Hermanos Grimm, los coleccionistas de cuentos

La recopilación de cuentos tradicionales que Wilhelm y Jacob Grimm publicaron en 1812 haría famosas las historias de Blancanieves, Hansel y Gretel o Caperucita Roja

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Jacob y Wilhelm Grimm

Los hermanos Grimm son recordados por su recopilación de historias infantiles tradicionales, pero su labor se extendió también a la investigación lingüística, llegando a publicar un diccionario etimológico. También fueron profesores universitarios. Fueron desterrados del territorio de Hannover junto con otros cinco catedráticos tras firmar, en 1837, una carta de protesta contra el soberano de Hannover cuando éste abolió el régimen constitucional. En la revolución de 1848, Jacob fue elegido diputado en la Asamblea Nacional de Fráncfort. En la imagen Wilhelm (de pié) y Jacob posan para un daguerrotipo tomado hacia 1850.

FOTO: AKG / Album

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El encargo de Brentano

Clemens Brentano se propuso recopilar cuentos para realizar un libro de poesías basadas en esas historias tradicionales. De él surgió el encargo que Friedrich Carl von Savigny trasladó a los hermanos Grimm, buscar relatos populares de su región. Estas historias acabaron convirtiéndose en la colección de cuentos que Jacob y Wilhelm publicaron en 1812. La imagen pertenece a un retrato realizado por Emilie Linder del escritor alemán hacia 1840.

FOTO: AKG / Album

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Hanau

La plaza del Ayuntamiento de la localidad alemana de Hanau, lugar de nacimiento de los hermanos Grimm. En el centro de la plaza, la estatua que los representa.

FOTO: Getty Images

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Un final demasiado cruel

Los cuentos delos hermanos Grimm han sido reeditados en multitud de ocasiones y los castigos y los finales han ido blanqueándose a lo largo de estos últimos 200 años. En la edición de 1812, las hermanas de Cenicienta se cortan los dedos de los pies y los talones para que les entre el zapato. Además, las palomas benefactoras de la protagonista les sacan a cada una un ojo al entrar y otro al salir de la iglesia el día de la boda de la doncella, con lo que quedan ciegas de por vida. Portada de una edición de los cuentos de los hermanos Grimm de 1865.

FOTO: Alamy / ACI

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Dorothea Viehmann, la cuentacuentos

Dorothea Viehmann era la hija de un inmigrante hugonote, que residía en las cercanías de la ciudad de Kassel y fue la mujer que más historias aportó a la recopilación de Jacob y Wilhelm. Louis Katzenstein recreó en el siglo XIX a los hermanos Grimm escuchando una de las historias explicadas por la mujer.

FOTO: Bridgeman / ACI

01 hermanos Grimm Jacob Wilhelm daguerrotipo

Hermanos Grimm, los coleccionistas de cuentos

A inicios del siglo XIX, Wilhelm y Jacob Grimm llevaron a cabo una exhaustiva recopilación de historias infantiles tradicionales alemanas. Su trabajo culminó con la publicación de una serie de relatos que se han convertido en los cuentos infantiles más célebres y más editados en todo el mundo. Los hermanos llevaron a cabo su labor en un periodo de exaltación nacional –Prusia estaba en guerra contra la Francia de Napoleón– y de búsqueda de las raíces alemanas.

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En este contexto, los escritores alemanes Clemens Brentano y Achim von Arnim decidieron elaborar una colección de poesías basadas en cuentos populares alemanes, que aparecería en tres volúmenes, entre 1805 y 1808, bajo el título El muchacho de la trompa mágica. Brentano y Arnim formaban parte del círculo romántico de Heidelberg y eran fieles seguidores de las teorías de Johann Gottfried Herder, quien mantenía que la poesía era el alma o el espíritu del pueblo, por lo que era necesario recopilar los testimonios de las literaturas populares desaparecidas a fin de recuperar y entender ese espíritu, diferente en cada nación. Siguiendo estos postulados, los dos amigos se esforzaron por recuperar los tesoros de la antigua poesía popular alemana, que se creían perdidos, para rescatarlos y entregarlos de nuevo al pueblo.

Los escritores Clemens Brentano y Achim von Arnim pretendían recuperar los tesoros de la poesía popular alemana

En 1806, Brentano escribió desde Heidelberg a su cuñado, Friedrich Carl von Savigny, profesor en la Universidad de Marburgo, para preguntarle si conocía a alguien en Kassel que pudiera darse una vuelta por la biblioteca y ver si había allí algún que otro antiguo poema que le pudiera copiar. Savigny pensó enseguida en uno de sus estudiantes, un joven de 21 años llamado Jacob Grimm, quien aceptó el encargo junto a su hermano Wilhelm, un año menor.

Salvados por una tía

Jacob y Wilhelm eran naturales de Hanau, en el Principado de Hesse-Kassel. Con poco más de diez años Jacob y Wilhelm habían perdido a su padre, funcionario de profesión, lo que sumió a su familia numerosa (en total eran seis hermanos) en graves dificultades económicas. Tan sólo gracias al apoyo de una tía que residía en la corte pudieron continuar sus estudios y trasladarse en 1802 a Marburgo para estudiar Derecho. No podían imaginar que allí descubrirían una vocación que determinaría sus vidas.

En efecto, el encargo de Brentano llevaría a Jacob y Wilhelm Grimm a embarcarse en un proyecto propio de gran ambición: elaborar una recopilación de cuentos populares a la que dieron el nombre de Cuentos de niños y del hogar (en alemán Kinder und Hausmärchen). En cuanto los hermanos empezaron a trabajar en los cuentos, se dieron cuenta de que eran una reliquia del pasado alemán de la que no se podía prescindir. El propio Jacob manifestó en una ocasión que no habría podido trabajar con tanto afán en textos aparentemente tan humildes si no hubiera estado seguro de lo importantes que podrían ser para la comprensión de la poesía, la mitología y la historia de Alemania.

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A finales de 1806 o comienzos de 1807, los hermanos estaban trabajando ya en la recopilación de los textos. Inicialmente se apoyaron en relatos orales, porque este procedimiento prometía más posibilidades de obtener buenos resultados, y no dejaron de esforzarse por rastrear y buscar nuevos relatores, sobre todo mujeres mayores del campo. Pero encontrarlas y hacerse con los tan deseados cuentos fue a veces una tarea llena de dificultades.

Mujeres «cuentistas»

Hoy sabemos que no todos los cuentos de los hermanos Grimm están basados en relatos orales. Algunos eran variantes, orales y escritas, de recopilaciones de cuentos publicadas previamente, como las de madame D’Aulnoy, Charles Perrault, Gianfrancesco Straparola, Giambattista Basile y el clásico de la literatura árabe las Mil y una noches, así como de las primeras colecciones de cuentos alemanes: las de Johann Karl August Musäus y Benedikte Naubert.

En cualquier caso, fueron más de veinte las personas que contribuyeron con sus relatos. Entre ellas se cuentan las seis hijas del farmacéutico Wild, vecino de los Grimm en Kassel (una de ellas, Dorothea Wild, contraería matrimonio posteriormente con Wilhelm), así como Friederike Mannel, hija del pastor de la cercana localidad de Allendorf, las hermanas Hassenpflug, las seis hijas de la familia Haxthausen y también las hermanas Droste-Hülshoff, una de las cuales, Annette, se convertiría en la poetisa más relevante del siglo XIX alemán. Pero la que más cuentos aportó a la colección fue, sin duda alguna, Dorothea Viehmann (de soltera Pierson), hija de un inmigrante hugonote, que residía en las cercanías de la ciudad de Kassel.

Así pues, todo el material de los cuentos, con muy escasas excepciones, fue aportado exclusivamente por mujeres. El hecho es relevante porque no debe olvidarse que muchas de ellas habían recibido una educación afrancesada, bien por su claro origen hugonote, bien porque por aquel entonces estaba de moda educar en la cultura francesa a las hijas de las clases más distinguidas de la sociedad.

De este modo, no resulta extraño que algunos de los cuentos transmitidos por estas mujeres fueran, en realidad, versiones de los cuentos de hadas franceses, que habían llegado a Alemania a través de las colecciones de madame D’Aulnoy y otras, y eran utilizados con frecuencia para que los niños aprendieran la lengua del país vecino. Pero más importante, si cabe, es el hecho de que las narradoras de los cuentos no fueron precisamente campesinas, sino mujeres de la alta burguesía y con una buena formación.

El material de los cuentos fue aportado casi exclusivamente por mujeres de la alta burguesía y con una buena educación

A finales de 1812, los hermanos publicaron su colección gracias al acuerdo al que llegó Achim von Arnim con un impresor de Berlín. El reconocimiento no se hizo esperar, y el 14 de octubre de ese mismo año Wilhelm Grimm escribía a su hermano: «Los cuentos nos han hecho famosos en todo el mundo». Una razón de este éxito reside, quizás, en la estricta fidelidad con que los Grimm reprodujeron los cuentos, sin añadir nada que no estuviera presente en el relato original. Los hermanos se sentían por encima de todo filólogos, coleccionistas, transmisores y preservadores de un tesoro popular, en contraste con sus predecesores, que habían trabajado de forma muy libre con los testimonios de la poesía popular, dándoles una forma claramente literaria, en correspondencia con la de las colecciones de cuentos italianos o franceses que circulaban por toda Alemania.

Éxito inmediato

A lo largo de unos cuarenta años aproximadamente se publicaron sucesivas ediciones de la obra. De 1807 a 1810, fue Jacob quien más trabajó en los cuentos y quien empezó a publicarlos en periódicos y almanaques como testimonio de la pervivencia oral de antiguos mitos y epopeyas alemanes. Pero sería Wilhelm quien, posteriormente, empezaría a publicarlos en almanaques para niños, sentando con ello las bases para el que sería después su público principal. Wilhelm fue perfilando el estilo, y en ocasiones retocó algunos detalles de las historias que podrían no resultar del todo convenientes para los jóvenes lectores. Por ejemplo, en la primera versión de Blancanieves la reina malvada no era la madrastra de la niña, sino su propia madre, al igual que en la edición de 1812 de Hansel y Gretel era la madre, y no la madrastra, la que enviaba los niños al bosque para que murieran allí de inanición o devorados por las fieras.

La combinación de la recopilación científica de Jacob y la reelaboración estilística de Wilhelm produjo la magnífica obra que todos conocemos y que tan importante puesto ocupa en la literatura occidental, convirtiendo los cuentos de los hermanos Grimm en el libro alemán más editado y más traducido de todos los tiempos.

Para saber más

Los hermanos Grimm en contexto. I. Hernández y M. Llamas (ed.). Síntesis, Madrid, 2014.

Cuentos. Hermanos Grimm. Cátedra, 2005.

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