Editorial Julio 2021: Bajo el sol y la sombra

Freno al cambio climático

Mientras Elliot Ross tomaba fotografías en Los Ángeles, los usuarios del transporte público le explicaban que las paradas de autobús apenas ofrecen sombra y que la espera puede traducirse en un peligroso sobrecalentamiento, incluso en invierno. Las zonas verdes suelen ser las más ricas de la ciudad: casi el 20 % de los árboles se concentra en cinco bloques censales, hogar de tan solo el 1 %.

Mientras Elliot Ross tomaba fotografías en Los Ángeles, los usuarios del transporte público le explicaban que las paradas de autobús apenas ofrecen sombra y que la espera puede traducirse en un peligroso sobrecalentamiento, incluso en invierno. Las zonas verdes suelen ser las más ricas de la ciudad: casi el 20 % de los árboles se concentra en cinco bloques censales, hogar de tan solo el 1 %.

Foto: Elliot Ross

La ciencia nos confirma sin asomo de duda que el mundo está calentándose: los últimos seis años han sido los más cálidos desde que existen registros.

Cada uno de nosotros puede percibirlo de manera distinta. En mi caso, me llama la atención que las aves ya no emigran al sur en invierno: las veo aquí todo el año. ¿Y qué hace la forsitia floreciendo en enero?

A la postre, el único modo de solucionar el calentamiento global pasa por reducir drásticamente las emisiones de gases de efecto invernadero. El primer reportaje de este mes aborda ese reto. Habla del calor y de cómo el ser humano –que en los últimos 10.000 años ha evolucionado con una temperatura media del aire de 13 °C– debe adaptarse a una realidad tan nueva como candente, pero también trabajar para mitigarla.

El segundo artículo explora una solución inmediata y de baja tecnología para protegernos del calor: la sombra. Somos conscientes de sus beneficios para la salud pública, ya que a la sombra llegamos a sentir hasta 10 grados menos que a pleno sol. Un estudio reciente revelaba que los barrios con una densa arboleda, con parques y otras zonas verdes registraban una media de entre dos y tres grados menos que los que carecían de ellos, aun estando en la misma ciudad. Narramos nuestra historia de luces y sombras desde Los Ángeles.

No le sorprenderá descubrir que los barrios más calurosos suelen ser los de renta baja, habitados en mayor proporción por ciudadanos no blancos. La discriminación residencial e hipotecaria lleva toda la vida negando financiación para la adquisición de vivienda y frustrando las inversiones comunitarias. El legado de esas desigualdades hace de la sombra un bien sensible. No es solo un modo de mantenerse fresco, sino una medida de privilegio y racismo medioambiental.

La disparidad es palmaria: donde se impuso esta discriminación, no hay vegetación, dice el ecólogo urbano Vivek Shandas. En algunos de los barrios más pobres de Los Ángeles, la superficie con árboles que dan sombra no llega al 10 %, mientras que en los más acomodados alcanza casi el 40 %. Shandas, que estudia la equidad forestal urbana, asesora al Ayuntamiento de Los Ángeles para desarrollar programas de plantación de árboles.

Y esa es la buena noticia: Los Ángeles pretende plantar 90.000 árboles antes de finales de este año, lo que aumentará el arbolado de las zonas desatendidas. No es la panacea, y el beneficio no se apreciará de un día para otro. Pero a medida que sube la temperatura y nos las vemos y deseamos por solucionar el problema infinitamente más complejo de los gases de efecto invernadero, plantar árboles con criterios de equidad en todos los vecindarios es un paso en la buena dirección.

Gracias por leer National Geographic.

Este artículo pertenece al número de Julio de 2021 de la revista National Geographic.

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