Es hoy o nunca, vida mía

La presencia de efímeras en los ríos es un signo de buena calidad de las aguas

La presencia de efímeras en los ríos es un signo de buena calidad de las aguas

Miles de efímeras (Ephoron virgo) revolotean tras eclosionar en el puente de Tudela, en Navarra, sobre el río Ebro.

Foto: Eduardo Blanco

Apenas 24 horas. Es lo que vive la mayoría de las efímeras en estado adulto, un breve lapso de tiempo en el que su cometido es reproducirse antes de morir. Para ello forman grupos numerosísimos que vuelan en sincronía y copulan en el aire, tras lo cual las hembras fecundadas desovan en el río. La fugaz existencia de estos insectos alados, de los que hay unas 3.000 especies, se conoce desde hace mucho. De hecho, ya se hace referencia a ellas en la Epopeya de Gilgamesh, una narración en verso basada en unos poemas sumerios escritos en el año 2100 a.C.

Las efímeras adultas, como esta de la imagen, miden pocos milímetros de longitud.

Las efímeras adultas, como esta de la imagen, miden pocos milímetros de longitud.

Foto: Epantha / AGE Fotostock

Pero esa fase adulta de las efímeras, llamada imago, es el colofón de una vida mucho más larga que experimentan siendo ninfas acuáticas, período en el que viven en aguas fluviales, respirando por branquias, y que dura entre varios meses y cuatro años. Otra peculiaridad de estos efemerópteros es que, a diferencia del resto de los insectos voladores actuales, mudan de nuevo tras alcanzar una primera fase del estado adulto. Se trata de una etapa intermedia, en la que poseen alas pero aún no han alcanzado la madurez sexual, que se denomina subimago y del que se desconocía su razón de ser. Ahora lo ha descubierto un equipo de investigación liderado por el Instituto de Biología Evolutiva (IBE, CSIC-UPF). «Cuando son subimagos, las efímeras aún no pueden reproducirse –explica Xavier Bellés, investigador principal del IBE–. Es en este estadio, que dura unas 12 horas, cuando desarrollan la forma final de sus alas y sus patas anteriores multiplican hasta ocho veces su tamaño, lo que facilitará que el macho atrape a la hembra al vuelo para copular». Ese desarrollo requiere tanta energía que la evolución ha dotado a estos insectos de una fase de desarrollo extra. Una vez culminado ese extraordinario crecimiento, alcanzarán la madurez y comenzará su última jornada, dedicada a volar frenéticamente en busca de pareja para garantizar el sentido evolutivo a su vida: la pervivencia de sus genes.

OTROS DATOS

Aunque la mayor parte de los insectos alados actuales pertenece al grupo de los neópteros, las primitivas efímeras son paleópteros. Los científicos han confirmado que ambos grupos comparten el mismo mecanismo molecular que da lugar a la metamorfosis, un proceso biológico que es clave en el éxito evolutivo de los insectos, el grupo animal más diverso que existe.

Este artículo pertenece al número de Diciembre de 2021 de la revista National Geographic.

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