Luis Candelas, el bandolero que se convirtió en leyenda

La muerte de Luis Candelas el 6 de noviembre de 1837 ponía fin a las actividades del bandolero más famoso de Madrid, que cometió todos sus asaltos sin quitar la vida a ninguna de sus víctimas y se convirtió en protagonista de coplas y versos populares.

Luis Candelas en blanco y negro

Luis Candelas en blanco y negro

Foto: iStock

Luis candelas

El 6 de noviembre de 1837 se ponía fin a la vida del bandolero más famoso y más buscado del Madrid en el siglo XIX. Condenado a la pena capital, tan sólo aplicada a los criminales considerados más peligrosos, Luis Candelas Cajigal fue ejecutado con el garrote vil cuando contaba 32 años de edad, en un patíbulo instalado cerca de la puerta de Toledo.

Según cuenta la tradición popular sus últimas palabras fueron: "He sido pecador como hombre, pero nunca se mancharon mis manos con sangre de mis semejantes. Adiós patria mía. Sé feliz".

Un "dandy" convertido en bandolero

Luis Candelas nació en una carpintería de la calle del Calvario el 9 de febrero de 1804. Fue el tercer hijo de un matrimonio que vivía sin agobios económicos y pudo ofrecer a su hijo una esmerada educación en el colegio de San Isidro. Fue precisamente aquí donde Luis formó su primera banda, de la que formó parte Francisco Villena, más conocido como Paco el Sastre –que años después pertenecería a su cuadrilla de bandoleros–. Al final, tras provocar numerosas peleas, Luis fue expulsado de la escuela cuando un clérigo le dio una bofetada y él respondió dándole dos. En estos año, el bandolerismo proliferaba en todo el país, con bandas legendarias como las de José María "el Tempranillo", Juan Caballero y José Ruiz Permana. A pesar de su expulsión, Luis no perdió las ganas de aprender y leía cualquier libro que cayese en sus manos. Ya desde muy joven, a Luis le gustaba vestir bien y mostraba buenos modales cuando quería, lo que no fue óbice para que a los quince años perpetrara su primer robo y fuera encarcelado por deambular por la plaza de Santa Ana a altas horas de la madrugada. Tras la muerte de su padre, Luis intentó replantearse su vida y empezó a trabajar como librero, pero el cambio no cuajó, ya que fue condenado a seis años de prisión por robar dos caballos y una mula.

A pesar de que Candelas fue expulsado de la escuela por propinar dos bofetadas a un clérigo, el bandolero no dejó en ningún momento de leer y aprender

En su primera época de delincuente, entre 1823 y 1830, Luis Candelas se dedicó a conquistar mujeres y vivir a costa de ellas, comportándose como un Don Juan. Era moreno, bien parecido, con una buena dentadura, anchas patillas y flequillo bajo el pañuelo, iba bien afeitado y vestía sombrero calañés, faja roja, capa negra, calzón de pana y buen calzado.

Se tiene constancia de que Luis tuvo tres amores que marcaron su vida: Manuela Sánchez, una viuda de 23 años que también había pasado por la cárcel; Lola "la naranjera" que a la vez era la amante del rey Fernando VII, y la mujer que acabaría causando su perdición, Clara, una muchacha de clase media y familia trabajadora.

Un "espadista" muy popular

Luis Candelas se hizo tan popular que el pueblo, e incluso algún agente de la autoridad, le ayudaban en sus fechoría. Era tal su fama que hasta una copla de la época ensalzaba la popularidad que había adquirido, sobre todo entre las féminas: "Con la puerta abierta y toda la noche en vela, a ver si me roba Luis Candelas. Todo Madrid espera para prenderte, y yo sólo espero para quererte".

Su fama alcanzó a varios estamentos de la sociedad, incluso a las fuerzas de la ley, pero por encima de todo fue popular entre las féminas

Sin embargo no se trataba de un delincuente común. Fue conocido como el "espadista", porque utilizaba una ganzúa para acceder a las casas que asaltaba. Preparaba meticulosa y astutamente sus asaltos. Siempre salía airoso de los enredos en los que se veía involucrado, de tal manera que para él los barrotes de la prisión tampoco eran un obstáculo. En su historial se registraron seis fugas que logró consumar entre sobornos y ardides.

El error del mago del disfraz

Su máxima fue que la riqueza estaba muy mal repartida, pero a pesar de esto nunca llegó a matar a nadie en ninguna de su acciones y jamás usó la violencia. En una de sus "visitas" a la cárcel, conoció al político Salustiano de Olózaga, a quien ayudó a escapar. Se dice que luego se reencontraron y Salustiano inició a Luis Candelas en la masonería –el bandolero ingresó en la "Logia Libertad"–. Fue partir de este momento cuando Luis Candelas lució una capa negra decorada con símbolos masónicos.

Luis Candelas era además un maestro del disfraz. Llegó a utilizar más de 200 disfraces distintos para llevar a cabo sus golpes. Entre los más sonados cabe destacar el robo en la casa del presbítero Juan Bautista Tárrega y el robo del dinero de varias cofradías días más tarde. Pero su suerte estaba a punto de cambiar. Candelas empezó a cometer errores, el primero de ellos asaltar la diligencia del embajador de Francia en Torrelodones, sustrayéndole no sólo dinero y joyas, sino también unos documentos confidenciales. Aunque el mayor error que cometió, y por el que fue condenado a muerte, fue robar en casa de la modista de la reina regente, María Cristina de Borbón-Dos Sicilias (madre de la futura Isabel II), la acaudalada doña Vicenta Mormín.

Convertido en un mago del disfraz, Luis Candelas perpetró sonados golpes, pero un error en la elección de su última "víctima" acabó con su condena a muerte

"Arrepentimiento" y muerte

Tras el golpe, Candelas planeó huir a Inglaterra con su última esposa, Clara, pero al llegar a Gijón esta no estuvo dispuesta a marcharse, por lo que decidieron volver a Madrid. Tras pernoctar en una posada situada en la calle Real esquina con la actual calle Luis Candelas (frente a la iglesia de San Pedro), el bandolero fue detenido el 18 de julio de 1837 en el puesto de aduanas del puente Mediana, situado en el camino real de Valladolid a Toledo.

Candelas fue trasladado a Valdestillas, luego a Valladolid y de allí a Madrid, donde fue acusado de cometer más de 40 robos, por lo que fue encerrado en la cárcel de Corte. El 2 de noviembre de 1837, fue juzgado y condenado a morir por garrote vil.

La sangre fría que Candelas había demostrado siempre a la hora de cometer los delitos de los que se le acusaba fue desapareciendo mientras se acercaba el momento de enfrentarse a la muerte. Al ver que esta vez los sobornos no podrían librarle de su destino, imploró el indulto a la reina regente: "Señora, Luis Candelas, condenado por robo a la pena capital, a V. M. desde la capilla acude reverentemente. Señora, no intentará contristar a V. M. con la historia de sus errores ni la descripción de su angustioso estado. Próximo a morir sólo imploro la clemencia de V. M. a nombre de su agusta hija, a quien ha prestado servicios y por quien sacrificaría gustoso una vida que la inflexibilidad de la ley cree debida a la vindicta pública y a la expiación de sus errores. En que expone es acaso el primero de su clase que no acude a V. M. con las manos ensangrentadas. Su fatalidad le condujo a robar, pero no ha muerto, herido ni maltratado a nadie. ¿Y es posible que haya de sufrir la misma pena que los que perpetran en esos crímenes? He combatido por la causa de vuestra hija. ¿Y no le merecerá una mirada de consuelo?", pero a pesar de sus ruegos el indulto le fue denegado.

Luis Candelas Cajigal, el ídolo de una España gobernada por el absolutismo, acabó, tras ser ejecutado en una gélida mañana en la plaza de la Cebada por el cruel método del garrote vil, convertido en una leyenda.

Ante la inminente hora de su muerte, Luis Candelas envió una carta a la reina regente María Cristina de Borbón, pero esta desestimó el arrepentimiento

Coplas y recuerdos de Luis Candelas

Las coplas que le dedicó el poeta sevillano Rafael de León, se referían a Luis Candelas de esta manera: "Anoche una diligencia, ayer el palacio real, mañana quizá las joyas de alguna casa ducal. Y siempre roba que roba, y yo por él siempre igual, queriéndolo un día mucho y al día siguiente más" .

En la actualidad en la calle Cuchilleros, 1 de Madrid, existe un restaurante castizo en el que se recrea fidedignamente la época en la que vivió el bandolero, un local que en tiempos sirvió de guarida y cobijo a Luis Candelas.

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