Europa ha sido un continente helado la mayor parte del último millón de años. Se han alternado ciclos de temperaturas gélidas con otros más templados, pero el frío y el calor no se han repartido el tiempo a partes iguales: las glaciaciones fueron más largas que los períodos interglaciales. Hace 12.000 años finalizó la última glaciación y entramos en una época templada, que en los últimos siglos se ha hecho más y más cálida debido a las actividades humanas. Se trata del calentamiento global, que tanto nos preocupa.

Durante las glaciaciones, las especies adaptadas al frío llegaron hasta el Mediterráneo.

Durante aquellas largas glaciaciones, la mayor parte de Europa era un territorio poco hospitalario para cualquier especie humana. A fin de cuentas, somos primates y venimos del África tropical. En el Gran Norte la superficie estaba cubierta de hielo permanente, que en algunos lugares alcanzaba kilómetros de grosor. Al sur de los frentes de hielo se extendía una tundra de musgo, líquenes y turberas que en verano se encharcaban y se infestaban de mosquitos. La tundra daba paso a estepas inmensas, unos mares de hierba que abarcaban desde Alaska hasta la península Ibérica. Solo en la región mediterránea se podían encontrar, en los lugares más favorables –la costa o los valles–, bosques de coníferas, como pinos y abetos, y de frondosas, como robles y encinas.

Buey almizclero
Arterra / Getty Images

El buey almizclero es una especie ártica como el reno. Durante la última glaciación ambos convivieron con mamuts lanudos, rinocerontes lanudos, bisontes esteparios, caballos, antílopes saiga, neandertales y, finalmente, humanos modernos.

Pero de todas las tierras mediterráneas, la península Ibérica es la más grande. Por eso se puede decir que la historia de los neandertales es en gran parte una historia ibérica.

A pesar de que España es una de las cunas de la prehistoria –ahí está el descubrimiento del arte rupestre en Altamira en el siglo XIX–, hasta no hace mucho tiempo se conocían pocos yacimientos de la época de los neandertales en nuestro país y en Portugal. Los restos fósiles también eran muy escasos. Para contar la fascinante historia de los neandertales había que irse fuera de la península Ibérica. Se trataba, claro está, de una anomalía, porque se conocía la periferia de la especie y no su centro, su núcleo. Era como estudiar la historia de Roma en las fronteras del Imperio, dejando la capital fuera del foco.

Todo eso ha cambiado en las últimas décadas. Ahora los yacimientos españoles y portugueses, así como los prehistoriadores de ambos países, están en la vanguardia mundial de la investigación sobre los neandertales. Entre los fósiles neandertales de la península Ibérica descubiertos en los últimos años destacan los conjuntos de la cueva de El Sidrón (en Piloña, Asturias) y de la Sima de las Palomas del Cabezo Gordo (en Torre Pacheco, Murcia), así como el esqueleto de la Cova Foradada de Oliva (Valencia), pero hay muchos más restos que harían la lista interminable.

Sierra de Atapuerca
Javier Trueba / Msf / Age Fotostock

En la sierra de Atapuerca se ha encontrado un parietal neandertal en la Cueva Fantasma y una falange de pie en la Galería de las Estatuas. Pero esta última pasará a la historia por ser el primer yacimiento en el que se han recuperado directamente del sedimento los genomas de varios individuos neandertales. Su antigüedad va de hace 110.000 a 80.000 años. El estudio publicado en Science en 2021 mostró que la población local de neandertales fue sustituida por otra también neandertal venida de fuera. Este trabajo permite a los científicos adentrarse en la vida secreta de la especie.

¿Dónde y cuándo iniciaron los neandertales su andadura evolutiva? Los fósiles más antiguos que pueden relacionarse con ellos son europeos, por lo que cabe pensar que el origen de la especie está en Occidente, aunque más tarde se extendiera por Siberia, Asia Central y Oriente Próximo. El cráneo de Swanscombe, hallado en Inglaterra, es claramente de la estirpe neandertal, aunque le falta la cara. El cráneo de Steinheim, en Alemania, también es un antepasado de los neandertales, pero desgraciadamente el fósil está muy deformado. El cráneo portugués de Aroeira tampoco está completo, pero podría ser una forma muy arcaica de neandertal. Para conocer bien a los antepasados directos de los neandertales, el mejor yacimiento es la Sima de los Huesos, en la sierra de Atapuerca, que contiene casi 30 esqueletos que están siendo recuperados y reconstruidos año tras año. Es difícil obtener dataciones exactas para los fósiles de estos cuatro yacimientos, pero es seguro que ninguno de ellos llega al medio millón de años de antigüedad. Los fósiles más antiguos de Europa se han encontrado en los yacimientos de la Sima del Elefante y de la Gran Dolina de Atapuerca. Los de la Sima del Elefante tienen más de un millón de años, pero todavía son insuficientes para saber a qué especie pertenecían. Podría ser Homo erectus. Los fósiles humanos de la Gran Dolina son muy abundantes y se ha creado con ellos la especie Homo antecessor. Su antigüedad es de 800.000 o 900.000 años. No muestran rasgos que los relacionen claramente con los neandertales, por lo que podrían ser anteriores a la separación de esta línea evolutiva.

Con un registro arqueológico y paleontológico de homínidos tan fantástico como el que ahora tenemos, podemos replantearnos las grandes preguntas, empezando por esta: ¿eran los neandertales una especie diferente de la nuestra?

Pesca y marisqueo
Pedro Souto

La cueva de Figueira Brava, a 45 kilómetros de Lisboa, reveló las primeras evidencias de pesca y marisqueo por parte de un grupo de neandertales. El trabajo, dirigido por el arqueólogo João Zilhão, confirmó que la cueva fue utilizada hace entre 106.000 y 86.000 años, durante un período interglacial. El estudio fue publicado en la revista Science en 2020.

¿Raza o especie? Cuando era niño leía y releía, como hacen los niños, una colección de novelas del Oeste americano. Los dos principales protagonistas eran un alemán y un jefe indio. El libro en el que se narra la heroica muerte y posterior entierro del indio termina con estas palabras, que no he podido olvidar: «Aquí yace la Raza Roja, que si no fue más grande es porque no le dejaron serlo». Me parecía muy triste la muerte del jefe indio, y el destino de su raza.

¿Fue exactamente eso lo que les pasó a los neandertales? ¿Estarían ahora aquí, entre nosotros, si no los hubiésemos exterminado? ¿Ocuparían todos los puestos en la sociedad? ¿Se presentarían a las elecciones? ¿Pilotarían los aviones comerciales que nos llevan de un lado para otro? Dicho más claramente: ¿eran iguales que nosotros?

La posibilidad de que los neandertales se cruzasen con los humanos modernos (Homo sapiens) siempre ha estado presente en las novelas de prehistoria. Sin embargo, el estudio de los esqueletos de unos y otros decía claramente que la aportación de los neandertales a nuestra especie tenía que ser nula o muy pequeña, porque sus rasgos no se encuentran en los huesos y los dientes de las poblaciones humanas actuales. En 1998 se descubrió en Lapedo, Portugal, un esqueleto infantil de Homo sapiens del que se dijo que tenía algún antepasado neandertal. No un padre o una madre neandertal, sino un tatarabuelo que había vivido 10.000 o 15.000 años antes.

Pero la manera segura de averiguar si los humanos actuales tenemos o no antepasados neandertales era secuenciando el genoma de estos últimos. Tal logro, que parecía imposible, fue llevado a cabo por el científico sueco Svante Pääbo y le valió el premio Nobel en 2022. Actualmente sabemos que muchos seres humanos llevan –o llevamos– un pequeño porcentaje de genes neandertales en las células. Por lo tanto, hace 40.000 o 45.000 años vinieron al mundo niños mestizos, que tenían un padre neandertal y una madre sapiens, o viceversa. Lo que imaginaron los novelistas sucedió realmente.

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Un prodigio de diseño biológico

El yacimiento de la Sima de los Huesos, en la sierra de Atapuerca, está proporcionando numerosos fósiles de los primeros neandertales, que han alimentado una nueva hipótesis sobre la evolución del cuerpo humano. Se trata de un giro copernicano en un problema fundamental. Y solo una de las dos hipótesis enfrentadas puede ser cierta.

Un prodigio de diseño biológico

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El yacimiento asturiano de El Sidrón ha proporcionado fósiles muy importantes para estos estudios. También la famosa Sima de los Huesos de Atapuerca ha sido determinante: el ADN humano más antiguo del mundo se ha obtenido en fósiles de este yacimiento. Asimismo, en la Galería de las Estatuas de Atapuerca se ha producido un avance científico de los que hacen historia: la recuperación del ADN de varios individuos neandertales directamente del sedimento, sin necesidad de tomar una muestra de hueso o de diente.

Ahora que sabemos que en nuestro genoma hay algunos genes neandertales, ¿tenemos que considerarlos simplemente una raza más de las muchas de nuestra especie? Hoy en día el término raza no se usa para los seres humanos, únicamente se aplica a los animales domésticos, así que reformularé la pregunta: ¿eran los neandertales una etnia, una cultura humana como cualquier otra?

Los cambios en el lenguaje que utilizamos son importantes porque responden a las nuevas sensibilidades y cambios de mentalidad que experimenta la sociedad. No se habla ya de tribus indias, como se hacía antes. Recordemos las películas. Ahora, las diferentes culturas originarias de Norteamérica reciben el nombre de naciones. Por lo tanto, ¿debemos hablar de nación neandertal?

Pese a su pretensión de objetividad, la ciencia nunca ha sido ajena a la sociedad de su tiempo.
A principios del siglo XX a los neandertales se les aplicaban exactamente los mismos adjetivos que a muchos de los pueblos colonizados, especialmente aquellos que vivían como en el Paleolítico. Esas gentes no solo eran consideradas brutales y poco inteligentes, además de unos individuos sucios, greñudos, insensibles, carentes de arte y de música, sino también moralmente inferiores a los occidentales que los «estudiaban». Los «salvajes», se decía, estaban a merced de sus pasiones, que no conseguían controlar. Eran en cierto modo como los animales, también «dominados» por sus instintos. Los pueblos «primitivos» representaban «la infancia de la humanidad», una especie de «fósiles vivientes». Y los neandertales eran la infancia de la infancia, los más primitivos de todos.

La reivindicación de la extraordinaria riqueza de las culturas de los pueblos sin escritura ha llegado desgraciadamente tarde para ellos, pero ¿deberíamos considerar a los neandertales iguales a los aborígenes australianos o a los esquimales, los hadza, los san o los bambuti?

Movámonos entonces a un campo menos sembrado de minas, el de la zoología.

Lobos, coyotes, osos y mulos

Los zoólogos utilizan una nomenclatura binomial para clasificar a las especies. ¿Cómo se debe llamar científicamente a los neandertales? ¿Homo sapiens u Homo neanderthalensis?

Pero la biología tampoco pone fáciles las cosas a la hora de clasificarlos, porque la definición de especie biológica está en crisis a la luz de los nuevos descubrimientos de la genética. Hubo un tiempo en el que los límites de una especie parecían claros. Había una barrera genética insalvable entre las especies que impedía que intercambiaran genes. Se suponía que si dos individuos de diferentes especies se apareaban, no tenían descendencia, o si la tenían, los hijos eran estériles. Se ponía siempre el ejemplo del mulo, fruto de caballo y burra. Los mulos son estériles, así que el caballo y el burro son por definición especies diferentes, genéticamente aisladas.

Pero la realidad es que las líneas evolutivas del caballo y del burro llevan muchos millones de años separadas, y por eso se ha levantado una barrera genética infranqueable entre ellas. En general, las especies que llevan pocos millones de años evolucionando de forma independiente intercambian genes allí donde coinciden geográficamente.

Los lobos y los coyotes, por ejemplo, producen descendientes fértiles en las zonas fronterizas. Si se aplicara a rajatabla el criterio del aislamiento genético, todos los osos del mundo serían de la misma especie porque también intercambian genes, o lo han hecho en el pasado, donde sus territorios se solapan. Por ejemplo, si el oso polar y el oso pardo se cruzan, tienen descendencia. Entre los osos pardos europeos hay un pequeño porcentaje de genes de los osos de las cavernas, más o menos la misma cantidad de genes que las poblaciones humanas llevan de los neandertales.

La especie Homo erectus apareció hace tan solo unos dos millones de años. Es poco tiempo para que se establezca el aislamiento genético, de manera que podemos asegurar que todas las poblaciones humanas de hace menos de dos millones de años podían intercambiar genes. Si no lo hacían a gran escala, era porque vivían en regiones diferentes, más o menos separadas por barreras geográficas o, quién sabe, culturales.

Manipulación de trofeos de caza con fines simbólicos
Albert Álvarez Marsal y Enrique Baquedano, Marpa de la Comunidad de Madrid

Reconstrucción artística de la manipulación de trofeos de caza con fines simbólicos, algo poco documentado entre los neandertales. Existen evidencias de esta actividad mantenida a lo largo de generaciones, lo que sugiere el concepto de tradición cultural. Los grupos de cazadores de Pinilla del Valle valoraban sobre todo los cuernos de los grandes mamíferos.

Es más, ahora sabemos que antes de que los humanos modernos salieran de África en la gran migración de hace entre 100.000 y 60.000 años y absorbieran genes neandertales por el camino que los llevó a colonizar Eurasia, los neandertales ya habían tenido contacto con poblaciones africanas de Homo sapiens. Lo sabemos porque el cromosoma Y (que se transmite por vía paterna) y el ADN mitocondrial (que se transmite por vía materna) de los neandertales eran como los nuestros, y no como los de sus antepasados de la Sima de los Huesos.

Otra cosa que Svante Pääbo y su equipo han puesto de manifiesto es que los neandertales tenían unos parientes lejanos en Asia, los denisovanos, así llamados porque su genoma se secuenció en una cueva siberiana llamada Denisova. No conocemos su morfología, pues disponemos solo de algunos dientes y pequeños fragmentos de hueso, pero sí sabemos que los neandertales se cruzaron con los denisovanos, y que lo mismo hizo Homo sapiens cuando partió de África. Hay personas que llevan genes denisovanos, particularmente en Nueva Guinea, Australia y Oceanía.

El cuerpo neandertal

Homo neanderthalensis bien pudo haberse llamado Homo calpicus. Calpe es el nombre con el que en la Antigüedad era conocido Gibraltar. Allí, en la Roca, concretamente en la cantera de Forbes, se encontró en 1848 un cráneo fósil, mientras que el descubrimiento del esqueleto del yacimiento de Neanderthal se produjo ocho años después, en 1856. Sin embargo, el inglés William King prefirió el yacimiento alemán cuando creó en 1863 la especie Homo neanderthalensis. Curiosamente, en Londres, Darwin tuvo entre sus manos el cráneo de Gibraltar, pero no lo consideró el «eslabón perdido entre el Hombre y el simio» que él buscaba. El neandertal se parecía demasiado a nosotros.

Para ver cuánto se diferenciaban los neandertales de la actual especie humana, vayamos ahora a las diferencias anatómicas. Su cuerpo era ancho, mientras que el nuestro es estrecho. Algunos autores opinan que el cuerpo ancho de los neandertales era una adaptación al frío, pero en Atapuerca pensamos que era ancho solo porque era arcaico, es decir, había conservado el cuerpo de Homo erectus, robusto, fuerte y diseñado para esfuerzos explosivos. Sería más bien nuestro cuerpo el que ha cambiado, y no por el clima, sino para mejorar la biomecánica de la marcha bípeda, haciéndola más eficiente al aproximar las articulaciones de la cadera con los fémures.

La cabeza también era distinta

Los humanos de la Sima de los Huesos son neandertales primitivos, y gracias a ellos sabemos que la cara cambió antes de que lo hiciera la bóveda craneal. La cara neandertal era muy especial y diferente de cualquier otro homínido por su forma apuntada, como de cuña, con una abertura nasal en posición adelantada. El cráneo cerebral era también único, muy alargado visto de lado y circular visto desde atrás. Pero tenía la bóveda baja, con un grueso reborde óseo por encima de las órbitas de los ojos, y en eso los neandertales eran arcaicos. Su mandíbula, por último, carecía de mentón, otro rasgo antiguo.

Dicho en otras palabras, los neandertales no entran dentro de la variación humana actual. Si aún vivieran, los encontraríamos físicamente muy distintos de cualquier otra población humana.

Un nuevo icono de la paleontología humana
Rafael de Luis / Archivo Fotográfico. Museo de Prehistoria de Valencia

Un nuevo icono de la paleontología humana

El esqueleto parcial de la Cova Foradada de Oliva, en Valencia, es el neandertal más completo encontrado hasta la fecha en la península Ibérica. El hallazgo fue realizado por José Aparicio Pérez y su equipo en el año 2010. La prodigiosa restauración realizada en el IPHES de Tarragona por Carlos Lorenzo y Gala Gómez permitirá conocer muchos aspectos de la anatomía de los neandertales y de sus prácticas funerarias.

La mente neandertal. Las líneas evolutivas de los neandertales y los humanos modernos se separaron hace por lo menos 400.000 años. A partir de ese momento, los cerebros de unos y otros se hicieron más grandes, pero de forma independiente. Aunque no se puede determinar la mente de una especie por su morfología cerebral, el cerebro de los neandertales no tiene la misma forma que el nuestro, que es más esférico. Puede que la anatomía del cerebro simplemente refleje la del cráneo, y lo que cuente sea el tamaño. Y el de los neandertales era como el nuestro.

El hueso hioides, que se encuentra en la base de la lengua, tampoco era en los neandertales diferente del nuestro. No hay una correspondencia directa entre la forma de este hueso y el lenguaje, pero conviene reparar en que el único hioides que se ha encontrado de un australopiteco es muy similar al de los chimpancés.

Por último, los estudios del oído indican que los neandertales se comunicaban en frecuencias de voz similares a las nuestras. Los australopitecos lo hacían en frecuencias más próximas a las de los chimpancés.

Queda, finalmente, el simbolismo, que es la prueba definitiva del lenguaje humano. ¿Tenían los neandertales una mente simbólica? Pruebas claras a favor serían los objetos de adorno y el arte. En realidad, cuando decimos objetos de adorno, como colgantes, queremos decir objetos dotados de un significado, aunque no sepamos cuál es. Lo mismo sucede con el arte. Pintaban su cuerpo y grababan signos y figuras en las paredes de las cuevas o en rocas al aire libre por alguna razón que desconocemos y que ignoraremos siempre. Los símbolos son signos codificados de una comunidad, y esos códigos pertenecen únicamente a la comunidad que los creó. Siempre pongo como ejemplo la alianza de matrimonio: es un objeto que solo saben interpretar algunas culturas, para otras es un simple adorno.

Cueva de La Pasiega, Cantabria
Pedro Saura

La cueva cántabra de La Pasiega ha sido utilizada durante miles de años para decorar sus paredes. Esta fotografía muestra unos signos llamados claviformes atribuibles a Homo sapiens. En 2018 la revista Science dedicó su portada al tema del arte neandertal.

Hay tres cuevas en España con pinturas que datan del tiempo de los neandertales, miles de años antes de que los humanos modernos llegasen a Europa hace 45.000-40.000 años. Una es La Pasiega, situada en Cantabria; otra es Maltravieso, en Cáceres, y la tercera es Ardales, en Málaga. En las paredes de las tres hay otras muchas representaciones, pero todas corresponden al tiempo de los humanos modernos. Es decir, estas manifestaciones «artísticas» atribuidas a los neandertales son la excepción, y no la regla, en sus respectivos santuarios. La ciencia es muy exigente a la hora de dar algo por demostrado, y por eso quiero ser prudente con respecto al arte neandertal. 

Signo escaleriforme
Pedro Saura

Junto a las pinturas realizadas por Homo sapiens en La Pasiega se encuentra este signo escaleriforme, ahora datado en 65.000 años de antigüedad, una época en la que solo los neandertales ocupaban este territorio.

Sin embargo, existen pruebas bastante más abundantes de que los neandertales arrancaban plumas de grandes rapaces y aves carroñeras –como águilas, quebrantahuesos o buitres– y garras de águilas, seguramente para decorarse con ellas. Es posible también que se pintaran el cuerpo con almagre y ceniza. El almagre, también llamado ocre rojo, es un óxido de hierro que se encuentra en muchos yacimientos de neandertales, que sin duda transportaron hasta allí a propósito. ¿Pero con qué fin? Tal vez el de utilizarlo como pigmento para su adorno personal.

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El uso simbólico de los restos faunísticos

En 2009, en la cueva Des-Cubierta, cerca de Pinilla del Valle (Madrid), el equipo del arqueólogo Enrique Baquedano, director del Museo Arqueológico y Paleontológico de la Comunidad de Madrid (MARPA), el paleontólogo Juan Luis Arsuaga y el geólogo Alfredo Pérez-González realizó un descubrimiento sorprendente: en el nivel 3 de la cueva, correspondiente a la ocupación neandertal, hallaron acumulaciones de huesos de mamíferos, con énfasis en los cráneos de grandes ungulados. Estos restos muestran signos de una manipulación regular, no para las tareas habituales de desmembramiento de cadáveres o para otros fines de subsistencia, sino por razones simbólicas.

El uso simbólico de los restos faunísticos

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Un descubrimiento interesante acerca de la mente simbólica del neandertal es el de la cueva de los Aviones, en Murcia. Aquí se encontraron conchas perforadas que pudieron ser utilizadas por los neandertales para su decoración personal.

En el interior de la península Ibérica no hay muchos yacimientos neandertales en cuevas, y eso se debe a que en el centro de las dos mesetas no hay calizas. Pero sí hay calizas y cuevas en los bordes montañosos de las mesetas, como en la sierra de Guadarrama, en el Sistema Central. El Calvero de la Higuera, en el municipio madrileño de Pinilla del Valle, es uno de esos lugares donde se registra la vida de los neandertales del interior. Además de fósiles humanos, aquí se ha producido un sorprendente descubrimiento: en una de las cuevas acumularon cráneos de bisontes, de uros (el antepasado salvaje del ganado vacuno), de ciervos machos y de rinocerontes. Todos ellos animales con «cuernos» de un tipo u otro. Faltan, sin embargo, ciervas o caballos, carentes de estas defensas. ¿Por qué reunieron esos «trofeos»? Si fue por algo en concreto, es decir, si ese comportamiento tenía un significado para la comunidad, como parece, podemos decir que su mente era simbólica.

Manos de 60.000 años
Hipólito Collado

Manos de 60.000 años

La cueva de Maltravieso, situada en el casco urbano de Cáceres, fue descubierta accidentalmente en 1951 a raíz de una voladura. En ella hay 60 manos pintadas, algunas atribuidas por sus cronologías antiguas a los neandertales, como esta, ubicada en el Panel III de la Galería de la Serpiente (abajo, fotografía original e imagen retocada en color para mejorar su visibilidad). Las nuevas dataciones realizadas revelan varios paneles con manos cuya antigüedad es de más de 60.000 años.

Manos
Hipólito Collado
Manos 2
Hipólito Collado

La extinción de los neandertales

No sabemos cómo se produjo la extinción de los neandertales, pero no pudo ser diferente de la de cualquier otra especie. En España hemos asistido en directo a la desaparición del bucardo, la cabra pirenaica, que si no era una especie propia, le faltaba poco. Y casi presenciamos la del lince ibérico. Lo que sucede en estos casos es que el área de distribución de la especie va fragmentándose y las poblaciones se van separando y haciéndose cada vez más pequeñas. Finalmente quedan incomunicadas y se interrumpe el flujo de genes entre unas y otras hasta que dejan de ser genéticamente viables y se van apagando como los rescoldos de lo que en otro tiempo había sido un gran incendio.

En el caso del bucardo y del lince ibérico no cabe duda de que el responsable del desastre fue el ser humano. ¿Pero fuimos nosotros también quienes extinguimos a los neandertales? La coincidencia general en el tiempo entre la extinción de los neandertales y la llegada de los humanos modernos habla en favor de esta hipótesis.

Conchas
João Zilhão

Las conchas con el umbo perforado encontradas en la cueva de los Aviones, en Cartagena, podrían haber sido utilizadas por los neandertales para el adorno personal. En la imagen, tres conchas en diferentes vistas.

Otros autores defienden que los neandertales se extinguieron a causa de la glaciación. Yo no lo creo, aunque sí pienso que las poblaciones neandertales estaban en una situación crítica en esos momentos tan desfavorables a causa del clima. Probablemente se hubiesen recuperado, pero la llegada de un competidor humano precipitó su extinción.

Quedan por precisar el mapa y el calendario de la expansión de los humanos modernos y de la extinción de los neandertales. El período crítico va entre los 45.000 y los 35.000 años atrás. Es posible que los neandertales mediterráneos durasen más que los del norte. El principal problema para saberlo es que el método de datación de que disponemos, el carbono 14, se encuentra en esas edades en el límite de su rango. Quizá le pedimos una resolución que no nos puede dar. Un siglo es mucho a escala humana, y no digamos un milenio, pero a escala geológica no es nada.

La desaparición de los neandertales aún permanece envuelta en la bruma, una bruma que la ciencia todavía no es capaz de disipar. Pero si en algún lugar pueden resolverse este y otros misterios de la historia de los neandertales, será en la península Ibérica.

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El clima como actor principal

La superficie geográfica habitada por los neandertales fue muy amplia, e incluía Europa, Siberia, Asia Central y Oriente Próximo. Este mapa representa la situación ecológica en el Último Máximo Glacial, hace 20.000 años.

El clima como actor principal

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Juan Luis Arsuaga es catedrático de Paleontología en la Universidad Complutense de Madrid, codirector de las excavaciones en la sierra de Atapuerca y director científico del Museo de la Evolución Humana de Burgos. 

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Este artículo pertenece al número de Febrero de 2024 de la revista National Geographic.