El espíritu samurái

Una galería de retratos pone de manifiesto la belleza y la dignidad de estos guerreros de antaño, que continúan siendo reverenciados en el Japón actual.

24 de febrero de 2022, 07:00 | Actualizado a

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Mitsuo Abe vestido de samurái.

En el milenario festival del Soma Nomaoi, los participantes, algunos de ellos descendientes de samuráis, desfilan ataviados con armaduras y compiten en carreras de caballos recreando escenas del Japón feudal. Mitsuo Abe –comerciante de armaduras antiguas– luce la indumentaria de un tipo de samurái llamado go-taisho, o general de batallón.

Foto: Ryotaro Horiuchi

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Miwa Hosokawa posa con el atuendo propio de un guerrero montado, conocido como kiba.

Durante la celebración del Soma Nomaoi, cuida de las monturas de los participantes, aplicando la pericia adquirida al trabajar en un rancho de caballos.

Foto: Ryotaro Horiuchi

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Yukio Imada, funcionario jubilado, hace las veces de samurai-taisho, un comandante de compañía que apoya al general del batallón.

Para intimidar a sus oponentes, su tocado incluye un oni, una temible criatura del folclore japonés.

Foto: Ryotaro Horiuchi

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La formación de Katsunao Kamo como armero es una ventaja a la hora de ataviarse para su papel de gunja, samurái asistente del jefe del Estado Mayor y de su segundo.

Kamo, hoy fallecido, también se ocupaba de la organización general del festival.

Foto: Ryotaro Horiuchi

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Yuichi Takahashi dirige una empresa de construcción. En calidad de osakinori, durante la celebración dirige a la caballería samurái en su desfile y a los espíritus del festival.

La armadura que luce data de finales del siglo XVI o principios del XVII.

Foto: Ryotaro Horiuchi

La tradición se conjuga con la modernidad.

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La tradición se conjuga con la modernidad.

Mitsukiyo Monma, descendiente de samurái y participante del festival, a veces cambia el caballo por la Harley.

Foto: Ryotaro Horiuchi

Tras pasar varios años tomando fotos fuera de Japón, Ryotaro Horiuchi orientó la cámara hacia su país natal. Preguntándose en qué consiste la identidad japonesa –y su propia identidad como ciudadano japonés–, empezó a investigar las matsuri, celebraciones colectivas que tienen lugar en todas las regiones de Japón desde tiempos inmemoriales.

Cuando asistió al Soma Nomaoi de la prefectura de Fukushima, un festival en el que cada mes de julio descendientes de samuráis y entusiastas de la cultura de estos antiguos guerreros visten armaduras y compiten a caballo, Horiuchi se sintió «embargado y conmovido por el coraje y la destreza de los participantes y la dimensión humana de aquella tradición». Una tradición milenaria que el señor de Soma inauguró como entrenamiento militar para los samuráis que dedicaban su vida a proteger la suya. Hoy los participantes se inspiran en la disciplina, el honor y la fidelidad que regían la existencia de los samuráis, valores que les han ayudado a perseverar frente a las adversidades de la vida, como el terremoto y subsiguiente tsunami que devastaron la zona de Soma de la prefectura de Fukushima en 2011 y provocaron una catástrofe nuclear.

En la búsqueda de su identidad japonesa, un fotógrafo redescubre el pasado en el presente.

Al conocer las historias de los actuales participantes y constatar la firmeza de su convicción, Horiuchi supo que en su siguiente proyecto fotográfico intentaría «plasmar sus personalidades y su identidad samurái».

Para los admiradores de los samuráis, el pasado conforma el presente. A lo largo de la historia de la celebración, sus participantes se han adaptado al signo de los tiempos sin renunciar a su conexión con sus venerados predecesores. Y por medio de estos retratos, Horiuchi ha hallado su propio concepto de sí mismo, una identidad que muda en función del momento y del lugar, pero que preserva el espíritu de la tradición.

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Entre las novelas de la escritora superventas Gail Tsukiyama se cuentan El jardín del samurái, Mujeres de la seda y El color del aire.

Este artículo pertenece al número de Marzo de 2022 de la revista National Geographic.

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