Narciso Monturiol, pionero de la navegación submarina

El 10 de septiembre de 1885, el diario 'La Vanguardia' anunciaba la muerte del genial inventor Narciso Monturiol (Narcís, en catalán) acaecida el 6 de ese mismo mes en la pobreza más absoluta y el anonimato. Moría un hombre que dedicó su vida a la ciencia, uno de los pioneros de la navegación submarina en España y en todo el mundo.

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Narciso Monturiol y Estarriol nació el 28 de septiembre de 1819 en Figueres, Gerona.

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Narciso Monturiol y Estarriol nació el 28 de septiembre de 1819 en Figueres, Gerona.

Foto: Gtres

Dibujo que explicaba el funcionamiento del dispositivo de navegación submarina Ictíneo, inventado por el ingeniero Narciso Monturiol.

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Dibujo que explicaba el funcionamiento del dispositivo de navegación submarina Ictíneo, inventado por el ingeniero Narciso Monturiol.

Foto: AgeFotostock

Réplica del submarino pionero Ictíneo I delante del Museo Marítimo de Barcelona.

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Réplica del submarino pionero Ictíneo I delante del Museo Marítimo de Barcelona.

Foto: AgeFotostock

Narciso Monturiol y Estarriol nació el 28 de septiembre de 1819 en Figueres, Gerona.

Narciso Monturiol, pionero de la navegación submarina

La polémica sobre quien fue el inventor del submarino siempre acompañó a las figuras de Monturiol e Isaac Peral. Sin embargo, la grandeza de estos dos pioneros españoles queda reflejada en una carta que envió Isaac Peral el 18 de febrero de 1889 al presidente del Club de Regatas de Barcelona: "Ya que no le fue dado a aquel insigne patricio (refieriéndose a Monturiol) recoger en vida el fruto de sus afanes, a los que sacrificó salud y bienestar, justo es que la actual generación subsane aquel olvido; por mi parte, haré con este objeto cuanto humanamente pueda, empezando por rendir a su genio el tributo de admiración a que es tan acreedor".

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Un inventor genial

Hombre polifacético y dotado de una explosiva genialidad –estudió Medicina y Derecho y sobresalió en Ciencia–, Narciso Monturiol y Estarriol nació el 28 de septiembre de 1819 en la localidad gerundense de Figueres. A pesar de que su familia pensaba que seguiría la carrera eclesiástica, el joven decidió cursar medicina, pero influenciado por su gran amigo Sebastià Gibert, al final se decantó por estudiar leyes, aunque se desconoce si terminó los estudios.

Otra de las pasiones del joven Monturiol fue la política. Formó parte del movimiento icariano, una utopía basada en principios comunistas. Monturiol se interesó por el socialismo utópico, y en particular por las ideas de Étienne Cabet, un filósofo, teórico y político francés, con quien Monturiol mantuvo correspondencia; junto con Abdón Terradas, Anselmo Clavé y Ceferino Tresserra se convirtió en uno de los principales representantes de la corriente cabetiana en España. En 1846 se casó con Emilia Mata, y tras aprender tipografía fundó una imprenta desde la que divulgó los ideales icarianos, en particular a través de la revista La Fraternidad, que se convirtió en la primera publicación periódica comunista española.

En sus páginas publicó una traducción al español de la novela de Cabet Voyage et aventures de lord William Carisdall en Icarie y El Viaje a la Icaria. Junto a su amigo Francisco José Orellana, Monturiol, impulsó la creación de una comunidad cabetiana en Barcelona, con el nombre de Icaria. En 1846, Monturiol fundó la revista La Madre de Familia, desde la que difundió los aspectos más conservadores del comunismo igualitario de Cabet. Junto a Juan Landa, coeditó la serie Hombres y mujeres célebres de todos los tiempos. Finalmente, su amistad con Ildefonso Cerdá le llevaría a afiliarse al Partido Republicano y a ejercer de redactor de el periódico El Republicano.

Monturiol impulsó la creación de una comunidad cabetiana en Barcelona, con el nombre de Icaria

Exilio y primeras pruebas

Monturiol se retiró a Cadaqués , donde empezó a ganarse la vida como pintor. En esta población marinera se apercibió de lo peligroso que era el trabajo de los recolectores de coral, y empezó a meditar sobre la posibilidad de poder navegar bajo el mar. Cuando volvió a Barcelona, en septiembre de 1857, organizó, con sus amigos ampurdaneses, la primera sociedad comercial de España dedicada a la explotación de este tipo de navegación con el nombre de Monturiol, Font, Altadill y Cía.

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En 1858, Monturiol publicó sus estudios en el tratado El Ictíneo o barco pez. Al año siguiente, con lo que recaudaron sus amigos, construyó el Ictíneo y lo probó en las aguas del puerto de Barcelona. Esta primera nave experimental tenía unas hélices accionadas a mano por doce tripulantes y con ella realizó más de 50 inmersiones en Barcelona y Alicante. El entusiasmo popular y el favor de la prensa obligaron al gobierno de Isabel II a prometer ayudas oficiales para el invento. Personajes tan influyentes como el catedrático de anatomía, filósofo y escritor José de Letamendi o el general y senador Domingo Dulce dieron su visto bueno al artefacto. En 1861, tras una prueba en presencia de autoridades políticas y militares, Leopoldo O’Donnell, presidente del Consejo de Ministros, mostró su entusiasmo respecto a las posibilidades bélicas del submarino.

En 1859, Monturiol construyó el Ictíneo y lo probó en las aguas del puerto de Barcelona

Monturiol dedicó también un tratado a los submarinos de guerra, aunque sus esfuerzos iban dirigidos a conseguir una nave civil que facilitara el trabajo y rescate de los marineros, así como la investigación y exploración submarina. Pero la industria armamentística parecía tímidamente interesada en desarrollar un navío submarino, ya que, hasta principios del siglo XX, se consideró una forma indigna de combatir. Al final, las ayudas oficiales no llegaron y los diputados catalanes se dirigieron al Gobierno sin resultados. El propio inventor publicó una súplica dramática y un tanto ingenua en la prensa de la época. Se formaron juntas técnicas en las cuatro provincias catalanas y se abrió una suscripción popular. En 1864 se fundó la empresa La Navegación Submarina, con los socios Monturiol, Font, Altadill y Compañía, y se comenzó la construcción del Ictíneo II. Hasta 1867 se estuvieron realizando pruebas a 50 metros de profundidad, en las que el submarino permaneció cinco horas sumergido; incluso se hicieron pruebas de tiro con un cañón giratorio inventado por el propio Monturiol.

A pesar del éxito, al final ni la Armada Española ni el Gobierno se interesaron por el submarino. La poca capacidad de negocio del inventor y las presiones de algunas cancillerías extranjeras, que no veían con buenos ojos que España se adelantara en el desarrollo de un arma de este tipo, terminaron por arrinconar el invento.

A pesar del éxito de las pruebas, ni la Armada y el Gobierno se interesaron por el invento de Monturiol, que al final fue arrinconado

Fracaso y muerte

Pese a los reveses y las penurias económicas, el carácter idealista y emprendedor de Monturiol no se vio afectado. El inventor siguió escribiendo memorias –hasta nueve– sobre el submarino y trabajando en inventos como un tranvía funicular, un velógrafo (aparato destinado a la obtención de copias de un original escrito o dibujado) o una máquina para rellenar cigarros.

Cuando se proclamó la Primera República en 1873, Monturiol fue elegido diputado a Cortes y sus amigos tuvieron que recabar fondos para costear su viaje y estancia en Madrid. Aquel mismo año fue nombrado director de la Fábrica Nacional del Sello e inventó un sistema para mejorar la fabricación del papel engomado. Con la caída de la República en 1874, Monturiol perdió el cargo y volvió a Barcelona, donde siguió publicando periódicos, trabajando sobre un proyecto para traer a la ciudad las aguas del río Ter y en un procedimiento para conservar la carne.

A pesar de ser una fuente inagotable de ideas, Monturiol murió el 6 de septiembre de 1885 pobre e ignorado. Sus últimos años los pasó buscando un editor para publicar su última memoria: Ensayo sobre el arte de navegar por debajo del agua, la cual se publicó póstumamente en 1891. Al final, los ictíneos fueron embargados y vendidos como chatarra. El genial inventor fue enterrado en el cementerio de Pueblo Nuevo de Barcelona en un humilde nicho al que, muchos años más tarde, se añadiría una lápida que glosaba sus proezas: "Aquí yace don Narciso Monturiol, inventor del Ictíneo, primer buque submarino, que navegó por el fondo del mar en aguas de Barcelona y Alicante en 1859, 1860, 1861 y 1862". No fue hasta 1972 cuando sus restos fueron trasladados a su ciudad natal, y las estatuas y los honores llegaron, como por desgracia ocurre a menudo, tarde.

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