¿Señal divina? Condrita L6

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Los dos fragmentos de piedra encontrados entre la colección de la familia Salvador. Al desplegar la etiqueta del bote de vidrio, apareció otro mensaje: «Pedra que caygué… de un… 1704» (en catalán, «Piedra que cayó…»). Esas piedras caídas ese año resultaron ser partes del meteorito.

Los dos fragmentos de piedra encontrados entre la colección de la familia Salvador. Al desplegar la etiqueta del bote de vidrio, apareció otro mensaje: «Pedra que caygué… de un… 1704» (en catalán, «Piedra que cayó…»). Esas piedras caídas ese año resultaron ser partes del meteorito.

Foto: Josep Mª Llobet / Museo de ciencias naturales de Barcelona

El día de Navidad de 1704, en la ciudad barcelonesa de Terrassa sucedió algo que dejó estupefacta a la población: una bola de fuego cruzó el firmamento e impactó cerca de la localidad. El bólido fue avistado a centenares de kilómetros a la redonda y suscitó toda clase de especulaciones, y en aquella España inmersa en plena guerra de sucesión, tanto Borbones como Austrias quisieron interpretarlo como una señal del cielo a su favor.

El suceso se relató en crónicas, grabados y dibujos, como este de Josep Bolló, de 1717. Pero no se habían encontrado restos… hasta hace poco. Fue en el transcurso de las tareas de documentación de los tesoros naturales del gabinete de curiosidades de la familia Salvador, boticarios barceloneses establecidos en Terrassa entre los siglos xvii y xix. Todas esas maravillas –una biblioteca con más de 1.500 volúmenes, un herbario con 5.000 pliegos y unas 14.000 muestras de especímenes animales, vegetales y mi­nerales– se hallan hoy en el Instituto Bo­tánico de Barcelona. La clasificación y restauración de la colección, propiedad del Ayuntamiento de Barcelona, finalizó en 2013 y fue cuando el geólogo Josep Aurell encontró dos fragmentos de roca de 50 y 34 gramos en el interior de un bote de vidrio con una etiqueta manuscrita en la que ponía «Meteorit?» (meteorito, en catalán).

Su estudio se inició en 2017, mediante una investigación financiada por el Institut d'Estudis Catalans y en la que colaboraron Aurell y Marc Campeny, del Museo de Ciencias Naturales de Barcelona; Jordi Llorca, de la Universidad Politécnica de Cataluña; el buscador de meteoritos David Allepuz; el especialista en historia de la ciencia Josep Maria Camarasa y Neus Ibáñez, conservadora del gabinete Salvador.

«Para conocer los minerales que formaban el meteorito estudiamos una lámina delgada de los fragmentos a través del microscopio petrográfico y el microscopio electrónico. La composición química la obtuvimos mediante microsonda electrónica», explica Campeny. Se trata de una condrita L6, un meteorito con bajo contenido en hierro procedente de una región ubicada entre las órbitas de Marte y Júpiter que acabó estrellándose contra un planeta, el nuestro, en el que se estima que caen 16.000 kilos de meteoritos cada año.

La obra de Josep Bolló inspirada en el meteorito de Barcelona.

La obra de Josep Bolló inspirada en el meteorito de Barcelona.

Foto: Josep Bolló / Museo de historia de Cataluña

Este artículo pertenece al número 472 de la revista National Geographic.

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