Musas de la Belle Epoque: las primeras estrellas del espectáculo

Mujeres como Sara Bernhardt o la Bella Otero se convirtieron en las primeras estrellas globales y con su carácter independiente y emprendedor desafiaron las convenciones de la época y fueron ejemplo de empoderamiento para otras mujeres

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01 Lina Cavalieri Reutlinger. Lina Cavalieri

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Lina Cavalieri

La soprano y actriz Natalia Cavalieri fue considerada «la mujer más bella del mundo» y fue una de las estrellas más retratadas de principios de siglo XX. Llegó muy joven a París procedente de Italia y pronto se dio a conocer gracias a sus actuaciones en diversos locales de la ciudad. Obtuvo un gran éxito como soprano desde su debut, en 1904, en la Ópera de Montecarlo, que la llevó por los principales teatros de Europa y Estados Unidos. Murió en 1944 junto a su cuarto marido durante un bombardeo aliado que alcanzó su casa en Florencia. En esta imagen aparece retratada en el estudio Reutlinger. Museo d'Orsay, París.

FOTO: P. Schmidt / RMN-Grand Palais

02 Sarah Bernhardt Melisenda Rostand. Sarah Bernhardt

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Sarah Bernhardt

Sarah Bernhardt, cuyo nombre real era Rosine Bernard, nació en París en 1844. La actriz francesa más importante de finales del siglo XIX triunfó en Francia, Inglaterra y Estados Unidos con su estilo natural, muy alejado de las viejas normas del teatro galo llegando a interpretar papeles masculinos, como el Hamlet de Shakespeare. Desde 1899 administró su propio teatro en París y en 1914 fue condecorada con la legión de honor. En esta imagen aparece caracterizada como Melisana en La princesa lejana, de Rostand.

FOTO: Bridgeman / ACI

03 condesa Noailles Ignacio Zuloaga. La condesa de Noailles

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La condesa de Noailles

La condesa Anne de Noailles, aristócrata francesa de origen rumano, tuvo un destacado papel en la vida literaria del París de fin de siglo. Noailles logró un gran éxito con sus poemas cargados de insinuaciones eróticas y numerosos artistas de la época la retrataron, como el que realizó Ignacio Zuloaga en 1913 actualmente, expuesto en el Museo de Bellas Artes de Bilbao.

FOTO: AKG / Album

04 la Bella Otero Reutlinger. La Bella Otero

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La Bella Otero

Se hacía llamar Carolina aunque su verdadero nombre era Agustina, y a pesar de que había nacido en la localidad pontevedresa de de Valga decía que era andaluza y de origen gitano. La Bella Otero cultivó su imagen de mujer exótica inventando muchos episodios de su biografía y conquistó París desde el escenario del Folies Bergère. A sus dotes artísticas añadió una fama de mujer fatal, confirmada por una larga lista de amantes entre los que se contaban magnates, políticos e, incluso, reyes, como Guillermo II de Alemania, Leopoldo II de Bélgica o Alberto de Mónaco.

FOTO: H. Lewandowski / RMN-Grand Palais

Loië Fuller bailarina Taber Isaiah West. Loïe Fuller

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Loïe Fuller

Marie Louise Fuller, más conocida como Loïe Fuller, fue una actriz y bailarina norteamericana que causó sensación con sus danzas serpenteantes en las que utilizaba tejidos vaporosos y luces multicolores. Fue una de las primeras artistas norteamericanas en triunfar en los escenarios europeos y su dominio de los efectos visuales sobre el escenario inspiró a los hermanos Lumière o a Georges Méliès. Fuller también atrajo la atención de artistas como Toulouse-Lautrec o Rodin e incluso de científicos como Pierre y Marie Curie. Mujer polifacética, fue también escritora y productora y se convirtió en la mentora de Isadora Duncan en la capital francesa.

FOTO: H. Lewandowski / RMN-Grand Palais

02 Sarah Bernhardt Melisenda Rostand

Musas de la Belle Epoque: las primeras estrellas del espectáculo

La Belle Époque fue testigo del boom de las actrices famosas, cuya imagen contribuyeron a difundir los nacientes medios de comunicación. Nombres como Sarah Bernhardt, Loïe Fuller, la Bella Otero, Lina Cavalieri, o la condesa Anne de Noailles se hicieron un hueco en el panorama artístico e intelectual de la época. Los nuevos medios de transporte permitieron también a estas mujeres actuar en los escenarios de Europa y América, convirtiéndolas en las primeras estrellas globales. Todas ellas destacaban por su belleza, pero también por su personalidad y su estilo de vida, salpicado de notorios romances con hombres poderosos (casados en muchos casos), que provocaron no pocos escándalos, ya que se alejaban de los cánones femeninos tradicionales. Fueron sobre todo bailarinas, actrices y cantantes, pero también se dedicaron a la literatura o a las actividades empresariales, haciéndose un lugar en un mundo dominado por hombres sin necesidad de estar subordinadas a ellos. A su manera, sirvieron de ejemplo para las mujeres y contribuyeron a su emancipación haciendo cosas tan revolucionarias en aquella época como vestir pantalones o fumar.

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