Los osos de agua son algunos de los seres más fascinantes que habitan la Tierra. Este animal microscópico que comparte un ancestro común con los artrópodos fue descrito por primera vez en 1773 por el zoólogo alemán Johann August Ephraim Goeze, quien haciendo referencia a su manera de caminar los denominó "ositos de agua". Sin embargo, solo algunos años más tarde se popularizaría el nombre con el que hoy los conocemos, "tardígrados", que también aludiendo a su modo de desplazarse significa "lento caminar". 

Como decíamos, estos animales son seres fascinantes por muchas razones. Se trata de organismos extremófilos, que aunque a pesar de ser terrestres y abundar entre musgos, líquenes y helechos, pueden habitar en cualquier rincón de la Tierra. De hecho, estas criaturas son capaces de sobrevivir al vacío y la radiación del espacio, una cualidad única no observada hasta el momento en ningún otro organismo vivo. 

Otro aspecto curioso es su reproducción, en la cual ponen sus huevos a la vez que mudan la cutícula que los cubre, de tal forma que esta albergará y dará protección al huevo hasta su eclosión. 

Sin embargo, quizá la cualidad más impresionante de estos animales es capacidad para entrar para entrar en un estado de animación suspendida o anhidrobiótico conocido como criptobiosis. Es decir, ante condiciones extremas de radiación, temperatura, contaminación o escasez de recursos, los tardígrados pueden deshidratarse casi por completo y reducir su metabolismo a niveles mínimos, pudiendo resistir durante décadas a la espera de un momento más idóneo para su desarrollo. 

 

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