El pequeño tamaño de las orquídeas silvestres hace que no siempre sea fácil verlas. Necesitarás agudizar tus sentidos para localizarlas y para tomar una imagen bella y creativa de estas flores.

Para esta captura, hemos utilizado un objetivo macro. Este tipo de objetivos dispone de una distancia mínima de enfoque, con una gran capacidad de aumento, que los convierte en los idóneos para la fotografía de flora. Podremos captar las pequeñas flores al tamaño real del sujeto y así, llenar el encuadre por completo.

Además, una distancia mínima de enfoque nos permite aproximarnos mucho al sujeto y enfocarlo muy de cerca. De esta forma, entraremos en un mundo que maximiza los detalles que, normalmente, pasan desapercibidos a simple vista y que nuestro ojo no es capaz de captar.

Seleccionamos un ISO 100 para tener una calidad máxima del archivo y parametrizamos un diafragma de f/8 para obtener la profundidad de campo suficiente para que la flor esté completamente enfocada, desde el tallo hasta los pétalos (u hojas). Por último, también es importante que realices la medición de la luz con el fondo, para obtener el color y la iluminación deseados. 

Además, fundamental emplear un trípode especializado para macrofotografía, que actúe como columna vertebral. El trípode debe ser capaz o bien de darse la vuelta o bien de abrir mucho las patas. ¿Te imaginas para qué? Lo que buscamos es conseguir que el cuerpo de cámara y el objetivo estén a una perspectiva tan baja que el punto de vista sea al mismo nivel que la orquídea; así, evitamos picar la imagen.

Los datos de la toma son ISO 100; f/8; 1/30 seg; lente 100 mm macro; cámara Reflex full frame; trípode

¡Y un consejo más! Normalmente cuando encuentras una flor, aparecen muchas más, lo que te facilitará localizar grupos. Nosotros, una vez identificados, seleccionamos la flor que más llamaba nuestra atención por su belleza y sus colores, que en este caso, es una orquídea Serapia Lingua. Y no olvides ser precavido para no pisar ni estropear otra flor cuando vayas a realizar al fotografía, ya que te tendrás que tumbar en el suelo.

Más allá de la belleza de la protagonista, lo realmente llamativo de esta fotografía es el calor añadido de las gotas de rocío. Para capturarlas, el madrugón es inevitable. A medida que avanza la mañana, sube la temperatura y estas gotas desaparecen, por lo que hay que estar dispuestos y preparados con los primeros rayos de sol.

Al estar tan pegados al suelo, las hierbas del primer plano aparecen desenfocadas, lo que aumenta la sensación frescor en la imagen y potencia el contraste del rosa y el verde. Por otro lado, el formato en vertical es el idóneo para acompañar la linea del tallo tan esbelto y las hojas que van apareciendo dispuestas a lo largo.

Y con esto lo tienes todo... Si sois capaces de localizar estas pequeñas y hermosas flores silvestres, ¡No pueden escapar a vuestro objetivo!