"Agamenón", el homínido más famoso de Atapuerca, no estaba sordo

Un reciente estudio científico desmiente las conclusiones a las que se llegó en 1997 tras el estudio del Cráneo 4 de la Sima de los Huesos de Atapuerca. Al parecer, "Agamenón" sufría una patología en el oído, pero ésta no le impidió oír.

Juan Luis Arsuaga recoge el cráneo 4 tras ser cuidadosamente desenterrado.

Juan Luis Arsuaga recoge el cráneo 4 tras ser cuidadosamente desenterrado.

Foto: Javier Trueba, Madrid Scientific Films

Un descubrimiento maravilloso

En 1992, los paleontólogos que excavaban en la Sima de los Huesos del yacimiento de Atapuerca, en Burgos, descubrieron un cráneo perteneciente a la especie Homo heidelbergenis, de 43.000 años de antigüedad. El hallazgo fue denominado oficialmente como Cráneo 4, aunque fue bautizado por sus descubridores como "Agamenón". Aparte de su buen estado de conservación, "Agamenón" (que se exhibe en el Museo de la Evolución Humana de Burgos) se hizo asimismo famoso por ser considerado uno de los casos más antiguos de sordera conocidos en el mundo. O eso se creía hasta ahora.

Pero recientemente, un grupo de investigadores de varias universidades, liderado por Mercedes Conde-Valverde, investigadora de la Cátedra de Otoacústica Evolutiva y Paleoantropología de la Universidad de Alcalá de Henares, ha llegado a la conclusión de que este homínido, a pesar de ciertas irregularidades óseas, podía oír perfectamente. El resultado del estudio se ha publicado en la revista Journal of Human Evolution. Para llevar a cabo esta investigación sobre el cráneo de "Agamenón" se emplearon varias técnicas de tomografía computerizada y se creó un modelo tridimensional de la estructura del oído del individuo para poder establecer sus capacidades auditivas. Y el resultado ha sido que, efectivamente, "Agamenón" podía oír.

Modelo 3D obtenido a partir del procesamiento informático de varios centenares de tomografías computarizadas del cráneo 4

Modelo 3D obtenido a partir del procesamiento informático de varios centenares de tomografías computarizadas del cráneo 4

Foto: Elena Santos, Equipo de Investigación de Atapuerca

Un homínido que oía tan bien como los demás

Hasta ahora se había abundado en la tesis de la sordera porque los conductos auditivos derecho e izquierdo de "Agamenón" presentaban un crecimiento irregular en los huesos del oído que bloqueaban parcialmente ambos conductos, una patología conocida como exostosis o coloquialmente "oído del surfista". Esta anomalía, que puede causar episodios de otitis externa que se manifiestan como sensación de taponamiento, dolor y secreción purulenta por el conducto auditivo externo, es frecuente en personas que se exponen habitualmente al agua fría (como buceadores, nadadores o surfistas), aunque en su aparición también tienen mucho que ver la genética y otras causas externas como la exposición continuada a fuertes vientos o las infecciones bacterianas. Cuando se estudió el cráneo por primera vez, en 1997, los investigadores llegaron a la conclusión de que la exostosis había llegado a cerrar por completo ambos conductos causando sordera a "Agamenón".

"Agamenón" sufría una patología conocida como exostosis, que hasta ahora se pensaba que le había causado sordera. El estudio actual desmiente esta creencia.

Así, el actual estudio concluye que la exostosis que padeció "Agamenón" no parece haber sido tan grave como para haber impedido la audición del homínido, quien, por otra parte, es un caso particular. Según Conde-Valverde, "es el único entre más de una decena de cráneos que pueden ser estudiados [que sufre de exóstosis], lo que parece indicar que la patología no se debe a ningún factor ambiental al que estuviera expuesta toda la población". "Nuestros resultados sugieren precaución al atribuir consecuencias auditivas a la presencia de estos crecimientos óseos si no se realizan estudios tan detallados y exhaustivos como el realizado con el Cráneo 4", concluye Conde-Valverde.

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Los resultados del estudio han dado al traste con lo que hasta ahora se daba como seguro en el caso de "Agamenón", pero, como destaca Juan Luis Arsuaga, catedrático de Paleontología de la Universidad Complutense de Madrid y codirector del equipo de Atapuerca, "la calidad científica de un equipo también se mide por su capacidad de estar continuamente revaluando críticamente sus propios resultados anteriores".

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