La leyenda de Argos y el ave de los 100 ojos

Pavo cristatus

Pavo cristatus

Foto: Annaïs Pascual

Pavo cristatus, es una criatura fascinante. Siempre lo ha sido. A pesar de ser originario del sur de Asia, el pavo real se encuentra estrechamente vinculado a la cultura occidental, gracias, en parte, a la prolija y exuberante mitología griega, a través de la cual hasta nuestros días han sobrevivido leyendas y mitos como el de Argos, el guardián favorito de la diosa Hera.

La historia comenzó a raíz de una de las múltiples infidelidades del dios supremo del Olimpo con una de las sacerdotisas de su mujer, Ío, de quien se enamoró. A pesar de las argucias del todopoderoso para mantener su romance en secreto, Hera los descubrió, y presa de los celos, a modo de castigo, decidió convertir a la joven doncella en una ternera blanca cuya custodia encomendó a Argos, un centinela gigante dotado de cien ojos los cuales iba turnando para así mantenerse en un estado de perpetua vigilia. El guardián perfecto.

Reacio a renunciar a ninguna de sus amantes, Zeus decidió encargar al dios dotado de mayor perspicacia y astucia, Hermes, recuperar a su doncella. Fue así qué, valiéndose de la dulce melodía de su flauta de pan, o bien tras relatar a Argos incontables aventuras, el mensajero de los dioses consiguió que el monumental guardián cayera preso del sueño para cortarle la cabeza y liberar a la doncella convertida en res.

El acto de Hermes infligió un profundo dolor y una rabia incontenible en Hera, quien a modo venganza ató un tábano a uno de los cuernos, y con ello, al destino de Ío. Por otro lado, para conferir la eternidad a su fiel gigante custodio, transmutó sus cien ojos en los hipnóticos y vigilantes ocelos que generación tras generación, hasta nuestros días, y para siempre, engalanan las plumas exquisitas del pavo real.

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