Werther y la moda del suicidio por amor

La publicación en 1774 de la novela de Goethe "Las penas del joven Werther" fue seguida por una oleada de suicidios de jóvenes de ambos sexos inspirados en su infortunado héroe

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El suicidio de Werther

En 1774, Wolfgang Goethe publicó Las penas del joven Werther, una novela que se convirtió en un gran éxito editorial pero que creó una gran polémica ya que su protagonista terminaba quitándose la vida al ser rechazado por su amada, Lotte. Varios casos de suicidios por amor a imitación del de la obra llevaron a su prohibición en algunos países. Esta placa autocroma de François-Charles Baude recrea la muerte del protagonista de la obra.

FOTO: Roger-Viollet / Aurimages

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Wolfgang von Goethe

Busto de yeso del autor alemán en sus años de madurez. Realizado hacia 1850 por Ernst Rietschel.

FOTO: AKG / Album

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Éxito comercial

Las penas del joven Werther conoció un éxito inmediato. En pocos meses se imprimieron tres ediciones de la novela. Entre sus ilustres lectores se contaba al entonces general Napoleón Bonaparte, que llevó el libro consigo en sus campañas en Egipto. En la imagen, la primera edición de la obra.

FOTO: AKG / Album

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La censura

En 1775, la ciudad de Leipzig promulgó un bando que prohibía la publicación de Werther, por considerar que el libro era "una incitación al suicidio" que podía "impresionar a las personas débiles y a las mujeres". Arriba, la prohibición difundida por el ayuntamiento de la ciudad.

FOTO: AKG / Album

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La verdadera Lotte

La protagonista de la novela, Lotte, tiene su inspiración en una mujer real, Charlotte Buff, de la que Goethe se quedó prendado nada más conocerla en 1772. Charlotte, comprometida con otro hombre, frenó los avances del escritor. Sobre estas líneas la casa natal de Charlotte Buff en Hesse.

FOTO: AKG / Album

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El suicdio de Thomas Chatterton

En 1770, el joven poeta Thomas Chatterton se suicidó en su buardilla de Londres a los 17 años cansado de las miserables condiciones en las que vivía. Chatterton, de mano de  Henry Wallis. 1856. Centro de Arte Británico de Yale, New Haven.

FOTO: Bridgeman / ACI

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La "fiebre" Werther

La novela se convirtió en una obra de culto y se pusieron a la venta numerosos objetos inspirados en ella: perfumes, porcelana o pinturas fueron algunos de ellos. En la imagen, un abanico decorado con una escena del libro.

FOTO: AKG / Album

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Retiro de madurez

Goethe nunca había imaginado la repercusión y las consecuencias que tendría su obra. En 1787, hizo una revisión de la misma en la que atribuía la decisión de Werther a una enfermedad anímica y hacía esta advertencia al lector: "sé un hombre y no sigas mi ejemplo". La imagen sobe estas líneas muestra la casa de Goethe en Weimar, donde residió desde 1782 hasta su muerte.

FOTO: Hans Szyszka / AGE Fotostock

01 muerte werther suicidio Goethe

Werther y la moda del suicidio por amor

Wetzlar, 30 de octubre de 1772. Un joven enamorado de una mujer casada, cuyo amor nunca podrá alcanzar, se suicida junto a su escritorio. Es Carl Wilhelm Jerusalem, secretario de la legación de Brunswick. Su muerte conmociona a las clases altas de la sociedad y muy en especial a un gran amigo suyo: Johann Wolfgang Goethe. También él es joven (tiene 23 años) y también él está enamorado de una mujer que ya está prometida a otro. Su nombre es Charlotte Buff, pero el mundo entero la conocerá por el que le va a dar el escritor y con el que pasará a la historia de la literatura: Lotte.

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En 1774, un año y medio después de la muerte de Jerusalem, el joven autor publicó la novela Las penas del joven Werther. El libro está formado por una serie de cartas que el protagonista, Werther, envía a su amigo Wilhelm, en las que le describe su amor por Lotte, una joven que se asemeja mucho a esa Charlotte Buff que para Goethe resultaba inalcanzable. Werther, por su parte, presenta muchas similitudes con Jerusalem y, como él, pone fin a su vida suicidándose con una pistola.

Historia trágica

En la novela, Werther es un joven de inclinaciones poéticas que se traslada al campo para hacer una cura de reposo. Allí conoce a una chica, Lotte, tan hermosa como sencilla de carácter, que cuida de sus hermanos pequeños tras la muerte de la madre. Werther de inmediato se enamora perdidamente de ella aun sabiendo que está comprometida con otro hombre, Albert. Werther pasa varios meses en compañía de ambos hasta que, desesperado, decide marcharse. Incapaz de olvidarla, vuelve años más tarde, cuando Albert y Lotte ya están casados. Inquieta por su matrimonio, Lotte termina pidiéndole que deje de visitarla. Tras una última entrevista en la que ambos no pueden contener la emoción, Werther toma la decisión fatal. Con el pretexto de que quiere hacer una salida, escribe a Albert para que le envíe dos pistolas. Lotte recibe el mensaje y le envía las armas, y Werther se dispara en la cabeza con una de ellas. A la mañana siguiente lo descubren moribundo junto a una carta de despedida para su amada. Consciente de que la Iglesia niega la tierra sagrada a los suicidas, pide que lo entierren cerca del camposanto, bajo dos tilos y con su traje puesto.

Werther es un joven de inclinaciones poéticas que se enamora perdidamente de Lotte durante una cura de reposo

La novela de Goethe tuvo un éxito sin precedentes. En los territorios alemanes, Weygand, su editor, tuvo que hacer tres reimpresiones más en 1775, y de inmediato llegaron las traducciones: al francés (1775), al inglés (1779) y luego al neerlandés, el sueco, el serbio, el ruso y el castellano (en 1803). La obra inspiró una auténtica moda popular. Los jóvenes se vestían con las ropas de Werther, que eran, en realidad, las que llevaba Jerusalem el día en que murió: chaqueta azul, chaleco amarillo y botas altas; las mujeres se perfumaban con Eau de Werther y en todos los hogares había baratijas o figuras de porcelana con las efigies de Werther y Lotte.

Pero el impacto más turbador que tuvo la novela fue la cadena de suicidios que se registraron en los años siguientes en Alemania y otros países de Europa, aparentemente inspirados en el héroe goethiano. Sin embargo, ya antes de la aparición de Werther el suicidio por amor se había convertido en un tema de actualidad. En 1770, la prensa se hizo eco del suicidio de dos amantes en las cercanías de Lyon: un maestro armero que padecía una enfermedad incurable se quitó la vida junto a su amada en el interior de una capilla. Se habían encadenado el uno al otro y cada cual había empuñado su pistola junto al corazón. Varios relatos recogieron el caso, no para reprobarlo, sino destacando la pasión de los amantes. Ese mismo año, otro suicida se convirtió en ídolo romántico: el poeta inglés Thomas Chatterton, que, reducido a vivir en condiciones de amarga pobreza, no pudo soportar más esa situación y se envenenó en su buhardilla a los 17 años.

El gran éxito de la novela de Goethe obligó a hacer tres reimpresiones en un año

La sociedad prerromántica de la época veía en todos los personajes, ya fueran reales o ficticios, una sensibilidad muy particular para el amor, de manera que sus contemporáneos convirtieron a estos jóvenes que morían en la más absoluta desesperación en unos héroes del sentimiento, en los que veían realizados sus sueños de amor, pasión y grandeza. Werther captó esta sensibilidad colectiva en el momento justo y de forma ejemplar. Por esta razón, la novela se convirtió rápidamente en un libro de culto para todos aquellos que sufrían por culpa de un amor imposible de alcanzar. Una fascinación que no fue sólo literaria, sino que propició, de modo más o menos directo, diversos suicidios por amor que pueden documentarse en los años inmediatamente posteriores a la publicación de esta obra.

Ola de suicidios

El primer caso registrado lo describe el escritor Friedrich Nicolai en una carta fechada el 17 de enero de 1775: "Una persona muy juiciosa, pero algo histérica, se ha envenenado tras haber leído Las penas de Werther y aún antes de morir confesó sin arrepentirse que ese libro le había determinado a ello. Detalles más íntimos, que no pueden decirse por respeto a la familia, hacen esta historia aún más conmovedora". La persona en cuestión no era otra que una joven inglesa que se suicidó en su cama y que tenía bajo su almohada la novela de Goethe. Otro conocido e critor, Georg Christoph Lichtenberg, menciona un nuevo caso en una carta fechada cuatro meses después, el 1 de mayo de ese mismo año: "Es cierto que un joven señor Von Lütichow se ha pegado un tiro sobre el libro".

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En una carta del 21 de marzo de 1777, Lucie Auguste Jensen informaba de otro caso sucedido en Kiel: "Han acontecido en nuestra academia diversas desgracias: el domingo pasado un joven llamado Karstens se pegó un tiro. Debía de ser de origen sueco, lo encontraron muerto en su habitación. Junto con algunos otros libros del estilo tenía abierta a su lado la historia de Werther; cargó la pistola con cuatro balas para no fallar, dejó algunas cartas en las que explicaba el gran parecido que tenía su historia con la del joven Werther, pues debía de estar enamorado de una mujer que estaba casada, y para ser exactamente igual que él ha querido imitarlo también en la muerte y en cada pequeño detalle; por ejemplo ha pedido que lo entierren vestido de arriba abajo y bajo dos árboles verdes".

Documentado en muchas fuentes está el suicidio de la joven Christel von Lassberg el 16 de enero de 1778. Carl August Bötiger anota que "se ha ahogado con Las penas de Werther en el bolsillo, porque su amado, un livonio, la había dejado plantada". Otro contemporáneo, Friedrich Wilhelm Riemer, ofrece más detalles: "Se ha encontrado en el río Ilm, bajo la presa, junto al puente del castillo, a una tal señorita Von Lassberg. Se había ahogado la noche anterior, no se sabe si por casualidad o por voluntad propia, aunque se dice que llevaba en el bolsillo Las penas de Werther para poder echarle la culpa a Goethe, aunque sea de manera indirecta". El propio Goethe, cerca de cuya casa había tenido lugar el suicidio, mencionó este caso tres veces en sus diarios y dejó clara la gran similitud entre la lectora y su protagonista.

Un libro "peligroso"

El capitán Gottlieb Georg Ernst von Arenswald había leído ciertos escritos esotéricos que lo habían alejado de la religión; además, había perdido toda su fortuna a causa de un engaño. Era también un ferviente lector de "libros peligrosos" como Las penas del joven Werther y otros dramas en los que los protagonistas ponían fin a su vida. Familiarizado, pues, con el suicidio, el 29 de septiembre de 1781 "se determinó a ello, se despidió de sus amigos en diversas cartas, ese mismo día dio un paseo con más gente, terminó de escribir sus cartas por la tarde, las selló e, inmediatamente después, cogió la pistola y se quitó la vida".

En las Cartas auténticas del capitán Von Arenswald, publicadas en 1782, se describe un suicidio "copiado" del de Werther: también Arenswald pasa su última tarde ante el escritorio, redactando sus últimas epístolas, ordena sus papeles y arregla sus asuntos; es también su criado quien lo encuentra a la mañana siguiente vestido con su uniforme y la pistola a sus pies. En su carta de despedida usa las mismas palabras que Werther: "¡La hora decisiva ha llegado! Las pistolas están cargadas".

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El editor de estas cartas menciona en el texto otro caso muy similar al de Arenswald sin dar más detalles de la persona, el momento o el lugar: "Un joven [...] de buena casa y mejor educación, se quitó la vida porque su amada se había casado con otro. Lo hallaron en medio de un charco de sangre y Las penas del joven Werther estaban abiertas sobre la mesa".

Más muertes

El siguiente caso apareció recogido en una revista de 1785 con el título de "Un nuevo Werther". En ella se describe la "triste historia de L...", cuyo suicidio había causado sensación. Antes de quitarse la vida "se había afeitado, puesto ropas limpias y había vuelto a hacerse la trenza". Por la noche se encerró en un cuarto en el que sabía que lo encontrarían al día siguiente y un sirviente "al abrir la puerta apenas un palmo, vio a L... completamente vestido con los cabellos al aire y blanco como la tiza [...]. Sobre su mesa estaba el Werther abierto por la página 218, en la que se lee: 'Son las doce [...] están cargadas', etcétera".

Los episodios de suicidas cuyos cuerpos fueron encontrados junto al libro abierto por su página final proliferaron por diferentes países

Episodios similares se dieron también fuera de Alemania. Por ejemplo, en 1784 el Gentleman’s Magazine relataba el suicidio de una tal Miss Glovet en Londres: "Se encontró Las penas del joven Werther bajo su almohada, una circunstancia que debe ser conocida a fin de erradicar en lo posible la maligna influencia de esa obra perniciosa". Este último comentario es revelador de la preocupación que surgió entre las autoridades por los efectos nocivos que podía acarrear la lectura de la novela de Goethe o de las que enseguida se publicaron con una trama similar, como la anónima Las penas de la joven Fanni, o The Power of Sympathy, de William Hill Brown, cuyo protagonista, Harrington, pone fin a su vida pegándose un tiro: al lado del cadáver ensangrentado se descubren una carta y un ejemplar de Las penas del joven Werther.

La censura actúa

Algunos Estados alemanes decidieron intervenir. La autoridad censora de Leipzig, en el Principado de Sajonia, prohibió la venta de Werther al año siguiente de su publicación bajo multa de diez táleros, y los 28 libreros de la ciudad aceptaron con su firma esa prohibición. En 1776, la novela fue también víctima de la censura austríaca y danesa. En España, las autoridades eclesiásticas católicas consideraron la novela como una "licenciosa elegía del adulterio" y proclive al erotismo, y fue incluida enseguida en el Índice de libros prohibidos del Santo Oficio. Goethe, que nunca había imaginado que su obra tendría este efecto, publicó en 1787 una segunda versión en la que introdujo pasajes donde describía la decisión de Werther como consecuencia de una enfermedad anímica, y en la que añadió una advertencia para todos aquellos que pasaban por lo mismo que su joven protagonista: "Sé un hombre y no sigas mi ejemplo". No sabía que, con su exaltación de los sentimientos, Werther había dado el pistoletazo de salida al poderoso movimiento del Romanticismo alemán.

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Para saber más

Goethe. La vida como obra de arte. R. Safranski. Tusquets, Barcelona, 2015.

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