Gerda Taro, la primera fotoperiodista de guerra

De familia judía y convicciones de izquierdas, Gerda Taro nació en Stuttgart, Alemania, el 1 de agosto de 1910. Con el ascenso de Hitler al poder tuvo que huir a París, donde conoció al que, a la postre, se convertiría en su pareja, Endre Friedmann, con el que gestó una curiosa treta para conseguir vender sus fotografías… Y juntos se convirtieron en el famoso fotógrafo Robert Capa.

Gerda Taro junto a su pareja Endre Friedmann, con el que inventaría el personaje de Robert Capa.

Gerda Taro junto a su pareja Endre Friedmann, con el que inventaría el personaje de Robert Capa.

Foto: CordonPress

Gerda Taro junto a su pareja Endre Friedmann, con el que inventaría el personaje de Robert Capa.

Robert Capa no existe. Puede parecer una afirmación extraña, pues muchos creen que Capa ha sido el mejor periodista de guerra de la historia, pero es una realidad. Al menos a medias. Robert Capa es realmente un pseudónimo, una marca tras la que se escondían dos personas, un hombre y una mujer: Endre Friedmann y Gerda Taro. Pero empecemos por el principio.

Gerta Pohorylle, nombre real de Taro, nació en Stuttgart el 1 de agosto de 1910 dentro de una familia judía, burguesa y polaca. No es difícil imaginar que, tras el ascenso del partido Nacionalsocialista Obrero Alemán (el partido Nazi) al poder en 1933, tanto Gerta como su familia se vieron obligados a tomar medidas para sobrevivir. La joven Gerta decidió entonces huir a París con una amiga.

Tan solo un año después de llegar a París Gerda Taro conoció a Endre Friedmann, quien a la postre se convertiría en su pareja y compañero de trabajo

Un año más tarde de su estancia en la capital francesa conoció a la horma de su zapato: Endre Friedmann, quien se convertiría en su cómplice, en su compañero y con el que desarrolló una idea genial: crear un personaje inventado bajo el cual firmarían los trabajos fotográficos que venderían posteriormente a los medios de comunicación.

El nacimiento de Robert Capa

Así nació Robert Capa, un fotógrafo americano, rico y famoso. Como explica el libro Robert Capa, retrospectiva 1932-1954, Endre, que se hacía pasar por operador de laboratorio de Capa, sería quien haría realmente las fotos que Gerda, que trabajaba para un agencia de fotografía, se encargaría de vender como originales de Capa. Si algún editor quería ver a Capa o entrevistarse con él, ya se encargaría Gerda de inventarse una excusa para evitar el imposible encuentro. Y la treta funcionó.

Si algún editor quería ver a Robert Capa o entrevistarse con él, Gerda se inventaría una excusa para que el encuentro nunca tuviera lugar.

Gerda convencía a los editores de que las fotos de Robert Capa merecían un desembolso mucho mayor que lo habitual, pues realmente valían la pena. Y juntos se saltaban el antisemitismo de algunos además de conseguir honorarios que les permitieran sufragar gastos y vivir más holgados. Como apunta el título Gerda Taro, de la colección del International Center of Photography, "no se trataba solo de una reacción de Taro y Capa frente a la precariedad de su situación económica. Era también una respuesta al antisemitismo alemán y a la creciente antipatía de los franceses hacia los extranjeros".

Una miliciana republicana se entrena durante la Guerra Civil Española, en agosto de 1936. La fotografía es de Gerda Taro.

Una miliciana republicana se entrena durante la Guerra Civil Española, en agosto de 1936. La fotografía es de Gerda Taro.

Foto: CC

La Guerra Civil como trampolín fotográfico

El conflicto español junto con el incremento de las publicaciones dedicadas al desarrollo histórico permitió transformar el alter ego de Capa en un auténtico fenómeno mediático. Pero la carrera fotográfica de ambos se separó a principios del 37, cuando Gerda firmó su propio contrato con el diario vespertino parisino Ce Soir y se quedó a vivir en la Casa de la Alianza de Madrid sin Friedmann. Así emprendió su propio camino, realizó fotos bajo únicamente su firma y en ocasiones bajo una firma conjunta de "Reportaje Capa & Taro".

Taro buscaba cambiar las decisiones políticas a través de sus fotografías tanto del frente como del sufrimiento de la población civil

El primer reportaje importante únicamente con la firma de Taro se publicó en Regards el 15 de abril de 1937. Milicianos, tropas, patrullas, mujeres armadas... La atención fotográfica de Taro estaba centrada en el frente de guerra pero también en la población civil. Era consciente del poder de la fotografía y aquellas fotos valientes mostraban mucho más que entretenimiento, tenían un marcado carácter informativo y propagandístico. El fin último de Taro era acabar con la política no intervencionista propugnada por los poderes occidentales sobre el conflicto español. Tanto Taro como Capa y su colega fotógrafo David Seymour (más conocido como "Chim") mostraban la destrucción de la guerra desde el punto de vista de las víctimas con el objetivo de ejercer presión directa sobre quienes estaban en el poder y tomaban decisiones políticas. Fotoperiodismo de guerra con convicciones políticas. Y como posteriormente expresó el propio Capa, fotografía cercana al conflicto, pues "si las fotos no son suficientemente buenas, es que no te has acercado lo suficiente".

Retrato anónimo de Gerda Taro realizado pocos días antes de morir, en julio de 1937.

Retrato anónimo de Gerda Taro realizado pocos días antes de morir, en julio de 1937.

Foto: CC

Muerte en Madrid

"Las primeras y únicas fotografías de la ofensiva, impregnadas del humo de la batalla" rezaba Regards sobre las fotografías de Taro. Precisamente la mala suerte fue a encontrar a Gerda en el campo de batalla. Mientras las tropas republicanas se replegaban ante un ataque aéreo del bando Nacional, un tanque fuera de control acabó atropellándola por accidente. Fue trasladada al hospital de campaña de la 35ª división en El Escorial, pero los médicos no pudieron salvar la vida de la fotógrafa, muriendo en las primeras horas del 26 de julio de 1937.

"La Guerra Civil Española mata a su primera fotógrafa" apuntaba la revista Life tras la muerte de Gerda Taro

El Partido Comunista Francés organizó un acto conmemorativo estatal para generar un efecto político y el partido compró una tumba con una concesión a 100 años en el cementerio de Père-Lachaise. Flores e intelectuales rodearon su tumba y el 28 de julio Ce Soir publicó una fotografía de Taro encuadrada en un solemne marco negro. El adiós a una mujer joven, valiente y bella que había realizado el sacrificio máximo por la causa antifascista , explicaban. "La Guerra Civil Española mata a su primera fotógrafa" apuntaba la revista Life.

Fotografía de Gerda Taro: dos soldados republicanos con un soldado en una camilla.

Fotografía de Gerda Taro: dos soldados republicanos con un soldado en una camilla.

Foto: CC

Capa se queda huérfano

"Ahora que Gerda ha muerto, todo se ha acabado para mí” explicó Friedmann tras enterarse en París del fallecimiento de su amada. Y es que como imagina el grupo de pop Alt+J en su canción Taro, narrando los últimos segundos de vida de Friedmann, “de Capa a Capa, la oscuridad después de la nada, reunido de nuevo con mi pierna (Friedman murió tras pisar una mina anti personas), y contigo, Taro”. Pues parece que Friedmann no era el mismo sin Taro. Que Capa quedó huérfano de madre con su óbito. Que Taro era parte del alma fotográfica de Capa incluso después de muerta.

Y el fotoperiodismo fue un poco peor desde ese día. Eso sí, en la memoria quedarían cientos de fotos de guerra, de la sociedad que la rodeaba; retratos, situaciones y lugares que, de otra manera, habrían pasado desapercibidos y olvidados. Imágenes que cambiaron el mundo y que denunciaron el dolor de la guerra. Las fotos de la primera fotoperiodista.

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