Los humedales, un remanente exuberante de la cuna de la civilización en marcado contraste con el desierto que prevalece en otras partes del Medio Oriente, renacieron en Chibayisha después de la caída de Saddam Hussein en 2003, cuando las presas que había construido para drenar el área y erradicar a los rebeldes chiítas fueron desmanteladas. 

Hoy, sin embargo, es la sequía y la invasión de la sal, junto con la falta de acuerdo político entre Irak y Turquía, las que están poniendo en peligro las marismas que rodean los ríos Tigris y Éufrates, en el sur de Irak.

Según la Organización para la Agricultura y la Alimentación, la escasez de agua de este año en la zona ha sido la peor en 4 décadas, y ha llevado a los pastores de búfalos de los humedales de Chibayisha a endeudarse y empobrecerse, lo que obligó a muchos a abandonar sus hogares y emigrar a ciudades cercanas en busca de trabajo.

Abbas Hashem, un pastor de la zona, ha perdido 5 de los 20 búfalos de su rebaño desde el mes mayo, debilitados por el hambre o envenenados por el agua salada que se filtraba en los pantanos. Otros pastores de búfalos en el área dicen que sus animales también han muerto o producen leche que no es apta para vender.

El día en que se tomó esta imagen Hashem fijó su mirada preocupada sobre este horizonte: la jornada casi había terminado y, aún así, no había señales del último de sus búfalos de agua. “Este lugar solía estar lleno de vida”, cuenta. “Ahora es un desierto, un cementerio”. Él sabe que cuando sus animales no regresan de vagar por los pantanos de esta parte de Irak, deben estar muertos. 

 

 

 

 

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