El misterio de las momias guanches

Los antiguos pobladores de Tenerife, los guanches, momificaron a sus difuntos con diversas técnicas muy sofisticadas y los enterraron en recónditas cuevas acompañados de un ajuar funerario necesario para la vida eterna

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Estudio de las momias guanches

Jens Klocke, experto en momias, examina una momia guanche en el Museo Roemer-Pelizaeus, en Hildesheim, Alemania, en diciembre de 2015.

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El origen de los guanches de las Islas Canarias

Según un estudio científico realizado en 2017 los guanches de las Islas Canarias procedían del norte de África.

Foto: AP

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Momia guanche en Madrid

La momia guanche del Barranco de Herques, hallada en 1776 al oeste de Tenerife, pertenece a la colección permanente del Museo Arqueológico Nacional (MAN) en Madrid.

Foto: Ángel Martínez Levas / MAN

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Un hombre guanche de menos de 40 años

La momia guanche del Museo Arqueológico Nacional está datada entre los siglos XI y XIII y corresponde a un hombre adulto de entre 35 y 40 años de edad y de 1,60 metros de altura.

Foto: Ángel Martínez Levas / MAN

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Técnicas de momificación

Cómo conocieron los guanches estas sofisticadas técnicas de momificación continúa siendo un misterio para los investigadores.

Foto: Wolfgang Sauber

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El misterio de las momias guanches

Cuando escuchamos la palabra "momia", lo primero que nos viene a la cabeza es una misteriosa tumba egipcia repleta de sinuosos pasadizos secretos en cuyo interior se ocultan, para toda la eternidad, un montón de momias que descansan en sus decorados sarcófagos, rodeadas de impresionantes tesoros. Pero los egipcios no fueron los únicos que momificaron a sus difuntos para ayudarles a alcanzar la vida eterna.

Técnicas sofisticadas de momificación

Tras la conquista española de las islas Canarias, hubo un hecho que llamó poderosamente la atención de los primeros españoles que se asentaron en las islas, concretamente en Tenerife: las costumbres funerarias de los guanches, la población indígena local, de origen beréber, que momificaban a sus muertos usando técnicas muy sofisticadas. Alfonso de Espinosa, un religioso que observó el fenómeno, dejo constancia de ello por escrito: "Los naturales de esta isla, piadosos para con sus difuntos, tenían la costumbre que, cuando moría alguno dellos, llamaban ciertos hombres (si era varón el difunto) o mujeres (si era mujer) que tenían esto por oficio y desto vivían y se sustentaban, los cuales, tomando el cuerpo del difunto, después de lavado, echábanle por la boca ciertas confecciones hechas de manteca de ganado derretida, polvos de brezo y de piedra tosca, cáscara de pino y de otras no sé qué yerbas, y embutíanle con esto cada día, poniéndolo al solo, cuando de un lado, cuando de otro, por espacio de quince días, hasta que quedaba seco y mirlado, que llamaban xaxo". Al parecer, la momificación la llevaban a cabo los llamados achicasnai, la casta más baja de la sociedad guanche, que estaba compuesta por curtidores y matarifes.

Según algunas descripciones, al difunto "después de lavado, echábanle por la boca ciertas confecciones hechas de manteca de ganado derretida, polvos de brezo y de piedra tosca, cáscara de pino y hierbas..."

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Según los actuales estudios por radiocarbono realizados a las pocas momias guanches que sobreviven, al parecer, la momificación se llevó a cabo en Tenerife entre los años 400 y 1400 d.C. Los difuntos se enterraban en cuevas, envueltos en pieles de cabra y atados a planchas de madera. Se han documentado algunos cadáveres que presentaban evisceración y otros que no. La evisceración se practicaba a través de varias hendiduras –en hombros, cuello, pecho y abdomen–; luego, los cadáveres se rellenaban con arena, pinaza, gofio, corteza de árbol y otras sustancias. La sequedad ambiental de la que gozaban las cuevas funerarias hacía el resto. Junto a la momia se disponía un pequeño ajuar funerario para su vida en el Más Allá.

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Expolio y destrucción

Los textos escritos por los pobladores españoles de las islas hablan de visitas a cuevas funerarias, algunas de las cuales contenían, según las estimaciones, hasta mil cuerpos. Pero los numerosos expolios que se han sucedido a lo largo de los siglos han hecho disminuir drásticamente la cifra de momias guanches conservadas. En 1933 tuvo lugar uno de estos expolios. Un pastor descubrió casualmente una cueva llena de momias, y una vez conocida la noticia, miles de personas se presentaron en el lugar y destrozaron los setenta cuerpos que allí había enterrados para llevarse todo tipo de huesos, como si de reliquias se tratara.

En 1933, durante un expolio a una cueva llena de momias, la gente se llevó todo tipo de huesos como si de reliquias se tratara

Hoy en día podemos ver momias guanches en el Museo de la Naturaleza y el Hombre de Tenerife. Algunas de ellas, como las momias de Necochea, fueron expoliadas y acabaron en Argentina hasta 2003, año en que fueron devueltas. Entre estos cuerpos destacan el de una joven de 20 años y un hombre de 25, envueltos en sudarios de cuero confeccionados con precisas costuras. Otra momia que puede verse en el museo y que está muy bien conservada es la momia de San Andrés, un hombre de unos 30 años que se descubrió en una cueva colocado sobre una tabla de madera y que conservaba su ajuar funerario.

Modernas técnicas de estudio

También el Museo Arqueológico Nacional de Madrid conserva una momia guanche en magnífico estado de conservación. Es la conocida como momia del Barranco de Herques, que tras ser regalada al rey Carlos III en el siglo XVIII, pasó al Real Gabinete de Historia Natural, de donde fue llevada al Museo Nacional de Antropología. El largo viaje de la momia del Barranco de Herques acabó en 2015, cuando fue trasladada al Museo Arqueológico Nacional, donde hoy puede verse en la sala dedicada a la Prehistoria canaria.

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Esta momia ha sido recientemente estudiada en el marco del proyecto Los secretos de las momias del MAN, junto a tres momias egipcias que también se conservan en la institución. Gracias a estas investigaciones se ha descubierto que la momia del Barranco de Herques pertenece a un hombre de entre 35 y 40 años, de 1,60 m de altura y que, además de disfrutar de una dentadura en perfecto estado, había llevado una alimentación equilibrada y no había realizado actividades que hubiesen desgastado su estado físico. El TAC realizado a la momia mostró asimismo que mantenía las vísceras en su interior.

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No hay duda de que con los modernos avances científicos, las momias guanches van a proporcionar mucha información sobre los rituales religiosos y la vida cotidiana de los antiguos isleños, pero comprender cómo aprendieron estas sofisticadas técnicas de momificación continúa siendo, por ahora, un reto para los investigadores.

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