Puma

El león de la montaña

Un joven puma en una de las playas pedregosas del lago Sarmiento.

Por Andoni Canela

Con el puma, empecé el camino que me llevaría a realizar esta serie de viajes y reportajes sobre los grandes felinos. Junto al jaguar, el puma es el otro gran felino americano. Es un felino fascinante. Puede vivir en hábitats diversos, pero las montañas son su medio predilecto. Para encontrarlo decidí visitar una vez más el sur de la Patagonia chilena, un lugar que ya conocía de otras ocasiones. Mi compañero de viaje es mi hijo Unai, con quien unos años antes filmé la película “El viaje de Unai”. La escena final del documental transcurre precisamente aquí, en la Patagonia, y el protagonista es un puma.

Pero antes de adentrarnos en la búsqueda del puma, me gustaría explicaros cómo nació el proyecto “Panteras”, pues surgió precisamente entonces. Fue tras un día largo, intenso y lleno de emociones en esta misma zona de la Patagonia. Con el viento frío, tras un día largo, intenso y lleno de emociones. Tras disfrutar observando a un puma durante gran parte del día, vimos cómo el felino desaparecía por el horizonte. Con el viento frío en el rostro y la imagen de ese puma caminando al atardecer, empecé a darle vueltas a una idea: salir en busca de todos los grandes felinos del planeta. Poco a poco, el reto fue tomando cuerpo y los grandes felinos se convirtieron en el foco principal de mi trabajo. Seleccioné a los cinco del género Panthera (jaguar, leopardo, tigre, león y pantera de las nieves), a dos félidos de gran tamaño (puma y guepardo), y al mayor felino de la Península Ibérica, el lince ibérico. El plan era apasionante, pero también complicado y arriesgado. No son nada fáciles de encontrar estos gatos salvajes tan esquivos y escasos.

Una madre puma con dos cachorros en el entorno del Gran Paine.

Una madre puma con dos cachorros en el entorno del Gran Paine.

Foto: Andoni Canela

SEMANA 1. DE CAMINO AL PAINE.

Parecía de este modo que nuestro destino junto al puma estaba predestinado. Sin duda, teníamos que regresar a la Patagonia a encontrarle. Viajamos por carretera desde Punta Arenas hasta el entorno del Parque Nacional Torres del Paine, visitando viejos amigos, rememorando experiencias y retomando el contacto con el paisaje, la gente y el viento patagónico.

Durante el trayecto, ya vemos parte de la fauna patagónica: desde un zorro gris pasando cerca de la carretera hasta varios ñandús de Darwin, una especie de avestruces americanas cada vez más escasas, corriendo en la estepa infinita, hasta algunos guanacos, unos camélidos salvajes emparentados con los camellos.

Uno de los lagos del Gran Paine, al fondo las famosas cubres de “Torres del Paine”.

Uno de los lagos del Gran Paine, al fondo las famosas cubres de “Torres del Paine”.

Foto: Andoni Canela

EL PARQUE NACIONAL TORRES DEL PAINE

El Parque Nacional Torres del Paine, situado al sur de la Patagonia chilena, es un lugar repleto de lagos, montañas de formas singulares y glaciares colgantes. Esta zona protegida es también Reserva de la Biosfera desde 1978. Se encuentra en la región chilena de Magallanes y de la Antártica Chilena. Más al sur de Punta Arenas solo se encuentra la isla de Tierra del Fuego, algún islote diminuto y… ¡la Antártida!

El Campo de Hielo Patagónico Sur, es un entramado helado que fascina por sus tonalidades azuladas, entre los que destacan los glaciares de Grey, Tyndall y Pingo.

Las montañas que más destacan en el parque pertenecen al cerro Paine, que supera los 3.000 metros de altura. Los picos más conocidos son las “torres” del Paine y los llamados “cuernos” del Paine. También existen varios glaciares que pertenecen al Campo de Hielo Patagónico Sur, un entramado helado que fascina por sus tonalidades azuladas, entre los que destacan los glaciares de Grey, Tyndall y Pingo. También son destacables sus lagos, que son numerosos y muy bellos, como el lago Sarmiento, el lago Grey y el lago Pehoé.

EL FRÍO QUE BAJA DE LAS MONTAÑAS

Nos despertamos con las primeras luces. Mientras Unai todavía se despereza, saco la cabeza de la tienda de campaña y miro las montañas cercanas. Hace frío. El viento se ha "peleado" toda la noche con la tela de la carpa. El aire llega gélido, directamente de los glaciares, y produce una sensación térmica mucho menor de la temperatura real que puede marcar el termómetro: -2ºC. Aún es otoño, pero el frío ya es muy intenso y la nieve fresca resplandece en las cumbres de las montañas.

EL HÁBITAT DEL PUMA

El puma habita a lo largo del todo el continente americano, desde el extremo sur de Patagonia hasta Canadá. Lo que necesita es alimento y refugio. Es un felino que se adapta a hábitats muy diversos. Puede encontrarse en montañas, en distintos tipos de bosque, selvas húmedas, zonas semidesérticas, humedales, estepas y praderas.

Un puma gran tamaño descansa sobre una roca. Al fondo las montañas de los Baguales, en la frontera con Argentina.

Un puma gran tamaño descansa sobre una roca. Al fondo las montañas de los Baguales, en la frontera con Argentina.

Foto: Andoni Canela

SEMANA 2. EN BUSCA DE CHULENGOS.

Poco a poco entramos en una rutina diaria. Nos levantamos antes de la salida del sol, salimos de la tienda de campaña y nos lavamos un poco. Después de tomar un café o una leche con cacao, marchamos en todoterreno hasta el punto de inicio de la caminata. Una vez allí, dedicamos el resto del día a andar, observar y buscar pumas hasta que se hace de noche.

RÍO PAINE

Pasan los días y la impaciencia crece, pues no conseguimos avistar ninguno de estos esquivos felinos, así que decidimos cambiar de rutas y conocer nuevos parajes. Un día salimos a recorrer la orilla del río Paine, cuyo nombre viene de una lengua local y hace referencia al azul verdoso que tiene el río Paine a su paso por esta zona. El color es debido a los glaciares que hay en la parte alta de estas montañas. También observamos algunas cascadas que mantienen ese color tan característico y en algunos tramos del río hay un bosque de ribera. Seguimos caminando hasta el mediodía. El viento baja gélido de los glaciares y crea una sensación térmica insoportable. El trayecto de hoy pasa junto a una pequeña laguna y luego sube por una ladera empinada. Desde las alturas, se observa un cerro orientado hacia el lago de Sarmiento y otros lagos que se pierden en el horizonte.

Cerca del río, nos adentramos en un bosque de lenga, un árbol muy parecido al haya, que se encuentra hasta la misma isla de Tierra del Fuego. No conseguimos ver pumas, pero el bosque, nos regala otras sorpresas: observamos sobre una rama un tucúquere, el gran búho magallánico (Bubo magellanicus) y en los troncos vemos el trabajo de carpintería de los picapinos de Magallanes (Campephilus magellanicus).

El color característico del agua del río Paine se debe a los glaciares que hay en las cubres aguas arriba del río.

El color característico del agua del río Paine se debe a los glaciares que hay en las cubres aguas arriba del río.

Foto: Andoni Canela

FUERTE Y ÁGIL Y GRAN SALTADOR

El puma es un felino muy fuerte, tiene unas patas robustas especialmente dotadas para la escalada, el salto y las carreras cortas. Se puede decir que un experto saltando. Sus saltos pueden alcanzar una altura de 4 metros y cubrir una distancia de hasta 10 metros de largo. En carrera, alcanza velocidades de entre 65 y 80 kilómetros por hora.

Los pumas, al igual que todos los grandes felinos, no son fáciles de encontrar. Aunque conozcas bien el territorio y sus costumbres, nada es seguro que puedas llegar a avistar alguno, son completamente imprevisibles. Por experiencia, sé que hay que tener paciencia y que el momento acaba llegando. Eso es exactamente lo que ocurre tras varios días de búsqueda y mucha paciencia. Acabamos viendo un puma desde lejos: camina cerca de uno de los lagos con playas pedregosas, paralelo a la orilla. Se va alejando hasta que entra en una zona de arbustos y rocas. Allí, se detiene y se sienta. Al poco rato vemos que parece tumbarse detrás de una roca. El sol ya calienta y, a esas horas, es normal que el felino descanse. Empieza a subir la temperatura y no corre ni una pizca de aire. A los pumas no les gusta el calor. Toca esperar a que salga de su escondrijo. El día avanza, transcurren más de doce horas, pero no lo volvemos a ver a pesar de no habernos movido del lugar. Nunca sabremos qué hizo el puma: si continuó allí todo el día y se movió en la oscuridad, o se escabulló mientras lo esperábamos.

GUANACOS Y CHULENGOS

Los guanacos (Lama guanicoe) son unos camélidos salvajes que viven en las montañas sudamericanas. En la Patagonia chilena son la presa preferida de los pumas, sobre todo los chulengos: las crías de menos de dos meses. En nuestra búsqueda de pumas nos detenemos a observar un grupo de guanacos que descansa junto a un lago rodeado de montañas. El paisaje verde del verano patagónico contrasta con el azul intenso de los numerosos lagos de la cordillera del Paine. Donde se ven guanacos es posible que algún puma esté vigilante, al acecho. Un puma, en lo alto de una colina, los observa analizando dónde están las presas más fáciles para él, los chulengos. Quizás el puma lleve esperando ahí desde anoche, desde antes de que llegaran los guanacos, sabiendo que es una zona a la que estos camélidos acuden a pastar y donde les gusta pasar parte de la mañana descansando. Sus opciones se acaban cuando uno de los guanacos lo ve. En ese momento, emite una especie de relincho de alerta, una llamada de alarma de que el peligro acecha. Mala suerte, el felino tendrá que esperar una ocasión mejor.

SEMANA 3. A LA LUZ DE LA LUNA.

Hacemos salidas durante 3 días. No vemos pumas, pero sí disfrutamos de otras muchas especies típicas de esta zona. Encontramos una especie de mofeta conocida como chingue o zorrino, que tiene el pelaje blanco y negro. Observamos cauquenes (Chloephaga picta), también llamados gansos de Magallanes, y caracaras o caranchos (Caracara plancus), una rapaz que pertenece a la familia de los halcones. Estas dos especies son muy habituales por estos parajes, igual que los teros o teru teru (Vanellus chilensis lampronotus). Estas aves, que a veces van en grupo, son omnipresentes y tienen una especie de grito de alarma que repiten sin cesar, un sonido tan estridente como habitual en la Patagonia.

El caracara o carrancho es una de las aves rapaces de la familia Falconidae más comunes de estas montañas.

El caracara o carrancho es una de las aves rapaces de la familia Falconidae más comunes de estas montañas.

Foto: Andoni Canela

CAZADOR ESPECIALIZADO

A última hora de la tarde, un joven puma despierta de su descanso diurno. Se despereza y se prepara para salir en busca de los guanacos, su principal presa en las montañas del Paine. Al amanecer, antes de levantarnos, un ejemplar había pasado muy cerca de nuestra tienda de campaña, pues sus huellas, bien marcadas sobre el barro del camino, no dejaban lugar a dudas.

Un puma joven se despereza en el Parque Nacional de Torres del Paine.

Un puma joven se despereza en el Parque Nacional de Torres del Paine.

Foto: Andoni Canela

El puma es un cazador solitario. Su fuerza, el alcance de su salto y su potencia son sus principales armas para apresar a sus víctimas. En esta zona de Patagonia, el puma caza principalmente guanacos, pero también preda sobre liebres, huemules y hasta ñandúes. En otras zonas, como en Norteamérica, las presas son otras: ciervos, berrendos o cabras salvajes. En todos los casos, completa su dieta con capturas menores: roedores, aves, etc. En ocasiones, también ataca al ganado que tiene al alcance.

En la Patagonia el puma caza principalmente guanacos,liebres, ñandúes... En Norteamérica, las presas son otras: ciervos, berrendos o cabras salvajes.

TURISMO BASADO EN LA FAUNA SALVAJE

Junto al Parque Nacional tenemos la posibilidad de visitar la Estancia Laguna Amarga en los límites del Parque Nacional. Es curioso e interesante comprobar como una estancia típica de la Patagonia, donde antes la principal actividad era la cría de ovejas, se ha reinventado por completo. En los últimos años está realizando un desarrollo turístico centrado en la observación de fauna salvaje y especialmente en los felinos que estamos buscando nosotros. Sin movernos del lugar somos capaces de observar a una madre puma con sus cachorros en la playa de un lago cercano. Una estampa idílica y salvaje.

BAJO EL VUELO DEL CÓNDOR

Pasan los días y nos sentimos integrados en estas montañas. Una mañana fría un grupo de cóndores vuela sobre nuestras cabezas, nos encontramos con una especie de armadillo llamado aquí quirquincho; con una piel que parece una armadura, parece sacado de otra era. Media hora más tarde, vemos un puma caminado hacia nosotros. El felino avanza con delicada elegancia sobre la estepa patagónica. La luz de media tarde es de intensidad suave y apenas tiene contraste. El telón de fondo es bucólico: un glaciar se derrama como una cascada entre unos picos escarpados mientras que en las alturas, se distinguen los cuernos del Paine. La tarde está a punto de dar paso a la noche y los tonos azulados tiñen el paisaje en su transición hacia la oscuridad total.

Al puma se le conoce en muchos lugares de Latinoamérica como león o león de la montaña.

La luna está casi llena en un anochecer frío y ventoso, típico de la Patagonia. Al puma se le conoce en muchos lugares de Latinoamérica como león o león de la montaña. Su estrategia de caza varía entre el acecho y el rececho. Unas veces, espera a que los guanacos se acerquen a su posición mientras permanece oculto e inmóvil. Otras, él se mueve y se acerca a su presa, lentamente y escondiéndose.

Para observar y fotografiar pumas en libertad hay que conocer el territorio y el comportamiento del animal. Es imprescindible dedicar una gran cantidad de horas a observar con prismáticos todos los rincones del paisaje y prestar especial atención a sus presas. De hecho, en muchas ocasiones, las llamadas de alerta de los guanacos son la primera pista para conseguir avistar algún puma.

SEMANA 4. JUNTO A LA PLAYA.

Llevamos varios días en esta zona. Han sido jornadas de intensas caminatas de más de 15 kilómetros diarios junto con largas esperas buscando puma. En muchas ocasiones, aunque no hemos conseguido avistar ningún felino, estas marchas ya son toda una experiencia: mezclados con la naturaleza, entre montañas de miles de metros de altura, en uno de los parajes más inhóspitos y maravillosos del mundo.

DOS PUMAS JÓVENES

El lago Sarmiento es uno de los más extensos del Gran Paine. Parece que sus orillas estén rodeadas de rocas, pero no son rocas, sino trombolitos, unas estructuras de carbonato de calcio formadas por microorganismos del lago. Su origen es muy similar al del coral, pero en este caso son unas cianobacterias las que producen el calcio. Estas formaciones tienen muchos recovecos que los pumas aprovechan para esconderse y protegerse del sol o del fuerte viento.

Entre los trombolitos del lago Sarmiento nos encontramos una de las escenas más bonitas del viaje: un par de pumas jóvenes esperando a que su madre volviera de cazar.

Allí, nos encontramos con una de las escenas más bellas del viaje: un par de pumas jóvenes descansan tumbados junto a los trombolitos. Esperan a su madre que ha salido a cazar y es probable que no regrese hasta el atardecer. Ya se ha retirado el sol y la madre todavía no ha vuelto. Lleva todo el día fuera del refugio y es posible que espere la noche para intentar cazar. Junto al lago, comienza a hacer frío y los dos hermanos se acurrucan uno junto a otro. En pocas semanas ya podrán acompañarla en sus salidas. Pasarán un par de años conociendo su territorio y aprenderán a cazar junto a ella hasta que sean independientes.

A SALVO EN EL PARQUE

La protección de la fauna salvaje por parte de los guardas del parque y la gestión activa a favor de la conservación son una bendición para el puma y convierten el Gran Paine en un lugar muy especial. Aquí los pumas no están perseguidos y sus poblaciones son estables. En otros lugares, cuando el felino perjudica los intereses ganaderos, la situación es muy diferente. Los principales peligros a los que se enfrenta el puma son la destrucción de su hábitat y la caza.

En ocasiones, los pumas atacan al ganado lo cual suele generar conflictos con los ganaderos. De hecho, existen ciertas áreas pobladas o con explotaciones ganaderas en las que está muy amenazado. Sin embargo en aquellas zonas donde la presión humana es menor, las poblaciones de pumas suelen ser más estables. De manera más concreta se calcula que habitan unos 20.000 pumas en Norteamérica, pero no existe un censo fiable en el resto del continente. Actualmente la UICN lo tiene catalogado como "Preocupación Menor" dentro de su famosa Lista Roja, pero también admite que su población está decreciendo. Su mayor amenaza es la muerte como represalia por sus ataques al ganado, aunque también existen furtivos que lo cazan por el mero hecho de ser un trofeo en sí mismo.

Un cachorro de puma patas arriba intenta mamar de su madre.

Un cachorro de puma patas arriba intenta mamar de su madre.

Foto: Andoni Canela

LOS PUMAS EN LA HISTORIA

Casi todos los pueblos americanos han tenido al puma presente en su cultura y sus tradiciones. Para los incas de América del Sur, los pumas eran signo de buen augurio. De hecho se dice que la ciudad inca de Cuzco está construida con la forma de un puma acostado, aunque no existe un consenso histórico al respecto. El nombre del lago Titicaca, situado en los Andes, viene de titi, que en lengua aimara quiere decir "puma". Otro ejemplo de su importancia histórica es el caso de los zuni, antiguos pobladores de México y Estados Unidos, quienes consideraban a los pumas como guías que señalaban el norte y la caza, o como protectores. Incluso llevaban amuletos hechos con alguna parte de su cuerpo para protegerse.

Los pumas, en la actualidad, continúan siendo objeto de fascinación y, al igual que en otros hábitats, han pasado de ser un problema a convertirse en un recurso turístico que permite el crecimiento de las poblaciones que conviven con ellos. Ojalá cunda el ejemplo y cada vez más gente sea consciente de la riqueza que supone la biodiversidad y, de manera singular, los grandes felinos del planeta.

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