Joaquín Sorolla, el pintor de la luz del Mediterráneo

El 10 de agosto de 1923 moría en su casa de Cercedilla (Madrid) Joaquín Sorolla, el pintor que hizo de la luz uno de los instrumentos imprescindibles en sus obras, auténticas ventanas abiertas a la vida a orillas del Mediterráneo

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Sorolla retratado por la fotógrafa Gertrude Käsebier en 1908

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Sorolla retratado por la fotógrafa Gertrude Käsebier en 1908

Foto: CC

Autorretrato

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Autorretrato

Joaquín Sorolla realizó múltiples retratos, algunos de él mismo. . Este fue pintado en 1909 y se ve al artista pintando, la paleta y el lienzo.

Foto: Museo Sorolla

Joaquín Sorolla  fotografiado por Christian Franzen en 1909

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Joaquín Sorolla fotografiado por Christian Franzen en 1909

Foto: CC

Paseo a orillas del mar o Paseo por la playa

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Paseo a orillas del mar o Paseo por la playa

Este óleo sobre lienzo es una de las obras más valoradas de Sorolla. Fue pintado en 1909 y se trata de un retrato de su mujer y a su hija mientras pasean por la playa, en Valencia.

Foto: Museo Sorolla

Biarritz en 1906

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Biarritz en 1906

Una mujer sentada sobre la arena sujetando entre las manos una antigua cámara Kodak, todo un lujo para la época. De estilo posimpresionista, la obra rinde homenaje a este artefacto con el que el autor inmortalizó muchos de los veranos de su vida junto a su familia.

Foto: Museo Sorolla

Niños en la playa

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Niños en la playa

El arte de Sorolla destaca por el uso de la luz en sus obras. El juego de brillos y sombras es un elemento común en toda su obra.

Foto: Museo Sorolla

Autorretrato

Joaquín Sorolla, el pintor de la luz del Mediterráneo

"¡El agua era de un azul tan fino! Y la vibración de la luz era una locura. He presenciado el regreso de la pesca: las hermosas velas, los grupos de pescadores, las luces de mil colores reflejándose en el mar… me proporcionaron un rato difícil de olvidar". Esta frase que Joaquín Sorolla escribió a Clotilde, su esposa, en 1907, desde Valencia, resume la fascinación que el artista sentía por la luz y por el mar. Sorolla tenía la necesidad de sentir antes de pintar, y para ello trabajaba a pie de playa durante horas sin importarle en absoluto el sol abrasador de los veranos mediterráneos. Fue el 10 de agosto de 1923 cuando las secuelas de una hemiplejia sufrida tres años antes, y que le impidió seguir trabajando con normalidad, acabaron con la vida del pintor de la luz, que murió en su casa de Cercedilla (Madrid) a la edad de 60 años.

Nacido en Valencia en 1863, Joaquín Sorolla quedó huérfano a los dos años de edad cuando una terrible epidemia de cólera mató a sus padres. Él y su hermana Concha fueron acogidos en casa de sus tíos, quienes pasados unos años advirtieron la vocación que tenía el joven Joaquín por la pintura. En 1876, su tío lo matriculó en la Escuela de Artesanos de Valencia donde asistió a clases nocturnas y posteriormente en la Escuela Superior de Bellas Artes de Valencia.

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Primeros éxitos

Al termino de su formación, Sorolla envió sus obras a concursos provinciales y a exposiciones a nivel nacional como la que tuvo lugar en Madrid en 1881. En ella presentó tres marinas que pasaron inadvertidas por no encajar con la temática histórica y dramática de la exposición. Tras visitar el Museo del Prado y estudiar a Velázquez, Sorolla comenzó su etapa "realista" en la que tuvo como profesor al pintor Gonzalo Salvá. Por fin, en 1884, Sorolla fue galardonado con la Medalla de Segunda Clase en la Exposición Nacional gracias a su obra Defensa del parque de artillería de Monteleón la cual pintó expresamente para la ocasión. De esta obra llego a comentar a un amigo: "Aquí, para darse a conocer y ganar medallas hay que hacer muertos".

Sorolla ganó un premio por su obra Defensa del parque de artillería de Monteleón y comentó a un amigo: "Aquí, para darse a conocer y ganar medallas hay que hacer muertos"

En 1884 cosechó otro gran triunfo con la obra El crit del Palleter, con la que obtuvo una beca por parte de la Diputación Provincial de Valencia para estudiar en Roma. A su llegada a la capital italiana, Sorolla quedó deslumbrado por el arte clásico y renacentista. Junto a su amigo, el también pintor Pedro Gil, Sorolla también viajó a París donde entró en contacto con el impresionismo. Tras una prórroga en su beca, en 1888 contrajo matrimonio con Clotilde García, su mejor modelo y compañera, y se establecieron en Asís (Italia). De esa época destaca la obra Vendiendo melones.

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Llega la fama y un encargo colosal

En 1889, el pintor y su familia se instalaron en Madrid donde, en apenas cinco años, Sorolla alcanzó un gran renombre como pintor. En 1894 viajó de nuevo a París, y allí desarrolló el estilo pictórico denominado "luminismo", que sería la característica principal en su obra a partir de entonces. Comenzó a pintar al aire libre, dominando con maestría la luz que, combinada con escenas cotidianas y paisajísticas de la vida mediterránea, se refleja en obras como La vuelta de la pesca, La playa de Valencia o Triste herencia, obra por la cual recibió el Grand Prix en el certamen internacional de París en el año 1900. Sin dejar aparte sus obras de denuncia social, en 1894 pinta Y aún dicen que el pescado es caro, una obra que se encuadra en el realismo social y con la que al año siguiente ganó una Medalla de Primera Clase en la Exposición Nacional de Bellas Artes.

Sorolla empezó a pintar al aire libre sobre todo escenas cotidianas y paisajísticas de la vida mediterránea en las que demostró su gran dominó la luz

La popularidad de Sorolla se extendió por toda Europa y expuso sus obras en París, Berlín, Colonia, Londres y finalmente en varias ciudades de Estados Unidos. De esa época son las obras Paseo a orillas del mar, El balandrito, Idilio en el mar y El baño del caballo. En noviembre de 1911 firmó un encargo para la Hispanic Society of America, un museo y biblioteca de investigación para el estudio de las artes y cultura de España, Hispanoamérica y Portugal con sede en la ciudad de Nueva York, para crear un conjunto de catorce murales que decorarían las salas de la institución y que titularía Visión de España. Sorolla se enfrentó a un proyecto de proporciones gigantescas por el que tuvo que viajar constantemente por todo el país buscando lo más peculiar de su indumentaria y sus costumbres.

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Mala salud y muerte

Por esa época, la salud de Sorolla se resintió, tal y como refleja en 1914 en una carta enviada a su mujer: "Yo no debería pintar ya más. Son demasiados años de lucha y repito la canción, no debía haberme comprometido con esta obra tan larga y pesada, cuando tan trabajado estoy. Hay ratos que me encuentro animoso y joven, pero éstos duran poco, son chispazos". Las quejas sobre el cansancio y los problemas de salud son habituales en las cartas que envía a su mujer, Clotilde, casi a diario. Y casi siempre van en la misma dirección: los mareos. "Estoy mareado y no sigo escribiendo". "El mareo me sigue aún, no tan fuerte como en Madrid". "Aún me resiento de algún pequeño mareíto y hoy he suprimido el tabaco".

Sorolla utilizó algunos colores que fueron una constante en su obra: el bermellón, un pigmento compuesto por mercurio y azufre; el blanco plomo, y el verde de Scheele –un pigmento tóxico que incluso hay quien sostiene que fue el causante de la muerte de Napoleón–. En la actualidad, estos tres colores se elaboran con pigmentos inocuos y sólidos, pero en la época de Sorolla eran comunes las soluciones venenosas. Se dice que Goya sufrió una enfermedad parecida a la que padeció Sorolla. Hoy sabemos que esos pigmentos son nocivos, pero entonces no. La cuestión es si llegaron a envenenarle ya que algunos de los síntomas que describe de esos días coinciden con el hidrargirismo, una intoxicación por mercurio que afecta especialmente a los riñones. Una elevada exposición al bermellón, que empleaba con asiduidad, el hecho de que era un fumador compulsivo, tenía la tensión alta y dolores de cabeza constantes podrían haber acabado causando su muerte.

En 1920, Sorolla sufrió un ataque de hemiplejía que lo dejó invalido del lado izquierdo. Su enfermedad le impidió entregar la obra encargada por la Hispanic Society of America, por lo que no pudo cobrar su trabajo. Habría que esperar a la muerte del artista, el 10 de agosto de 1923, y a la lectura de su testamento para que la Hispanic Society of America liquidara el contrato firmado en 1911. Finalmente el 16 de enero de 1926, la Institución norteamericana inauguró la Sala Sorolla. Por deseo expreso de su viuda, Clotilde, la vivienda familiar y las colecciones que a ella pertenecieron fueron donadas al Estado Español para crear un museo en memoria de su marido.

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Dónde ver obras de Joaquín Sorolla:

Museo Sorolla (Madrid)

Hispanic Society of America (Nueva York)

Museo Nacional de Bellas Artes de Cuba (La Habana)

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