No es fácil decir que no a un cachorrito. Los perros llevan milenios convenciendo a los humanos con esa expresión lastimera y adorable, una capacidad que podría ser el resultado de la selección artificial.

Los diminutos músculos que rodean los ojos y la boca permiten a los mamíferos terrestres manifestar innumerables expresiones faciales. Esos músculos presentan mayor semejanza entre perros y humanos que entre perros y lobos, según un estudio de la Universidad Duquesne de Pittsburgh. La mayoría de los músculos faciales de los lobos son fibras de contracción lenta, que se ajustan con menos rapidez. En los seres humanos y en los perros domesticados son fibras de contracción rápida, que reaccionan enseguida. Esta diferencia permite a los perros poner sus famosos ojos de cachorro inocente y adoptar otras expresiones semejantes a las humanas.

Comunicarse con expresiones faciales es «fundamental para los humanos –dice la autora principal del estudio, Anne Burrows–. Por ello parece razonable que en la selección artificial hayamos dado preferencia a los perros que nos miran a los ojos». Burrows y sus colegas investigan ahora si la evolución de los músculos de contracción rápida alrededor de la boca de los perros desempeñó algún papel en los ladridos que desarrollaron para comunicarse.

Este artículo pertenece al número de Diciembre de 2022 de la revista National Geographic.

 

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