciones contra el cambio climático, se ha visto empañada por desacuerdos significativos y críticas a su borrador inicial.

Un nuevo proyecto de acuerdo, reducido de 27 a 21 páginas, apenas menciona el petróleo, el gas natural y el carbón, y solo hace una mención de la captura de carbono. 

 

Un acuerdo poco ambicioso

El borrador presentado por la presidencia de la COP28, a fin de buscar un consenso, incentivaba a los estados a intensificar el desarrollo de tecnologías con bajas o nulas emisiones. Esto incluye, pero no se limita a, fuentes de energía renovable, energía nuclear, métodos de reducción y captura de emisiones, como la captura, uso y almacenamiento de carbono, y la producción de hidrógeno con mínimas emisiones de carbono. El objetivo es reemplazar de manera continua las tecnologías basadas en combustibles fósiles en los sistemas de energía.

Ahora, el recién acordado compromiso, surgido en las primeras horas del miércoles, representa una llamada más contundente que el propuesto en días anteriores, aunque todavía presenta ciertas lagunas que han generado descontento entre los críticos. Este acuerdo no incluye la mención explícita a la "eliminación progresiva" de los combustibles fósiles, demanda que más de cien naciones habían formulado previamente. En su lugar, el texto hace un llamamiento a "la transición hacia el abandono de los combustibles fósiles en los sistemas energéticos de manera justa, ordenada y equitativa, enfatizando la importancia de acelerar las acciones en esta década crucial".

El enfoque del cambio se orienta a que el planeta alcance la neutralidad de emisiones en 2050, alineándose con las directrices de la ciencia climática. Además, el acuerdo establece como meta que el mundo alcance su pico máximo de contaminación por carbono en 2025, con el objetivo de llegar al umbral acordado. Sin embargo, otorga cierta flexibilidad para que naciones específicas, como China, puedan alcanzar este punto máximo en un plazo más prolongado. Este aspecto es crucial, ya que reconoce las diferentes capacidades y circunstancias de las naciones, permitiendo un enfoque más personalizado en la lucha contra el cambio climático.

Todos los puntos que han causado polémica

La propuesta de acuerdo del COP28 ha generado descontento entre activistas y expertos, que critican que no se alinea con la ciencia, las demandas ecologistas ni la postura de la mayoría de países, y además señala que el borrador es una colección incoherente de promesas. 

El desacuerdo se centra en varios puntos clave. En primer lugar, el tema de los combustibles fósiles: el texto no refleja el compromiso de eliminar las energías contaminantes, mencionando solo una reducción condicional de su producción y consumo. 

Por otro lado, la mención al carbón propone reducir su uso sin tecnologías de captura de carbono, una mención más débil que la del acuerdo de Glasgow, en la COP26, en 2021, lo que representa un retroceso en la lucha contra los contaminantes. Además, el texto carece de un calendario claro y objetivos a corto plazo para limitar el calentamiento global a 1,5 grados, con la única meta concreta de reducir el uso de energía fósil para mediados de siglo, un horizonte considerado tardío por los expertos. 

También, el texto elude los compromisos financieros, sin detallar cómo los países desarrollados ayudarán a los del sur global en su transición energética ni cómo se financiarán las pérdidas y daños causados por el cambio climático. 

 

COP28 cubre clima
AP/Peter Dejong

Asistentes a la cumbre del cima COP28 observan el trabajo del artista Yiyun Kang en Dubái. 

Finalmente, la publicación tardía del borrador y el limitado tiempo para alcanzar un consenso han intensificado las negociaciones y el malestar, sin claridad sobre cuándo se alcanzará un acuerdo.

En resumen, la COP28 refleja las complejas dinámicas y los retos inherentes en la búsqueda de un consenso global sobre el cambio climático, especialmente en torno a la cuestión crítica de los combustibles fósiles. La cumbre demuestra que, aunque hay un reconocimiento general de la necesidad de actuar contra el cambio climático, las diferencias en los enfoques y prioridades nacionales siguen siendo un obstáculo significativo para lograr compromisos concretos y ambiciosos.

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