La rebelión de la reina Boudica contra Roma

En el año 60 d.C., la progresiva conquista de Gran Bretaña por los romanos alumbró una gran rebelión, cuando a la codicia inmoderada de los invasores se le sumó su degradante trato a la reina icena Boudica y a sus hijas, violadas y humilladas. Murieron unos 70.000 romanos y britanos aliados suyos

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01 grabado reina Boudica. La reina ante su pueblo

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La reina ante su pueblo

Boudica alienta a los britanos a defender su país frente a los invasores romanos. Grabado de Thomas Stothard, impreso por William Sharp en 1812. Galería Nacional de Retratos, Londres. 

FOTO: Scala, Firenze. COLOR: Santi Pérez

02 estatua Boudica Thornycroft Londres. Boudica con sus hijas

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Boudica con sus hijas

Esta estatua de bronce, que representa a la reina de los icenos y a sus hijas montadas en un carro, fue realizada por Thomas Thornycroft en 1902. Londres.

 

FOTO: A. Hatley / Alamy / ACI

03 Londres asalto Boudica. Londinium tras la guerra

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Londinium tras la guerra

Esta imagen correspondería a la ciudad de Londinium (Londres) ya recuperada del asalto de Boudica y los suyos, y esta vez rodeada de murallas. La gran plaza porticada que vemos en el centro se corresponde con el foro.

FOTO: Bridgeman / ACI

04 escudo Battersea cobre vidrio. Escudo Battersea

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Escudo Battersea

Fue descubierto en el lecho del Támesis, en 1857. Hecho en cobre y vidrio rojo, era, en realidad, el revestimiento de un escudo de madera. 350-50 a.C. Museo Británico, Londres. 

FOTO: Werner Forman / Gtres

05 emblema legionario romano. El águila de la legión

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El águila de la legión

Emblema legionario, con la inscripción "El Senado y el pueblo de Roma", abreviada mediante sus iniciales en latín: SPQR.

FOTO: Photoaisa

06 teatro Verulamium St. Albans. La ciudad resurgida

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La ciudad resurgida

En la imagen, el teatro de Verulamium (St. Albans) en el siglo II. d.C., cuando la rebelión de Boudica, que devastó la ciudad, sólo era un recuerdo. 

FOTO: Bridgeman / ACI

07 denario guerrero celta auriga. Carros de guerra celtas

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Carros de guerra celtas

Un guerrero celta combate desde un carro guiado por su auriga. Denario romano acuñado hacia 48 a.C. por Lucio Hostilio Saserna. Museo Ashmolean, Oxford.

FOTO: Bridgeman / ACI

08 estatua emperador Claudio. La cabeza de Claudio

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La cabeza de Claudio

Cuando los rebeldes tomaron Camulodunum decapitaron una majestuosa estatua del emperador Claudio. Ésta es su cabeza, hallada en 1907. Museo Británico, Londres. 

FOTO: British Museum / Scala, Firenze

09 yelmo celta bronce. Yelmo celta de bronce

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Yelmo celta de bronce

Se conserva el protector de la nuca (el saliente repujado), pero se han perdido las carrilleras, que protegían las mejillas. 

FOTO: AKG / Album

10 torque guerrero celta. Un signo de nobleza y valor

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Un signo de nobleza y valor

Los torques formaban parte del ajuar del guerrero celta. En la imagen, el Gran Torque de Snettisham, hecho con casi un kilo de oro mezclado con plata. 150-50 a.C. Museo Británico, Londres. 

FOTO: Erich Lessing / Album

01 grabado reina Boudica

La rebelión de la reina Boudica contra Roma

En su evocador retrato de Boudica, escrito para los lectores romanos más de cien años después de la muerte de esta reina guerrera británica, Dion Casio describe cómo la soberana se dirigió a una enorme multitud que, según aquel autor, llegaba a las 120.000 personas. De pie sobre una plataforma que había mandado construir, esta britana nacida en una familia de la realeza incitó a sus seguidores a alzarse en armas. Altísima y aterradora, empuñaba una lanza mientras el cabello leonado le caía sobre los labios. Un collar de oro abrazaba su cuello y vestía una túnica de varios colores bajo una gruesa capa sujeta con un broche.

Ésta es la única descripción detallada de un britano en tiempos de Roma que ha sobrevivido al paso del tiempo. No obstante, debemos tomarla con prudencia: no sabemos de dónde proviene la información que maneja Dión Casio, y la descripción podría ser inventada. Este historiador califica el comportamiento y el aspecto de Boudica –su posición de líder, su vociferante invitación a la batalla y su estatura– como fuera de lugar en una mujer, según la mentalidad romana. Si la lanza que sostiene pone de relieve su aspecto marcial, su pelo suelto y sus ropas multicolor serían percibidas por los lectores de Dión como elementos característicos de una cultura bárbara. El collar o torque, un ornamento impresionante, era un símbolo de rango elevado en la sociedad británica de la Edad del Hierro. El texto de Dión Casio –una excelente muestra de propaganda romana– caló en las mentes de los lectores posteriores y sirvió de inspiración a artistas y poetas a lo largo de los siglos.

La semilla del levantamiento

En el discurso que Dión atribuye a Boudica, la reina expone las causas de la rebelión, señalando principalmente la avaricia de los romanos, que se apoderaban de las tierras y exigían onerosos tributos. El historiador Tácito, más cercano que Dion a los hechos (escribió sólo 60 años más tarde y su suegro fue Agrícola, gobernador de Britania entre 78 y 84 d.C.), ofrece algunos detalles adicionales sobre la revuelta. Menciona que Boudica era la esposa de Prasutago, el líder de los icenos, una tribu britana. Cuando murió, este rey vasallo del Imperio romano legó su fortuna y su territorio a sus hijas y al emperador Nerón conjuntamente, con la idea de que de este modo su reino y su casa quedarían a salvo de la rapacidad romana. Pero se equivocó. Tácito escribe que los administradores del Imperio romano confiscaron todo el territorio y la fortuna de Prasutago, humillaron a Boudica dándole bastonazos y violaron a sus hijas. Empujados a la rebelión, los icenos de Boudica y algunas tribus vecinas como los trinovantes, que también habían sufrido abusos tras la invasión romana, se unieron al levantamiento contra aquel poder foráneo.

Para entonces, hacía unos 17 años que el ejército romano llevaba a cabo exitosas campañas militares en Britania, tras el desembarco de una poderosa fuerza militar en Kent, en 43 d.C., que obtuvo una importante victoria que se saldó con la rendición de once reyes britanos en Camulodunum, la actual Colchester. El emperador Claudio, el predecesor de Nerón, había viajado desde Roma para ser testigo de la victoria, acompañado de un importante número de miembros del Senado y de un séquito que incluía elefantes de guerra.

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Britania estaba poblada por una gran cantidad de pueblos independientes que no ofrecieron una resistencia conjunta al invasor, de manera que hasta el año 60 d.C. las legiones romanas fueron conquistando gran parte del sur y el este de la isla. Es posible que el iceno Prasutago fuese designado rey vasallo de los romanos tras la invasión de 43 d.C.; esto significa que tanto él como su familia se habrían considerado a sí mismos aliados de Roma. En 60 d.C., la provincia romana de Britania estaba gobernada por Suetonio Paulino, un miembro veterano de la élite romana. Tácito describe dramáticamente cómo atacó la fortaleza druida de la isla sagrada de Mona (la actual Anglesey): mientras los soldados intentaban atravesar el agua, en la orilla opuesta furiosas mujeres vestidas de negro corrían con antorchas y los druidas lanzaban imprecaciones terribles con las manos alzadas al cielo. Entonces el gobernador se vio forzado a retirar sus tropas debido a la revuelta de Boudica, en el sureste de Britania.

La gran rebelión

Los britanos empezaron su ofensiva con un ataque a Camulodunum. Este asentamiento era el principal símbolo de la ocupación romana de Britania, ya que fue allí donde Claudio aceptó la rendición de los reyes britanos en el año 43 d.C. Colchester había sido la principal base militar romana hasta 50 d.C., cuando la fortaleza inicial fue sustituida por una colonia romana, una localidad con casas, edificios públicos e instalaciones industriales frecuentada por comerciantes. En ella se levantaba un enorme e impresionante templo de piedra, construido según el estilo romano clásico, que conmemoraba la conquista de Camulodunum y estaba dedicado al culto del emperador Claudio. Los seguidores de Boudica incendiaron este edificio, que quedó destruido por completo; no quedó en pie ni una sola piedra. También decapitaron una estatua de bronce del emperador Claudio que probablemente se erguía en un espacio público, como el foro de la colonia; su cabeza se descubrió en el río Alde, en Suffolk, en 1907, a sesenta kilómetros de Colchester, y actualmente está expuesta en el Museo Británico.

Tras derrotar a los efectivos de la legión IX Hispana, que habían sido enviados a proteger la colonia, los britanos marcharon hacia el oeste, en dirección a Londinium, la actual Londres, que, con unos nueve mil habitantes, era el segundo núcleo urbano más importante de la provincia. Paulino y sus soldados también se dirigieron hacia allí, pero, dado lo escaso de sus tropas y el reciente fracaso de la IX legión, decidió no exponerse y anunció que quienes quisieran abandonar Londres se podían unir a su columna. Tácito explica que "a los que quedaron retenidos por la debilidad de su sexo, lo avanzado de su edad o lo agradable del lugar, los exterminó el enemigo".

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Tácito también describe cómo Verulamium –un asentamiento romano cerca de la actual St. Albans, en Hertfordshire– sufrió el mismo destino. Si Camulodunum era una colonia de ciudadanos romanos, y Londinium era el puerto principal de la provincia, con una población que incluía muchos comerciantes extranjeros, Verulamium era una ciudad "nativa", con una fuerte presencia de britanos aliados de los romanos.

En Londres, Colchester y Verulamium los arqueólogos han descubierto gruesas capas de materiales quemados que datan del año 60 d.C., y que atestiguan la violenta reacción de los britanos contra la dominación romana. Según Tácito, en Colchester, Londres y Verulamium fueron asesinadas setenta mil personas, entre romanos y aliados. Los rebeldes "se apresuraban no a tomar cautivos y a venderlos, ni a ningún otro comercio de guerra, sino a la matanza, a levantar patíbulos, hogueras y cruces", con la idea de tomarse la venganza por anticipado, ya que inexorablemente llegaría el castigo.

El fin de la rebelión

Suetonio Paulino disponía de una fuerza de cerca de diez mil hombres compuesta por soldados de las legiones XIV y XX, y auxiliares de la provincia. Decidió desplegarla en un valle, con las espaldas protegidas por un bosque. Los romanos se hallaban en clara inferioridad numérica con respecto a los britanos, quienes estaban tan seguros de que conseguirían la victoria que habían colocado a sus familias en carros, en una zona desde la cual podían ver el campo de batalla. Además, es posible que las fuerzas de Boudica incluyesen mujeres; de hecho, cuando el gobernador romano se dirigió a sus hombres antes del combate señaló que entre el enemigo "se veían más mujeres que jóvenes".

Tácito escribe que, antes del choque, Boudica recorrió el campo de batalla montada en un carro junto con sus hijas, arengando a sus seguidores: "Iba pasando frente a los de cada pueblo, proclamando que ya era costumbre de los britanos luchar bajo el mando de mujeres, pero que en aquella ocasión no trataba de vengar su reino y su fortuna, aunque era hija de tan grandes padres, sino –como una más del pueblo– su libertad perdida, su cuerpo acabado por los golpes, el pudor de sus hijas pisoteado". En definitiva, la reina se presentaba como una víctima más de los romanos y animaba a sus guerreros recordándoles que ya habían derrotado a la legión que había acudido en auxilio de Colchester y que eran muchos más que sus enemigos. Pero no había opción: "En aquel combate había que vencer o morir. Tal era su decisión de mujer: allá los hombres si querían vivir y ser esclavos".

El lugar exacto de la batalla entre el ejército de Suetonio Paulino y los seguidores de Boudica ha sido objeto de especulación y nunca se ha encontrado rastro de ese choque. Es probable que tuviese lugar en algún punto de las Midlands, la vasta llanura ondulada que se extiende entre los montes Peninos y la cuenca del Támesis. El enfrentamiento se debió de producir después de que los britanos saqueasen Verulamium, mientras se dirigían hacia otro asentamiento romano.

La descripción de Tácito da la impresión de que los seguidores de Boudica no estaban bien organizados según los estándares romanos. Los britanos utilizaron carros, como habían hecho un siglo antes para enfrentarse a las campañas de invasión que Julio César llevó a cabo en los años 55 y 54 a.C. Sabemos que en la Edad del Hierro la gente de alto rango a ve- ces era enterrada en un carro, y se han encontrado accesorios de carros en excavaciones arqueológicas en el este de Yorkshire, donde este tipo de enterramiento era tradicional. En todo caso, la superioridad numérica de los rebeldes fue eficazmente contrarrestada por la disciplina de los soldados romanos. Aparentemente, murieron 80.000 britanos, mujeres incluidas, mientras que las pérdidas del bando romano sumaron unos 400 muertos y no muchos más heridos; al menos, esto es lo que afirma Tácito. Este historiador escribió que, después de la batalla, Boudica se suicidó tomando un veneno. Tras la victoria, los militares romanos probablemente recogieron las armas destrozadas y enterraron a los enemigos caídos en grandes fosas o quemaron sus cuerpos; en cuanto a sus propios muertos, seguramente los incineraron. El único rastro existente de la batalla podría consistir en grandes fosas llenas de esqueletos desmembrados que quizás aparezcan algún día.

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La versión de Dión Casio sobre el choque final es muy diferente. Escribió que Boudica cayó enferma, falleció y sus restos fueron objeto de un elaborado ritual funerario. Existen muy pocas pruebas sobre los ritos funerarios de los icenos, la tribu de Boudica; en general, durante la Edad del Hierro en Gran Bretaña, muchos difuntos no eran incinerados ni enterrados, sino colocados en lugares especiales para que los elementos desecasen sus cuerpos. En todo caso, entre los siglos XVI y XIX, generaciones de eruditos buscaron la sepultura de la reina guerrera, de la que se dijo que se encontraba en Stonehenge o en la estación londinense de King’s Cross (entre otras localizaciones).

Las represalias fueron severas. Tácito describe cómo "los pueblos que se habían mostrado ambiguos o adversos fueron diezmados por el fuego y el hierro". Aunque ha sido difícil encontrar pruebas arqueológicas de las acciones romanas tras la derrota de Boudica, excavaciones recientes en Londres han localizado un fuerte en Plantation Place. Se construyó para servir como base de las nuevas tropas que llegaron de Alemania y que asistieron a Suetonio Paulino en su campaña para restaurar el orden en la provincia. Según se desprende de las tablillas encontradas durante la excavación del solar del edificio Bloomberg, en Londres, durante la década siguiente pasaron por este puerto unidades militares romanas. Y una carta que data del otoño de 62 d.C., en la que se hace referencia a una partida de bienes que debían ser transportados desde Verulamium hasta Londres, indica que el mercado de Londres se había recuperado rápidamente tras la destrucción de la colonia por los rebeldes.

Después de aquel gravísimo conflicto es probable que el emperador Nerón considerase la retirada de Gran Bretaña; pero, si lo hizo, cambió de idea. No obstante, el impacto de la rebelión en Gran Bretaña retrasó la expansión romana por la isla al menos en una década.

Después de la batalla

Tácito presenta las dos versiones de la historia –la de los britanos y la de los romanos– al describir las provocaciones de las que los britanos eran víctimas por parte de los ocupantes. Aunque él mismo formaba parte de la élite romana, no era partidario del gobierno dictatorial, y utilizó la rebelión para cuestionar la manera en que se gestionaba la provincia. Y tanto él como Dión Casio describen las atrocidades de los britanos, particularmente el trato inhumano que dispensaban a mujeres y niños cautivos.

No hay indicios de que el alzamiento se extendiese entre los pueblos que habitaban al sur del Támesis. Algunas tribus britanas siguieron cooperando con los romanos incluso durante la revuelta, como se cree que hizo Togidubno (también conocido como Cogidubno), que reinaba al sur de la provincia. Es probable que Nerón lo premiara aumentando su influencia tras la derrota de los britanos y obsequiándolo con el palacio de Fishbourne, en el oeste de Sussex. De hecho, es posible que los romanos hubiesen perdido la provincia de Britania sin la lealtad de Togidubno. Tras restaurar su autoridad, los romanos reanudaron su avance, y en el año 84 d.C. el gobernador Cneo Julio Agrícola (el suegro de Tácito) ya había conquistado gran parte del norte de la isla. Los romanos fracasaron en su intento de conquistar las Highlands o tierras altas escocesas, y a finales del siglo I d.C. la provincia de Britania incluía el territorio situado al sur del futuro muro de Adriano, que se levantó entre los años 122 y 130 d.C.

La historia de Boudica podría haber caído en el olvido, pero tras el redescubrimiento de los escritos de Tácito durante el Renacimiento, a la reina icena se la comparó con Isabel I de Inglaterra; y, ya en el siglo XIX, la Inglaterra de la reina Victoria la reinventó, con el nombre de Boadicea, como una valiente defensora de la soberanía británica. Durante el siglo XX, Boudica se convirtió en un icono del sufragismo y también en símbolo de la resistencia contra el poder imperial. Y en fechas recientes se ha llamado a la primera ministra británica Theresa May "la Boudica del Brexit", lo que habla del poder de seducción de Boudica casi dos mil años después de la muerte de la reina de los icenos.

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Para saber más

Furor barbari. Celtas y germanos frente a Roma. Francisco Gracia Alonso. Sello, Madrid, 2011.

Boudica: la reina guerrera. Graham Webster. Planeta, Barcelona, 2007.

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