La rebelión de los bóxers, un momento clave en la historia de China

El 20 de junio de 1900, los bóxers, una organización secreta que luchaba contra la influencia de los extranjeros en China, asaltó la embajada alemana en Pekín y mató a su embajador. Esto fue el detonante de un período de violencia que culminó con la ocupación de la capital por las potencias extranjeras y la firma de un tratado humillante para China

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Aguerridos luchadores

Los soldados bóxers, también conocidos como "puños de justicia", crearon una sociedad secreta que se convirtió en un símbolo del descontento de la sociedad china frente a la intervención política y económica de las potencias extranjeras. La rebelión fue cosechando cada vez más adeptos, no solo en las clases bajas sino también en la nobleza

Foto: CC

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El 'casus belli'

El sentimiento xenófobo contra la influencia europea y japonesa estaba muy extendido y encontraba su origen en las guerras del Opio (1839-1842 y 1856-1860) y en la guerra chino japonesa. Tras el atentado perpetrado por los bóxers contra el embajador alemán Clemens August von Ketteler, asesinado de un disparo, las potencias extranjeras enviaron sus tropas organizadas en la llamada Alianza de las Ocho Naciones. 

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¿Visión de estado?

La emperatriz Cixí era la madre adoptiva del emperador durante este periodo de alta tensión provocado por la rebelión de los bóxers. Enseguida, Cixí vio la oportunidad de aprovechar el arrojo de los bóxers como herramienta para luchar contra la injerencia extranjera que gran parte de la nobleza despreciaba. Además, era también un modo de asegurarse la pervivencia de su poder político. 

Foto: AKG / Album

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El fin de la rebelión

Tras un verano extremadamente caliente en todos los sentidos, los ejércitos de la Alianza de las Ocho Naciones neutralizaron el asedio a las embajadas y avanzaron hasta Pekín, donde culminaron la ocupación. Las hostilidades terminaron finalmente el 7 de septiembre de de 1901, cuando la emperatriz Cixí accedió a firmar el Tratado de Xinchou o "Protocolo Bóxer". 

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soldados boxers 1900

La rebelión de los bóxers, un momento clave en la historia de China

La rebelión de los bóxers fue la culminación del descontento chino frente las injerencias económicas y políticas de las potencias extranjeras, sobre todo europeas y Japón. Este sentimiento contra los extranjeros se originó durante las guerras del opio, que enfrentaron a China contra Gran Bretaña (1839-1842 y 1856-1860), y durante la primera guerra chino japonesa, que tuvo lugar entre 1894 y 1895. En este contexto de violencia, el 20 de junio de 1900 la embajada alemana fue asaltada y el embajador Clemens August von Ketteler, asesinado de un disparo.

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Los bóxers –conocidos como "puños de justicia"– constituían una sociedad secreta que se fundó a finales del siglo XIX debido al surgimiento de un fuerte sentimiento xenófobo en China. Aunque oficialmente eran proscritos y operaban al margen de la ley, había miembros de la corte, como es el caso de la emperatriz Cixí, que veían en ellos un instrumento para terminar con el dominio extranjero en el país. De esta forma, los bóxers se vieron legitimados para comenzar a actuar. Sus actividades subversivas empezaron en 1899 y su objetivo era eliminar cualquier rastro de presencia extranjera en China.

Lucha contra el extranjero

Coincidiendo con la Reforma de los Cien Días, con la que el emperador Guangxu pretendía modernizar la administración, los bóxers –al igual que la emperatriz Cixí, madre adoptiva y tía del emperador– se opusieron a tales cambios. Tras una primera derrota de los bóxers a manos del ejército chino, éstos se vieron obligados a jurar lealtad a la autoridad imperial, aunque en realidad lo hacían a la emperatriz Cixí, que decidió utilizarlos en beneficio propio para erradicar la implantación de las ideas reformadoras del emperador y asegurar así su propio poder político.

En junio de 1900 la situación se recrudeció y los bóxers, a los que se habían unido soldados imperiales, atacaron intereses occidentales en Tianjin y Pekín. Las embajadas de la capital pronto se convirtieron en objetivos y, a pesar de que estaban bien protegidas, la embajada alemana fue asaltada y su embajador asesinado. Este hecho se convirtió en el detonante para que todas las potencias extranjeras se unieran y declararan la guerra a China, a lo que la emperatriz Cixí respondió recrudeciendo las hostilidades.

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Los principales afectados por la contienda fueron los cristianos de origen chino. Aun siendo numerosos, la prensa internacional no les dio voz, y al no poder huir a ninguna parte fueron objeto de violaciones, torturas y asesinatos. Por contra, la prensa internacional sí se ocupó de describir con todo lujo de detalles los ataques violentos y las atrocidades cometidas contra los extranjeros residentes en China –aunque muchos de ellos fueron enormemente exagerados–, lo que provocó un amplio sentimiento antichino en Estados Unidos, Europa y Japón. A pesar de contar con un poderoso ejército, los bóxers, sin embargo, no lograron superar las defensas del recinto diplomático y en agosto de 1900, el asedio a las embajadas fue neutralizado por las tropas enviadas por la llamada Alianza de las Ocho Naciones, suscrita por los gobiernos de Alemania, Austria-Hungria, Estados Unidos, Francia, Italia, Japón, Reino Unido y Rusia.

La prensa occidental describió, y también magnificó, los ataques contra los extranjeros en China, lo que provocó un amplio sentimiento antichino en Occidente

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Al rescate de las embajadas

El 3 de julio de 1900, el ejército de la coalición al mando del general británico Alfred Gaselee había desembarcado cerca de Tianjin y sitiado la ciudad, que cayo el 14 de julio. Tras asegurar la zona, el 4 de agosto pusieron rumbo hacía Pekín. El viaje fue duro y penoso, y los soldados tuvieron que soportar temperaturas de 43 grados, el mal tiempo y una humedad extrema. Por fin, el 14 de agosto el ejército de la coalición llegó a la capital, donde frustró el asedio a las embajadas y se desplegó para ocupar la ciudad. Tras ello, las tropas extranjeras se entregaron al saqueo, la destrucción, los asesinatos y las violaciones. La propia Ciudad Prohibida y otras dependencias imperiales fueron saqueadas, llegando a sacrificarse a los animales de los Jardines Imperiales para servir de alimento a las tropas.

El ejército de la coalición extranjera frustró el asedio a las embajadas y ocupó Pekín. La Ciudad Prohibida fue saqueada

Las hostilidades terminaron finalmente el 7 de septiembre de de 1901, cuando la emperatriz Cixí accedió a firmar el Tratado de Xinchou o "Protocolo Bóxer", un nuevo tratado desigual con los gobiernos de Alemania, Austria-Hungría, Bélgica, Francia, Estados Unidos, España, Reino Unido, Italia, Japón, Países Bajos y Rusia, que se negoció en la legación española de Pekín bajo la dirección del ministro plenipotenciario Bernado Cólogan. A pesar de su dureza, el tratado permitió a la dinastía Qing continuar manteniendo el poder.

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