Lidiar con la desmesura

Una hembra de pulpo manta violeta parece observarnos con su ojo de cíclope. Entre dos de sus tentáculos luce una membrana que, desplegada, la hará parecer aún más grande e intimidatoria.

Una hembra de pulpo manta violeta parece observarnos con su ojo de cíclope. Entre dos de sus tentáculos luce una membrana que, desplegada, la hará parecer aún más grande e intimidatoria.

Foto: Sam Robertshaw / Shutterstock

Si se hicieran una foto de pareja, sin duda ellas acapararían todo el protagonismo, eso deberían asumirlo todos los machos de pulpo manta violeta (Tremoctopus violaceus). Y es que estos cefalópodos, moluscos pelágicos que pasan la vida entera en mares abiertos de las áreas tropicales y subtropicales, presentan el dimorfismo sexual más extremo conocido entre todos los animales no microscópicos: las hembras, de dos metros de envergadura, son 100 veces más grandes que los machos, del tamaño de una nuez, y pesan por lo menos 10.000 veces más: hasta 10 kilos ellas y menos de un gramo sus partenaires. ¡Los caminos de la evolución pueden ser chocantes!

Pero ¿cómo hacen para reproducirse con tamaña diferencia corporal? Pues es una misión a la que ellos dedican, literalmente, la vida. Estos pulpitos buscan con su enorme y único ojo a una hembra y, cuando la localizan, le insertan el hectocólito –un brazo especializado para acarrear el espermatóforo, contenedor de espermatozoides– en la cavidad de su manto, tras lo cual morirán. «Una vez fecundados los óvulos de la hembra, la función biológica del macho finaliza. Prolongar su existencia carece de sentido, pues ni ayuda a la hembra ni cuida de la prole en nada. La evolución solo selecciona positivamente lo que redunda en un incremento de la reproducción», explica el biólogo Albert Masó, doctor en Ecología y Evolución por la Universidad de Barcelona. A pesar de ser minúsculos, los machos de esta especie pueden fecundar hasta 150.000 óvulos de una tacada, así que cabe recalcar que han superado con nota esa desmesura femenina.

Extremadamente difíciles de avistar en vivo y en directo, la primera vez que se pudo observar a uno fue en 2002 en el Gran Arrecife de Barrera australiano, y fue motivo de un artículo científico. Según nos comenta uno de sus coautores, el biólogo británico Tom Tregenza, no hay constancia de que haya vuelto a suceder. Estos pequeños machos son prácticamente imperceptibles.

OTROS DATOS

Los individuos jóvenes de pulpo manta violeta suelen arrancar trozos de los urticantes tentáculos de la medusa carabela portuguesa (Physalia physalis) y los llevan pegados a las ventosas de los cuatro brazos dorsales. Los usan tanto para defenderse de los depredadores como para atacar a sus presas.

Este artículo pertenece al número de Septiembre de 2021 de la revista National Geographic.

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