Un mundo viralizado

Informe: Indonesia

La pandemia que llenaba los cementerios también vaciaba las calles. La población seguía saliendo de casa, pero solo por motivos esenciales: festividades religiosas y reparto de alimentos.

En un cementerio público  del este de Yakarta  se despejaron terrenos para acoger solo a víctimas de la COVID-19. Las cruces marcan las tumbas cristianas;  las musulmanas están señalizadas con cipos.

En un cementerio público del este de Yakarta se despejaron terrenos para acoger solo a víctimas de la COVID-19. Las cruces marcan las tumbas cristianas; las musulmanas están señalizadas con cipos.

Muhammad Fadli

El brote de la pandemia  de COVID-19 en Indonesia se sitúa el 2 de marzo, fecha en que se comunicaron  los dos primeros casos confirmados. Al cabo  de 54 días se prohibieron los desplazamientos internacionales por tierra, mar y aire. A los 100 días había 1.883 muertes registradas.

El brote de la pandemia de COVID-19 en Indonesia se sitúa el 2 de marzo, fecha en que se comunicaron los dos primeros casos confirmados. Al cabo de 54 días se prohibieron los desplazamientos internacionales por tierra, mar y aire. A los 100 días había 1.883 muertes registradas.

Taylor Maggiacomo e Irene Berman-Vaporis, NGM. Fuentes: rastreador de respuestas gubernamentales a la Covid-19 de la Universidad de Oxford; Centro Europeo de Prevención y Control de Enfermedades

La pandemia malogró el mudik, como llaman los indonesios a la salida en masa de los urbanitas hacia los pueblos y zonas rurales para visitar a la familia con motivo de la gran fiesta religiosa. La población musulmana de Indonesia es la mayor del mundo, y el mudik del Ramadán es masivo. En un año normal, cuando el mes de ayuno diurno se aproxima a su fin, el fotógrafo Muhammad Fadli habría montado a su mujer y a su hija en la camioneta Nissan de la familia y sorteado el tráfico para salir de la capital, Yakarta. Llegar a su ciudad natal supone un viaje de 36 horas por carreteras sinuosas más un trayecto en ferry, pero allí están sus padres. Y él es su único hijo.

Los protocolos de distanciamiento saltan por los aires cuando se corre la voz de que van a repartirse alimentos  y mascarillas en unas instalaciones militares de Yakarta.

Los protocolos de distanciamiento saltan por los aires cuando se corre la voz de que van a repartirse alimentos y mascarillas en unas instalaciones militares de Yakarta.

Muhammad Fadli

A finales del pasado mes de abril, con los contagios subiendo como la espuma y el Ramadán a punto de empezar, el Gobierno indonesio restringió durante seis semanas los desplazamientos interregionales: un «veto al mudik», lo denominó el Jakarta Post. Confinado en la capital, Fadli siguió trabajando. Un asistente fotográfico lo llevó en coche por las calles desiertas y mudas, hasta que una mañana se toparon con una muchedumbre: coches y motos detenidos, peatones amontonados, avanzando a codazos hacia algo.

Una señal  dirige a automovilistas y motoristas a un improvisado «auto- COVID»: sin salir del coche, dos enfermeras les extraerán sangre para el test de anticuerpos.

Una señal dirige a automovilistas y motoristas a un improvisado «auto- COVID»: sin salir del coche, dos enfermeras les extraerán sangre para el test de anticuerpos.

Muhammad Fadli
En zonas rurales con una atención muy deficiente por parte del Estado, algunos vecinos implantaron  sus propias cuarentenas  preventivas. Un vecino de  Purwodadi levantó una  valla con postes de bambú.

En zonas rurales con una atención muy deficiente por parte del Estado, algunos vecinos implantaron sus propias cuarentenas preventivas. Un vecino de Purwodadi levantó una valla con postes de bambú.

Muhammad Fadli

«Para», dijo Fadli. Se ajustó la mascarilla y salió corriendo hacia el alboroto. «¿Qué pasa?», preguntó. Sin dirigirle la mirada, la gente respondió: «Bantuan sosial». Ayuda social. Arroz, mascarillas y barritas de soja fermentada que iban a repartir los hombres uniformados al otro lado de un portalón cerrado.

El retratista Sigit Parwanto, con algunos de sus trabajos bajo  el brazo, vivía de los encargos de los turistas que llenaban la playa javanesa de Parangtritis… hasta la pasada  primavera, cuando dejaron de llegar.

El retratista Sigit Parwanto, con algunos de sus trabajos bajo el brazo, vivía de los encargos de los turistas que llenaban la playa javanesa de Parangtritis… hasta la pasada primavera, cuando dejaron de llegar.

Muhammad Fadli
Amigos desde que  eran niños en la isla de Sumatra, estos jóvenes indonesios estaban forjándose un futuro  en Yakarta hasta que  la COVID-19 cerró sus centros de trabajo; hoy regresan a casa en ferry.

Amigos desde que eran niños en la isla de Sumatra, estos jóvenes indonesios estaban forjándose un futuro en Yakarta hasta que la COVID-19 cerró sus centros de trabajo; hoy regresan a casa en ferry.

Muhammad Fadli
Enfermeras de Yakarta hacen extracciones de sangre a los conductores para realizarles un test de anticuerpos.

Enfermeras de Yakarta hacen extracciones de sangre a los conductores para realizarles un test de anticuerpos.

Muhammad Fadli
El trabajo de los pilotos de Batik Air se redujo en cuanto la pandemia alcanzó Indonesia.

El trabajo de los pilotos de Batik Air se redujo en cuanto la pandemia alcanzó Indonesia.

Muhammad Fadli
Surakso  Widarso sigue con sus tareas de limpieza en un centro javanés de peregrinación, aunque esté desierto.

Surakso Widarso sigue con sus tareas de limpieza en un centro javanés de peregrinación, aunque esté desierto.

Muhammad Fadli

Los militares exclamaban: «Tolong sosial distancingnya!», ¡por favor, distánciense; no repartiremos nada hasta que se distancien! Fue en vano. La necesidad y la angustia no conocen freno, menos aún en una muchedumbre. Cuando al fin abrieron el portalón, Fadli sintió la fortuna de las modestas comodidades de las que gozaba su familia. No les faltaba comida. Él tenía trabajo. Los indonesios ya estaban incumpliendo la prohibición de viajar, propagando el virus por todo el archipiélago, pero sabía que el hogar de sus padres seguía sin recibir visitantes: sombrío, tranquilo, seguro.

Al día siguiente de decretarse la suspensión temporal de vuelos comerciales y desplazamientos marítimos, la actividad es nula en el Aeropuerto Internacional de Yogyakarta.

Al día siguiente de decretarse la suspensión temporal de vuelos comerciales y desplazamientos marítimos, la actividad es nula en el Aeropuerto Internacional de Yogyakarta.

Muhammad Fadli

Fadli visitaría a sus padres por Ramadán mediante videollamada, y ya se imaginaba la escena: la ropa de fiesta de su madre guardada; el pelo al descubierto, libre de usar el hiyab en presencia de la familia directa; su padre sentado junto a ella en el sofá. Se saludarían como se estila en el Ramadán indonesio: «Te pido de corazón que perdones mis malas acciones pasadas». Luego empezarían a charlar. 

Este artículo pertenece al número de Noviembre de 2020 de la revista National Geographic.