Delacroix y la superioridad del sentimiento sobre la razón

La National Gallery de Londres examina la dinámica trayectoria del pintor francés y evalúa su influencia póstuma en artistas como Manet, Cézanne, Renoir, Van Gogh y Matisse

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Autorretrato (c. 1837) de Eugène Delacroix.

Foto: RMN-Grand Palais (Musée du Louvre) / Jean-Gilles Berizzi

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Fanáticos de Tánger (1838), de Eugène Delacroix.

Foto: The Minneapolis Institute of Art

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La muerte de Sardanápalo (1846), réplica reducida de Eugène Delacroix.

Foto: Philadelphia Museum of Art

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Bañistas (1854), de Eugène Delacroix.

Foto: Wadsworth Atheneum Museum of Art, Hartford, CT

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La caza del león (1861), de Eugène Delacroix.

Foto: The Art Institute of Chicago

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Cristo en el mar de Galilea (1853), de Eugène Delacroix.

Foto: The Metropolitan Museum of Art, New York

Van Gogh

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Van Gogh

Piedad (1889), de Vincent van Gogh.

Foto: Van Gogh Museum, Amsterdam

Cézanne

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Cézanne

La batalla del amor (c. 1880), de Paul Cézanne.

Foto: Image courtesy of the Board of Trustees, National Gallery of Art, Washington, DC.

Kandinski

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Kandinski

Estudio para la improvisación V (1910), de Vasili Kandinski.

Foto: The Minneapolis Institute of Art

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Delacroix y la superioridad del sentimiento sobre la razón

El pintor francés Eugène Delacroix (1798-1863) escribió lo siguiente en su diario: "Me desagrada la pintura razonable". El máximo exponente de la pintura romántica, que defendía la superioridad del sentimiento sobre la razón, se dejó llevar como nadie por la fantasía, la belleza sensual, los colores exóticos y las composiciones innovadoras. "Todos pintamos en el lenguaje de Delacroix", observó Paul Cézanne.

La exposición Delacroix y el auge del arte moderno, del 17 de febrero al 22 de mayo de 2016 en la National Gallery de Londres, examina su dinámica trayectoria y va más allá, evaluando por primera vez su influencia póstuma en artistas como Manet, el propio Cézanne, Renoir, Van Gogh y Matisse. La muestra reúne más de sesenta obras procedentes de colecciones públicas y privadas de todo el mundo como el Museo del Louvre, el Museo de Orsay, el Petit Palais, el Museo J. Paul Getty de Los Ángeles, el Metropolitan Museum of Art de Nueva York, la National Gallery of Art de Washington y el Museo Van Gogh de Ámsterdam.

Más de una tercera parte de la exposición está dedicada a Delacroix, el precursor de la pintura moderna, con obras maestras como su Autorretrato (c. 1837), Fanáticos de Tánger (1838), La muerte de Sardanápalo (1846), Bañistas (1854), y La caza del león (1861). El resto está dedicado a artistas de generaciones posteriores que bebieron de su arte, como Van Gogh y su Piedad, Cézanne y La batalla del amor, Matisse y su Estudio para lujo, cama y voluptuosidad y Kandinski y su Estudio para la improvisación V. Delacroix liberó el color y la técnica de las normas tradicionales, estudió el efecto óptico del color y creó composiciones atrevidas y sujetos exóticos que inspiraron a impresionistas, postimpresionistas, simbolistas y fauvistas.

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