Isaac Peral, el militar español que inventó el submarino eléctrico

El 1 de junio de 1895 nació en Cartagena, Murcia, Isaac Peral, el inventor del submarino eléctrico. Considerado un pionero de la navegación subacuática, Peral fue un genial inventor, pero también un hombre perseguido por la fatalidad

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Un inventor revolucionario

Nacido el 1 de junio de 1851 en la ciudad española de Cartagena, Isaac Peral se convirtió, en 1888, en el inventor del primer submarino propulsado con baterías. Estuvo durante un periodo destinado a Cádiz, en la nueva Escuela Naval de Ampliación de Estudios de la Armada, donde encontró el tiempo necesario para planificar la construcción de un submarino, un invento que revolucionó la navegación bajo el mar. 

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Una carrera prometedora

Isaac ingresó en la Armada en 1866 y allí adquirió una amplia formación técnica que le permitió alcanzar diversos cargos. Durante su juventud viajó alrededor del mundo a bordo de la corbeta Villa de Bilbao, la urca Santa María y la fragata Almansa. 

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Éxito rotundo

En este obra de Comba, Isaac Peral aparece saludando desde el balcón de un hotel a la multitud que le recibe entusiasmada. Es de 1890, dos años después de que presentara su flamante invento. El submarino había conseguido navegar 9 kilómetros bajo el agua y dar en el blanco a un objetivo a 300 metros. 

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Una vida de dedicación

Tras pasar una mala época y superar una campaña de desprestigio, Peral se retiró de la vida militar y, ya como civil, se dedicó al campo que le había entusiasmado toda la vida: el aprovechamiento de la energía eléctrica. Fundó junto al marqués de Salinas la Compañía Termoeléctrica de Manzanares, en Ciudad Real. En la imagen, el submarino original que construyó, exhibido en Cartagena, la ciudad que le vio nacer. 

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Isaac Peral buena

Isaac Peral, el militar español que inventó el submarino eléctrico

A finales del siglo XIX nació un pionero de la navegación bajo el mar en la murciana ciudad de Cartagena. Isaac Peral ha pasado a la historia gracias a la invención del submarino propulsado por baterías, una gran innovación para su época y que abriría las puertas al futuro de estas naves subacuáticas.

Siguiendo la tradición familiar, Isaac ingresó en la Armada en 1866 y allí adquirió una amplia formación técnica que le permitió alcanzar diversos cargos en el Observatorio Astronómico de San Fernando, la Comisión Hidrográfica y la nueva Escuela de la Armada, donde fue profesor de Física y Química.

Durante su juventud, Isaac viajó alrededor del mundo a bordo de la corbeta Villa de Bilbao, la urca Santa María –una urca es un barco similar a una fragata– y la fragata Almansa. En sus viajes anotaba sus observaciones en un diario personal. Durante una parada en Filipinas, Peral cayó gravemente enfermo cuando un barbero le cortó por accidente una verruga que tenía en la sien. A pesar de que la herida parecía insignificante, al final se complicó tanto y era tan difícil de curar que se vio obligado a llevar constantemente una venda que le cubriera la cabeza.

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En Filipinas, un barbero cortó a Peral por accidente una verruga en la sien, y a causa de la gravedad de la herida fue enviado de regreso a España

La invención del submarino

A causa de este problema de salud, Peral fue trasladado a España y destinado a Cádiz en la nueva Escuela Naval de Ampliación de Estudios de la Armada. Allí encontró el tiempo necesario para planificar la construcción de un submarino con batería eléctrica y con el poder de disparar torpedos sin necesidad de salir a la superficie, lo que en teoría lo convertiría en invencible. Los planos de la nave no se hicieron públicos hasta que España estuvo a punto de entrar en guerra con Alemania en 1885 a causa de la invasión germana de las islas Carolinas (situadas en el océano Pacífico). Este incidente aceleró la construcción del sumergible y contó con el apoyo del ministro de Marina, el vicealmirante Pérez y Lobo.

El inventor viajó al extranjero para conseguir el material necesario: aparatos ópticos en París, accesorios y torpedos en Berlín, acumuladores en Bruselas...

Peral recibió un primer presupuesto de 5.000 pesetas y se ocupó personalmente de viajar al extranjero para adquirir los materiales necesarios para su fabricación y que no encontraba en España: aparatos ópticos en París, accesorios y torpedos en Berlín, acumuladores en Bruselas, y aceros, motores eléctricos, hélices y tubos lanzatorpedos en Londres. El proyecto estaba clasificado como de alto secreto militar por parte del ministro de Marina, pero, de forma inverosímil, fue descubierto por otros países que, en defensa de sus propios intereses –y con la inestimable ayuda de la exasperante burocracia española– lograron retrasar e incluso a boicotear el proyecto hasta en cuatro ocasiones.

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Del éxito al desprestigio

Por fin, el 8 de septiembre de 1888, con una eslora de 21 metros, el submarino de Isaac Peral fue botado en La Carraca, un centro militar para la construcción y reparación de buques en San Fernando. Pero las pruebas oficiales no empezaron hasta febrero de 1889. El 7 de agosto de 1889, el submarino permaneció una hora en inmersión en alta mar, y, días después, Peral decidió hacer una prueba de disparo. Con el submarino sumergido decidió disparar a unas rocas que se encontraban a 300 metros de distancia y, como guiado por un imán, el torpedo dio en el blanco.

El 7 de agosto de 1889, el submarino de Peral permaneció una hora en inmersión y logró un gran éxito en la prueba de tiro

En 1890, el submarino de Peral fue capaz de navegar nueve kilómetros a diez metros de profundidad y participar en un simulacro contra el acorazado Cristóbal Colón, en el que obtuvo un éxito razonable en las maniobras diurnas y un rotundo triunfo en las nocturnas. A pesar de ello, el 18 de agosto de 1890, y aunque los informes por parte de la Junta de Valoración fueron buenos, el beneplácito para mejorar el prototipo por parte de la Armada y del Gobierno español nunca llegó.

Tal vez oscuros intereses que no se llegaron a conocer motivaron que se denegara el permiso para la construcción de submarinos a gran escala. Unos submarinos con los que quizá la guerra entre España y Estados Unidos hubiera podido dar un giro, y tal vez se hubiera podido evitar la pérdida de muchas vidas y barcos, e, incluso, la pérdida de las colonias de ultramar (Cuba y Filipinas). A partir de entonces empezó una campaña de desprestigio contra Isaac Peral, al cual no le quedó más remedio que solicitar la baja en la Marina e intentar aclarar ante la opinión pública la verdad de lo sucedido.

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A pesar de los informes favorables de la Junta de Valoración, el beneplácito del Gobierno y de la Armada para mejorar el prototipo nunca llegó

Ya como civil, y con un renovado empuje, Peral dedicó todos sus esfuerzos al campo en el que siempre logró sus mayores éxitos: el aprovechamiento de la energía eléctrica, y fundó junto al marqués de Salinas la Compañía Termoeléctrica de Manzanares, en Ciudad Real.

El 4 de mayo de 1895, Peral se trasladó a Berlín para ser operado de un cáncer de piel, pero una vez más la tragedia se cebó en él. Un descuido en las curas le hizo contraer una meningitis que acabó con su vida el 22 de mayo de 1895. El 11 de noviembre de 1911, los restos mortales del inventor fueron trasladados desde el cementerio de la Almudena, en Madrid, al cementerio de Los Remedios de Cartagena, su ciudad natal, donde descansan desde entonces.

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