Goebbels, el temido ministro de Propaganda de Hitler

El 1 de mayo de 1945, Joseph Goebbels, ministro de Propaganda del tercer Reich, se suicidaba junto con su esposa y sus seis hijos en el búnker de Berlín. Con su muerte y la de Adolf Hitler, el partido Nazi tocaba a su fin

Joseph Goebbels fue ministro de Propaganda hasta su suicidio en Berlín

Joseph Goebbels fue ministro de Propaganda hasta su suicidio en Berlín

foto: iStock

Joseph Goebbels fue ministro de Propaganda hasta su suicidio en Berlín

Un día después de que Adolf Hitler se suicidara para no ser apresado, condenado, vejado y probablemente torturado, Joseph Paul Goebbels, el temido ministro de propaganda del Reich, hizo lo propio en el búnker de Berlín. Ocurrió exactamente el 1 de mayo de 1945, pocos meses antes del final de la Segunda Guerra Mundial, y con él murió un hombre al que sus adversarios políticos consideraron siempre un peligroso demagogo y un agitador de masas.

Durante su infancia, Goebbels sufrió una poliomelitis por la que tuvo que someterse a una intervención quirúrgica a los diez años, lo que le provocó una parálisis parcial en una pierna y le obligó a llevar una prótesis y unos zapatos especiales, lo que le impediría participar en la Primera Guerra Mundial. De este modo, su niñez y adolescencia estuvieron marcadas por los complejos causados por su enfermedad y por su cojera permanente. Hasta tal punto llegó a marcarle su mala salud, que Goebbels afirmó amargamente que se había convertido en un "lobo solitario", aunque esta soledad no le impidió tener numerosas amantes a lo largo de su vida.

Ascenso en el partido Nazi

Considerado un maestro de la manipulación, Goebbels aprovechó su infancia y su juventud para leer y formarse. Impulsado por un enfermizo narcisismo, necesitado de un constante reconocimiento dentro del movimiento nacionalsocialista (al que se había unido en la década de 1920) y dotado de una oratoria fluida y convincente, fue capaz de encandilar a todos los que le escuchaban con sus discursos cada vez más virulentos y racistas.

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Goebbels encandilaba a todos los que le escuchaban con sus discursos virulentos y racistas

En 1926, el Partido Nacionalsolcialista Obrero Alemán le nombró líder del partido en Berlín. Con el populismo de sus discursos explotaba los miedos de la sociedad alemana, expandiendo el odio hacia lo extranjero y haciendo creer a todos que sólo una persona podía salvarles del desastre y la humillación que había significado la firma del Tratado de Versalles, que marcó el fin de la Primera Guerra Mundial. Ese salvador no era otro que Adolf Hitler. De este modo, y con un país a las puertas de una crisis sin parangón, se empezaron a dar los primeros pasos para que el Partido Nazi tomara las riendas.

Flamante ministro de Propaganda

Ya con Hitler en el poder, Goebbels fue nombrado ministro de Propaganda y de Información, cargo con el que se mantuvo fiel a las políticas que había propugnado en el NSDP (Partido Nacionalsolcialista Obrero Alemán). Fue en 1930, en un mitin, cuando Goebbels conoció a Johanna Maria Magdalena Behrend, una mujer divorciada que se había unido al partido unos meses antes, y con la que se casaría el 19 de diciembre de 1931 (el propio Adolf Hitler fue su padrino de bodas). La pareja tuvo seis hijos –unos años después, los pequeños serían víctimas de la terrible decisión sobre sus vidas que tomó su madre, Magdalena Goebbels, una decisión por la que sería tristemente recordada–.

En 1931, Goebbels se casó con Maria Magdalena Behrend, una fanática nazi con la que tuvo seis hijos

Durante el transcurso de la Segunda Guerra Mundial, el papel que tuvo el ministerio de Goebbels fue centralizar el control de la vida cultural e intelectual de Alemania, haciendo hincapié en la radio. A través de este medio –sin el cual el sistema hubiera carecido de apoyo popular y no hubiera podido mantener su férreo control contra la propaganda antinazi– mantuvo la maquinaria propagandistica del Tercer Reich engrasada y activa.

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Tal era la fe del pueblo alemán en las palabras de Goebbels, que en los últimos días de la contienda, cuando la derrota del ejercito alemán ya era inminente, el ministro hizo creer a la gente a través de enfervorecidos mensajes radiados que la victoria aún era posible. En 1943, Goebbels pronunció su discurso más largo y famoso de la historia del Nacionalsocialismo, en el que llamó a los ciudadanos a una guerra total y a "soportar valientemente la batalla para alcanzar la grandeza".

Un final de tragedia

En 1945, con el ejercito ruso y los aliados a las puertas de Berlin, Goebbels encerrado con su familia en el búnker de Hitler, discutió con el Führer la posibilidad de negociar la paz, una idea que el líder nazi rechazó de plano, respondiendo que tenía intención de permanecer en el búnker hasta el final, y que, junto con su esposa, Eva Braun, había planeado suicidarse si los soviéticos entraban en la ciudad.

Mientras, Magdalena Goebbels, que era una ferviente y fanática seguidora de Adolf Hitler, se hallaba sumida en una profunda depresión, a la que se unía una dolorosa neuralgia que le dejó la mitad del rostro paralizado. Así, la esposa del ministro de Propaganda tomó una terrible decisión: acabar con la vida de sus hijos, preveyendo el final que les esperaba tras la caída de Berlín. "Es mejor que mis hijos mueran a que vivan en la vergüenza y el oprobio", comentó Magdalena a la secretaria del Führer antes de administrarles a cada uno de ellos el cianuro que acabaría con sus vidas. Posteriormente, y tal y como el intrigante ministro de Propaganda del caído Reich había previsto, un oficial de las SS disparó al matrimonio Goebbels un tiro en la nuca y luego procedió a quemar sus cadáveres para sustraerlos a la furia de los invasores soviéticos.

"Es mejor que mis hijos mueran a que vivan en la vergüenza y el oprobio", dijo Magdalena Goebbels para justificar el asesinato con cianuro de sus seis hijos

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