Hallada una ofrenda azteca de un jaguar junto al Templo Mayor, en México

"No sabemos si bajo la ofrenda del jaguar hay una tumba real, la cual seguimos buscando", explica Leonardo López Luján, el director del Proyecto Templo Mayor, a National Geographic España. También han encontrado un depósito cilíndrico que contenía los restos de un niño vestido como Huitzilopochtli, "con alas hechas de huesos de gavilán y adheridas a sus hombros"

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Ofrenda de una loba

Loba de la Ofrenda 174, vestida como una guerrera. La nueva ofrenda, correspondiente a una hembra de jaguar, ha sido excavada a unos pocos metros al oeste de la ofrenda de la loba, en el Centro Histórico de la Ciudad de México.

Foto: Mirsa Islas, cortesía del Proyecto Templo Mayor

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Excavación de la Ofrenda 177

Foto: Mirsa Islas, cortesía del Proyecto Templo Mayor

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Ofrenda 178: Tomás Cruz realizando la primera inspección

Foto: Mirsa Islas, cortesía del Proyecto Templo Mayor

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Ofrenda 178: espinas y cráneo de pez globo

Foto: Miguel Báez, cortesía del Proyecto Templo Mayor

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Exploración de la Ofrenda 178

Foto: Mirsa Islas, cortesía del Proyecto Templo Mayor

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Exploración de la Ofrenda 179

Foto: Mirsa Islas, cortesía del Proyecto Templo Mayor

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Excavación de la Ofrenda 179

Foto: Mirsa Islas, cortesía del Proyecto Templo Mayor

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Hallada una ofrenda azteca de un jaguar junto al Templo Mayor, en México

Exactamente a cinco metros de profundidad, en el cruce de las calles República de Guatemala y República de Argentina, en el Centro Histórico de la Ciudad de México. Al pie de la mitad sur del Templo Mayor de México-Tenochtitlán, la gloriosa capital del Imperio mexica (azteca). Ahí está excavando un equipo de 25 especialistas del Proyecto Templo Mayor, del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), dirigido por Leonardo López Luján.

El Templo Mayor era la pirámide principal del Imperio mexica, su centro ceremonial, y estaba coronada por dos capillas: la norte, dedicada a Tláloc, el dios de la lluvia y de la tierra; y la sur, dedicada a Huitzilopochtli, el dios del sol y de la guerra. Los arqueólogos trabajan actualmente frente a la capilla de Huitzilopochtli, excavando en el centro de una plataforma circular de poco más de 16 metros de diámetro: el Cuauhxicalco. "Y ahora estamos explorando exactamente el centro de ese círculo, a unos pocos metros al oeste de donde hallamos un espacio cuadrado de piedra que contenía los restos de un lobo sacrificado con piezas de oro purísimo", revela López Luján a National Geographic España.

Un lobo sacrificado hace 500 años por los aztecas y adornado con piezas de oro purísimo

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En el centro del Cuauhxicalco, y en línea con la capilla de Huitzilopochtli del Templo Mayor, han descubierto dos nuevos espacios cuadrangulares, que contienen ricas y misteriosas ofrendas de los aztecas: el espacio más grande contenía el esqueleto de un jaguar adulto del sexo femenino, engalanado como un guerrero; y el espacio más pequeño contenía miles de conchas y caracoles, además de barras de copal, una resina aromática que se usaba como incienso. Y, al este de las ofrendas del lobo y del jaguar, ambos ataviados como guerreros, han hallado un depósito cilíndrico que contenía los restos de un niño vestido como Huitzilopochtli, "con alas hechas de huesos de gavilán y adheridas a sus hombros", detalla David Alire García, el autor de esta exclusiva, publicada ayer en Reuters. "Este es el segundo niño que hemos hallado dedicado al dios de la guerra. Según las fuentes históricas españolas, los sacrificaban para pronosticar el desenlace de las batallas", explica López Luján.

Primero fue la ofrenda de un lobo, ahora la de un jaguar, ambos ataviados como guerreros

"El jaguar estaba vestido como un guerrero, con un aro de madera sobre la espalda, el anáhuatl, el símbolo de los dioses guerreros, y armado con un dardo y un lanzadardos, también de madera. El animal fue cubierto con una capa de corales de cuatro especies diferentes, además de conchas, caracoles pequeños, peces globo y numerosas estrellas marinas de la especie Pentaceraster cumingi, que son de color rojo y que viven en el océano Pacífico, a 300 kilómetros de distancia de Tenochtitlán-Ciudad de México. También hay dos esqueletos de ibis espatulado, un ave de plumaje rojizo asociada a los reyes y a los guerreros muertos en la guerra", describe López Luján. Este contexto arqueológico recientemente hallado corresponde a la sexta etapa constructiva del Templo Mayor, promovida por el gobernante Ahuízotl (1487-1502 d.C.), cuya tumba, buscada por el INAH, aún no ha sido descubierta.

A la búsqueda de la tumba real azteca

"No sabemos si bajo la ofrenda del jaguar hay una tumba real, la cual seguimos buscando. Las fuentes históricas indígenas y españolas del siglo XVI dicen que tres hermanos que se sucedieron en el trono (Axayácatl, Tízoc y Ahuítzotl) fueron cremados al pie del Templo Mayor y sus cenizas fueron enterradas dentro o a un lado del Cuauhxicalco", declara el director del Proyecto Templo Mayor. La excavación del Cuauhxicalco podría deparar unos hallazgos arqueológicos extraordinarios. Los arqueólogos cada vez están más cerca...

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