Editorial Octubre 2021: La revolución del transporte

El futuro es eléctrico

Unos ingenieros trabajan en un prototipo de aerotaxi de cinco plazas en Múnich. Construido por la empresa aeroespacial alemana Lilium, este modelo demostró en su primer vuelo, en 2019, que la potencia de un motor eléctrico puede propulsar el despegue y aterrizaje vertical, así como el vuelo horizontal.

Unos ingenieros trabajan en un prototipo de aerotaxi de cinco plazas en Múnich. Construido por la empresa aeroespacial alemana Lilium, este modelo demostró en su primer vuelo, en 2019, que la potencia de un motor eléctrico puede propulsar el despegue y aterrizaje vertical, así como el vuelo horizontal.

Foto: Davide Monteleone

Estamos en medio de una revolución… y pronto emprenderemos la siguiente. Estas grandes transformaciones, ambas orientadas a un futuro más sostenible, no son producto de la discordia, sino del ingenio humano: estamos reinventando nuestra forma de ir de un lugar a otro.

«Turismos y vehículos comerciales experimentan la mayor transformación habida desde que nació el automóvil hace más de un siglo», escribe Craig Welch en el primero de los dos artículos de este número sobre el futuro de la movilidad. Casi de la noche a la mañana, proliferan los coches eléctricos, y los motores de combustión, con sus emisiones de CO2, van camino de la extinción.

En el transporte aéreo, el cambio es más gradual. Hay avances prometedores en materia de combustible sostenible –fabricado con productos de desecho–, aviones propulsados por hidrógeno «verde» y aeronaves con motores de cero emisiones alimentados por baterías.

La mayor parte de los cambios en el mercado todavía están por venir. Por ejemplo, no hay una batería capaz de llevar un Boeing 747 desde Nueva York hasta Londres, afirma el autor Sam Howe Verhovek en el segundo artículo: «Se necesitaría la energía de 4,4 millones de baterías de ordenador portátil solo para levantar el vuelo. Lo cual sería a su vez imposible: el jumbo no lograría elevarse, porque tales baterías pesarían siete veces más que el avión en sí».

La preocupación por el cambio climático impulsa estas transiciones económicas y de consumo. Pero el progreso se hace de rogar: la salud del planeta depende de que suprimamos por completo las emisiones de CO2 en 2050 como muy tarde, advierten los expertos.

Es una verdad aleccionadora, pero en este número descubrirá que hay motivos para el optimismo, tanto en lo que ya estamos consiguiendo (con los coches) como en lo que estamos a punto de lograr (con los aviones). La previsión a escala mundial es que las ventas anuales de vehículos eléctricos se disparen de los poco más de tres millones de hoy a unos 14 millones en 2025. Todo apunta a que para 2040 el 70  % de los coches serán eléctricos. En cuanto a los aviones, Verhovek afirma que el automóvil volador de Los supersónicos es ya casi una realidad. En el gráfico que acompaña el artículo mostramos el avión del futuro. Es como un bumerán, con los asientos de los pasajeros en las alas.

Cuando planificábamos estos reportajes, pensé en titularlos «Aviones, trenes y automóviles» en referencia a la comedia de 1987 (en España comercializada como Mejor solo que mal acompañado), que en realidad no trata de los medios de transporte, sino del indomable espíritu humano. Pero la referencia no sería precisa a no ser que mencionásemos también el transporte ferroviario. De modo que ahí va la mención: en Estados Unidos la electrificación ferroviaria es prácticamente nula. Pero en Europa, China y la India, más de un 55 % de los trenes están electrificados. Aunque el ferrocarril apenas representa el uno por ciento de las emisiones del transporte mundial, todo ayuda.

Gracias por leer National Geographic.