El virus a ojos del mundo

Las circunstancias nos obligan a distanciarnos. ¿Cómo sobrelleva el espíritu humano esta situación?

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Milan, Italia

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Milan, Italia

Punto caliente de la expansión de la COVID-19 fuera de Asia, Italia fue el primer país europeo en ordenar un confinamiento casi total. En su piso, la fotógrafa Camilla Ferrari y su pareja percibieron cómo las imágenes de los edificios del exterior empezaban a fundirse con las escenas de interior.

Foto: Camilla Ferrari

Bahía, Brasil

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Bahía, Brasil

Un hombre disfruta de un día de playa con su perro antes de que en su país se impusieran las normas de confinamiento.

Foto: Luisa Dörr

Johannesburgo, Sudáfrica

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Johannesburgo, Sudáfrica

Los jardines domésticos ofrecen a algunos ciudadanos una ansiada escapatoria de la vida entre cuatro paredes.

Foto: Lindokuhle Sobekwa, Magnum Photos

San Francisco, California

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San Francisco, California

La condensación del aire en un espejo del baño da una pátina pictórica a un ingenioso autorretrato.

Foto: Diana Markosian

Barcelona, España

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Barcelona, España

Hacer ejercicio durante el confinamiento exige soluciones originales, como instalar un minigimnasio en la azotea.

Foto: Paolo Verzone

Londres, Inglaterra

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Londres, Inglaterra

Regalo del Día de la Madre (que en el Reino Unido se celebra el 22 de marzo), este ramo de flores atestigua el paso del tiempo.

Foto: Olivia Arthur, Magnum Photos

Milan, Italia

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Milan, Italia

Una abuela gestiona como puede el aislamiento: se siente sola, confusa y vulnerable.

Foto: Luca Locatelli

Moscú, Rusia

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Moscú, Rusia

Una niña se distrae del mismo modo que millones de personas: con un teléfono móvil.

Foto: Gueorgui Pinkhassov, Magnum Photos

Nueva York, EEUU

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Nueva York, EEUU

El fotógrafo bangladesí Ismail Ferdous tomó la difícil decisión de quedarse en su ciudad de adopción, en la que captó instantes como el de este urbanita junto a la ventana de su casa.

Foto: Ismail Ferdous

Nesoddtangen, Noruega

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Nesoddtangen, Noruega

Boe, de cuatro años, juega a las sombras de monstruos con su madre, Anna, antes de acostarse. Su padre, fotógrafo, y su madre, médica, se las vieron y desearon para mantener a la pequeña entretenida durante los primeros días del confinamiento.

Foto: Jonas Bendiksen, Magnum Photos

Kuala Lumpur, Malasia

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Kuala Lumpur, Malasia

Para quienes viajan mucho, como es el caso del fotógrafo Ian Teh, el hogar está allí donde cada uno lo crea y donde puede esperar a que pase la tormenta en compañía de los seres queridos.

Foto: Ian Teh

Cuando el mundo nos muestra su peor cara, «el hogar es ese lugar donde […] tienen que acogerte», escribió el poeta Robert Frost. Pero en la era de un virus letal que nos obliga a autoaislarnos durante semanas, los hogares son mucho más que un espacio de confort y familiaridad. Los hemos convertido en aulas y oficinas, en centros de ocio y en polvorines de tensiones. Si el aburrimiento, el estrés y la ansiedad pudiesen transformarse en energía, darían luz a todo el planeta.

Fotógrafos de todo el mundo han inmortalizado escenas de estos tiempos extraños en los que paredes y ventanas nos separan a unos de otros. Vistas en conjunto, las fotos hacen que nos replanteemos qué es, bien pensado, un hogar. En un mundo azotado por la COVID-19, la respuesta es cada vez más una vara de medir privilegios. ¿Tienes un hogar? ¿Te sientes bien en él? ¿Estás seguro de que no tendrás que abandonarlo?

Las imágenes también ilustran la variedad de respuestas ante la crisis y –la más reveladora de todas– nuestra definición de lo esencial. La edad, el lugar y a veces la fe tienden a influir en el nivel de preocupación y de vulnerabilidad de cada in­­dividuo. Pensemos en la pareja italiana que se ha autoimpuesto un arresto domiciliario. En los bra­­sileños amantes de la playa que, ávidos de aire libre, entienden el aislamiento como una mera sugerencia. En los urbanitas de Sudáfrica, Nueva York y Rusia que, hambientos de naturaleza, salen a los balcones, a las escaleras de incen­­dios, a cualquier espacio que encuentran para respirar aire fresco.

Entre las nubes negras del miedo y la enfermedad se vislumbra un horizonte de esperanza. Los humanos no dejamos de adaptarnos; una azotea se convierte en gimnasio; una pared, en telón de sombras chinescas. Cuando nos paramos a mirar, hasta las flores marchitas se transforman en una obra de arte. Nadie sabe cuánto durará esto, ni en qué estado llegaremos al otro lado. Pero en los actuales momentos de separación, lo que sí podemos decir es que estamos juntos en esto.

Este artículo pertenece al número 471 de la revista National Geographic.