Editorial Febrero 2022: Qué conservar y cómo hacerlo

Notre Dame en llamas.

Notre Dame en llamas.

Desde su construcción, iniciada en 1163, la catedral de Notre Dame ha resultado dañada y reparada en repetidas ocasiones, como cuando fue profanada durante la Revolución francesa y cuando fue objeto de una importante restauración a mediados del siglo XIX. El 15 de abril de 2019, la cubierta del emblemático templo se incendió. Después de 15 horas en llamas, la aguja se vino abajo, la techumbre quedó destruida en su mayor parte y la parte superior de sus muros sufrió graves daños. Los trabajos de reconstrucción comenzaron enseguida; la pandemia de la COVID-19 supuso un retraso de apenas dos meses. Según los arquitectos, todo apunta a que las obras estarán finalizadas en 2024.

Foto: Thierry Mallet, AP / Shutterstock

El patrimonio cultural material es un recurso no renovable. Su desaparición es irreversible, una pérdida equivalente a la extinción de una especie.

En la actualidad el patrimonio arquitectónico y arqueológico se destruye o se pone en peligro a un ritmo alarmante. Está amenazado por la subida del nivel del mar (Venecia), la contaminación (Taj Mahal), el turismo desmedido (Angkor Wat), el avance de la urbanización (las pirámides de Gizeh), los conflictos (la antigua ciudad de Palmira)…

Y los accidentes.

En este número exploramos el titánico proyecto de reconstrucción de la cubierta y la aguja de la catedral de Notre Dame, parte de las Orillas del Sena, inscritas en la Lista del Patrimonio Mundial de la Unesco. Antes de sufrir graves daños por el incendio declarado en la primavera de 2019, atraía a unos 12 millones de visitantes al año. De la mano del fotógrafo Tomas van Houtryve, el autor Robert Kunzig y el infógrafo Fernando Baptista, exploramos los entresijos de su reconstrucción.

También abordamos cuestiones espinosas sobre el patrimonio cultural. «¿Qué parte del pasado merece ser conservada y transmitida a la posteridad? ¿Qué obligación tenemos para con las creaciones de nuestros antepasados? ¿Qué solidez y estabilidad nos aporta su presencia? ¿Y cuándo, por el contrario, se convierten en un lastre que nos impide avanzar hacia el futuro?», se pregunta Kunzig:

A estas preguntas, la humanidad ha dado diferentes respuestas.

La Frauenkirche de Dresde era una iglesia barroca del siglo XVIII con una inconfundible cúpula campaniforme. En febrero de 1945, uno de los bombardeos aliados más destructivos de la Segunda Guerra Mundial dejó 25.000 muertos y una ciudad reducida a escombros. Cuando en la posguerra Dresde, por entonces parte de la Alemania del Este, empezó a reconstruirse, la Frauenkirche siguió en ruinas. Pero la reunificación alemana dio paso a la reconstrucción del templo, para la que se usó gran parte de su cantería original como mensaje de paz y armonía.

También sucumbió a los escombros la Iglesia Memorial del Káiser Guillermo, en Berlín, conocida como la Gedächtniskirche, pero su aguja se dejó en ruinas deliberadamente para convertirse en lo que los alemanes llaman mahnmal, un «monumento de advertencia» contra la guerra y la destrucción.

Al igual que la Frauenkirche, Notre Dame se está reconstruyendo con la mayor fidelidad posible al original, hasta el punto de volver a emplearse para la cubierta el mismo material tóxico –el plomo– de antes. Fue una decisión polémica, al igual que lo serán las que se sigan tomando en el debate sobre cómo restaurar y mantener los edificios históricos.

En National Geographic no pretendemos tener las respuestas «correctas» a las disyuntivas de la conservación; puede que ni siquiera existan. Pero seguiremos vigilantes ante el mantenimiento del patrimonio material por su vital importancia para el pasado, el presente y el futuro de la humanidad.

Gracias por leer National Geographic.

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Este artículo pertenece al número de Febrero de 2022 de la revista National Geographic.

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