Hedy Lamarr, la actriz que inventó el wifi

Nacida el 9 noviembre de 1914, Hedwig Eva Maria Kiesler, conocida en Hollywood como Hedy Lamarr, fue una reconocida actriz e inventora austríaca que protagonizó el primer desnudo integral de la historia del cine. Considerada popularmente como una de las actrices más bellas de Hollywood, Hedy Lamarr fue además una genial inventora que desarrolló, entre otras cosas, el wifi. De hecho, en Austria, el Día del Inventor se celebra el 9 de noviembre en su honor.

Hedy Lamarr en blanco y negro

Hedy Lamarr en blanco y negro

Foto: CordonPress

Hedy Lamarr durante el rodaje de Sansón y Dalila en 1949

La austríaca Hedy Lamarr llenó las salas de cine en los años treinta y cuarenta, pero su faceta de actriz eclipsó totalmente su dimensión como creadora, a la postre mucho más importante a nivel histórico. "Cualquier chica puede ser glamurosa. Todo lo que tienes que hacer es quedarte quieta y parecer estúpida", apuntó irónicamente esta mujer que era pura sotisficación e inteligencia.

Éxtasis y el principio de la infelicidad

A pesar de que en la escuela los profesores comunicaron a su familia que Hedwig era una niña superdotada, y que cuando tuvo edad para ello empezó a estudiar ingeniería, al final la joven decidió aparcar sus estudios para dedicarse al arte dramático. Logró convencer a su padre de que la matriculase en la prestigiosa escuela del director de escena Max Reinhardt. Sus primeros papeles como actriz fueron en la pelicula Geld auf der Straße del director Georg Jacoby y luego realizó pequeñas intervenciones en cintas de producción checa y germana como Die Blumenfrau von Lindenau, Man braucht kein Geld y Die Koffer des Herrn O.F.

En 1932 saltó la polémica que la catapultó al estrellato. Hedwig protagonizó la película del director checo Gustav Machatý, Éxtasis, en la que protagonizó el primer desnudo integral de la historia del cine y tuvo que fingir un orgasmo. El film fue tachado de escándalo sexual y recibió toda clase de censuras y condenas, incluidas las del Vaticano. Los padres de Hedwig quedaron horrorizados con las imágenes. Pero un maganate de la industria armamentística llamado Fritz Mandl quedó prendado de la belleza de la joven actriz y solicitó al padre de Hedwig permiso para poder cortejarla, pidiéndole la mano un tiempo después. Ignorando la voluntad de su hija, que deseaba seguir con su carrera artística, los padres accedieron a la boda creyendo que Fritz Mandl, mayor que Hedwig, podría reconducir a la joven por el buen camino.

A pesar de que sus profesores la consideraron una niña superdotada, Hedwig prefirió dedicarse al arte dramático y saltar al estrellato con la película Éxtasis

Celos, fascismo y huida

Pero Fritz Mandl sufrió unos celos enfermizos. Tanto que quiso hacerse con todas las copias de Éxtasis y su esposa sólo podia desnudarse o bañarse si él estaba presente. Tambien la obligó a acompañarle a todos los actos sociales y cenas de negocios a los que estaba invitado para no perderla de vista. A pesar de que vivía rodeada de lujos, Hedwig odiaba sentirse como un trofeo y tener que pedir permiso siempre para hacer cualquier cosa. Aburrida de la vida que su marido la obligaba a llevar, Hedwig retomó la carrera de ingeniería que años atrás había dejado de lado para dedicarse el cine. Por su parte, Mandl mantenía estrechos lazos sociales y comerciales con el gobierno de Mussolini, al que vendía armas. Hedwig, astutamente, aprovechó las reuniones a las que su marido la obligaba a asistir para recopilar todo tipo de información acerca de la tecnología armamentística nazi. Según escribiría más tarde la propia Hedwig, tanto Mussolini como Hitler asistieron a las lujosas fiestas que se celebraron en casa de su marido, quien, pese a ser de origen judío, fue nombrado por los distintos gobiernos fascistas "ario honorario".

Los celos enfermizos de su primer marido y el férreo control a la que era sometida hicieron que Hedwig, aburrida de la vida que llevaba, retomase la carrera de ingenieria que había aparcado tiempo atrás

El continuo y férreo control al que se veía sometida la joven Hedwig llegó a ser tan insoportable, que durante un viaje de negocios de su marido decidió huir de su asfixiante matrimonio escapando por la ventana de los servicios de un restaurante –pero según otra versión, que ella misma cuenta en su autobiografía, al parecer administró un somnífero a su asistenta y pudo salir de su casa disfrazada como ella–. El caso es que consiguió llegar a la estación de tren y viajar hasta París. Hedwig tan sólo se llevó algunas joyas que le permitieran disponer de dinero en efectivo para poder seguir con su huida. Durante varios días se vió acosada por los guardaespaldas que le había puesto su marido hasta que llegó a Londres y pudo embarcar en el trasatlántico Normandie con destino a Estados Unidos. Durante la travesía conoció al productor cinemantográfico Louis B. Mayer, el cual antes de que llegasen a puerto ya le había ofrecido trabajo. El único requisito que le pidió fue que se cambiase el nombre para que nunca se la pudiera asociar con la película Éxtasis. Así pues, Hedwig Eva Maria Kiesler se convirtió, en memoria de la actriz de cine mudo Bárbara La Marr, en Hedy Lamarr. En aguas del Atlántico firmó su contrato con la Metro-Goldwyn-Mayer.

Hedy Lamarr durante un rodaje en 1949

Hedy Lamarr durante un rodaje en 1949

Foto: CordonPress

De Hollywood a inventora para el ejército

Instalada en Hollywood, Hedy trabajó para el director de cine King Vidor en Camarada X y Cenízas del Amor, para Jacques Tourner en Noche del Alma, para Robert Stevenson en Pasión que redime y para Cecil B. Demille en Sansón y Dalila. A pesar de protagonizar una treintena de peliculas, Hedy no tuvo demasiado ojo a la hora de elegirlas. Sin ir más lejos, rechazó dos películas que acabarían convertidas en obras maestras del séptimo arte como Luz de Gas de Thorold Dickinson y Casablanca de Michael Curtiz, y se quedó a las puertas de poder interpretar a Escarlata O'Hara en Lo que el viento se llevó. A pesar de esto, su imagen deslumbrante la convirtió en una verdadera estrella emergente de los años treinta.

Con el estallido de la Segunda Guerra Mundial, Hedy ofreció sus servicios al Gobierno de Estados Unidos ya que disponía de información privilegiada acerca del armamento del ejército alemán. Ubicada en el departamento de tecnología militar, Hedy se dio cuenta de que las señales de radio que guiaban a los torpedos de la armada norteamericana eran muy fáciles de interceptar. Fue entonces cuando elaboró junto con su amigo el compositor George Antheil un sistema de detección de torpedos teledirigidos. Inspirado en un principio musical, este funcionaba con 88 frecuencias, las equivalentes a las teclas del piano, y era capaz de hacer saltar señales de transmisión entre las frecuencias del espectro magnético.

Los militares no supieron apreciar entonces la utilidad del invento que les estaba ofreciendo Hedy hasta que muchos años después, en 1962, se produjo la crisis de los misiles cubanos. Entonces la tecnología de Lamarr se utilizó para interceptar las comunicaciones y el control de los torpedos. A día de hoy este método se emplea para los sistemas de posicionamiento por satélite, como el GPS, y fue el precursor del wifi.

A pesar de los éxitos cinematográficos que había obtenido, Hedy ofreció sus servicios a ejercito norteamericano durante la Segunda Guerra Mundial e inventó un sistema precursor del wifi

Declive y reconocimiento

Al finalizar la Segunda Guerra Mundial, Hedy fundó su propia compañía cinematográfica con la que produjo y protagonizó algunas películas mediocres. Durante los descansos de los rodajes aprovechaba para seguir explorando su faceta de inventora, faceta que se mantuvo en secreto mientras fue una estrella de la Metro.

Su vida personal fue bastante desafortunada. Lamarr se casó seis veces y ya en el declive de su carrera cinematográfica cayó en el consumo masivo de pastillas y desarrolló una obsesión enfermiza por la cirugía estética. Se volvió cleptómana y fue detenida en varias ocasiones. Tras estos sonoros escándalos, Hedy Lammarr se recluyó en su mansión de Miami para pasar los últimos años de su vida aislada de un mundo que había marginado su lado intelectual y no la había reconocido como inventora de las aplicaciones que se estaban usando; ni tan sólo la había nombrado.

Cuando finalmente llegaron los reconocimientos a sus capacidades y logros, ya era demasiado tarde. Su amargura había crecido hasta tal punto que cuando en 1997 le comunicaron la concesión del Pioneer Award se quedó imperturbable y comentó escuetamente: "It's about time" (ya era hora). En el verano de 1999, el Kunsthalle de Viena organizó un proyecto multimedia de homenaje a la actriz e inventora más singular del siglo XX.

Aislada y amargada, Hedy Lamarr pasó sus últimos años retirada en su mansión de Miami. Cuando le concedieron el Pioneer Award, lo recibió con escepticismo y comentando "it's about time" (ya era hora)

El fin de la estrella más bella

El 19 de enero del año 2000, esta actriz histórica (y con un cociente intelectual superior a la media) moría en Caselberry, Estados Unidos, a los 85 años de edad como consecuencia de una complicación cardíaca. Como última voluntad pidió que parte de sus cenizas se esparcieran por los bosques de Viena, cerca de su casa natal, mientras que otra parte fue entregada al consistorio vienés para que fuera enterrada en un memorial que lleva su nombre. En la actualidad, en Austria, el Día del Inventor se celebra el 9 de noviembre, el día de su nacimiento, en su honor.

Sus memorias no dejan claro si Hedy Lamarr actuó o no como espía, pero resulta evidente que dotes para ello no le habrían faltado

Aunque en sus memorias, Ecstasy and Me, Hedy Lamarr no aclara si actuó o no como espía –aunque es evidente que tenía cualidades para ello–, lo que sí queda claro es que durante su vida fue una mujer con una brillantez intelectual fuera de lo común. Su afán por conocer queda plasmado en esta frase que pronunció: "La esperanza y la curiosidad sobre el futuro me parecían mejores que lo seguro del presente. Lo desconocido siempre fue tan atractivo para mí … y todavía lo es".

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