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Covid

La pandemia hizo de 2021 una montaña rusa. Las vacunas dieron alas al optimismo y las reaperturas, pero pronto les salieron al paso la desinformación y las dificultades de suministro. Conforme retomamos los ritmos de la vida cotidiana, el virus continúa siendo una amenaza.

23 de diciembre de 2021, 07:00 | Actualizado a

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médico rural

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21 DE JUNIO - LLEVAR LA VACUNA A LAS ÁREAS RURALES

Nazir Ahmed carga con una nevera de vacunas contra la COVID-19. Ahmed busca pastores y ganaderos nómadas en los prados de Tosamaidan, al sudoeste de Srinagar, en el territorio indio de Jammu y Cachemira. En la carrera por vacunar contra el virus SARS-CoV-2, el personal sanitario ha hecho lo posible y lo imposible por llegar hasta las comunidades más remotas. Desde Srinagar, Ahmed y media docena de colegas viajaron tres horas en coche y a pie para llegar a este aislado lugar. Allí pasaron cuatro horas buscando gente y vacunaron a más de 10.

Foto: Dar Yasin / AP Photo

olas covid

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21 DE JULIO - LAS OLAS DE COVID SE COBRAN MUCHAS VIDAS

Unos familiares vierten agua de rosas y ponen flores en la tumba de una víctima de la COVID-19 en Cilincing, un barrio de Yakarta Septentrional. En marzo se inauguró el cementerio público de Rorotan, con una capacidad para 7.200 enterramientos, pero no tardó en quedar saturado cuando Indonesia sufrió un descomunal pico de casos en julio. En su peor momento, el cuarto país más poblado del mundo registró un promedio de 50.000 casos diarios.

Foto: Muhammad Fadli

fin restricciones

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19 DE JULIO - EL FIN DE LAS RESTRICCIONES

Un río de motos fluye en hora punta sobre un puente que conecta con Taipéi, Taiwán, cuando los habitantes de la vecina Sanchong se trasladan a sus puestos de trabajo en la capital. La variante alfa del SARS-CoV-2 causó una oleada de casos entre mayo y julio. Muchos taiwaneses se alarmaron, pero el país logró poner freno a la escalada de casos, en buena parte gracias a las estrictas políticas de cuarentena y al rastreo exhaustivo de los contactos. La tasa total de casos de Taiwán es más de 190 veces menor que la de Estados Unidos.

Foto: Lam Yik Fei

escuela covid

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6 DE SEPTIEMBRE - LA VUELTA A LAS AULAS

En la aldea de Manggarai, en Yakarta Meridional, la maestra Erdah Desiana atiende a un pequeño grupo de alumnos en la Escuela Primaria N.º 1. Este fue uno de los varios cientos de centros educativos de los alrededores de Yakarta que retomaron las clases presenciales con estrictos protocolos sanitarios. Las escuelas abrían tres días a la semana, con la mitad del alumnado presente un día y la otra mitad, al siguiente. Cuando se quedaban en casa, los pequeños asistían a clase por videoconferencia. Indonesia seguía asolada por brotes de COVID-19, pero el Gobierno insistió en la presencialidad, alegando que los beneficios educativos superaban los riesgos. 

Foto: Muhammad Fadli

ópera israel

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19 DE MARZO - LLENO ABSOLUTO AL ESTILO PANDEMIA

Con separación para mantener la distancia de seguridad, el público asiste, con la preceptiva mascarilla, a una actuación de las sopranos de la Ópera Israelí en el teatro de la ópera de Tel Aviv, Israel. A mediados de marzo Israel había vacunado a más de la mitad de su población, una primicia mundial que redujo drásticamente su número de casos. El país también implantó un «pasaporte COVID» para los israelíes totalmente vacunados o recuperados de la enfermedad. Entre finales de abril y finales de junio, el país tuvo de media menos de 100 nuevos casos diarios de COVID-19. Y entonces llegó la variante delta, y con ella la tercera ola.

Foto: Dan Balilty

batalla exrebeldes

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16 DE MAYO - LOS EXREBELDES LUCHAN EN UNA NUEVA BATALLA

Marinelly Hernández, con su hijo tumbado a su lado, recibe una dosis intravenosa de vitaminas mientras se recupera de la COVID-19 en La Guajira, Colombia. Guajira es uno de los 24 campamentos de reinserción construidos para ayudar a los excombatientes de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia a reintegrarse en la sociedad. Desde que en 2016 los guerrilleros firmaron un acuerdo de paz con el Gobierno, antiguos rebeldes como Hernández se han reunido con sus familias en lugares como este. En La Guajira se diagnosticaron menos de 50 casos de COVID-19, una cifra que seguramente se mantiene en niveles bajos debido a su relativo aislamiento de la población exterior.

Foto: Juan Arredondo

vacunódromo

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17 DE JULIO - DE ESTACIÓN A VACUNÓDROMO

Durante dos días de julio, unas 10.000 personas pasaron por la abarrotada estación de autobuses Pulo Gebang de Yakarta Oriental para vacunarse de la COVID-19. Indonesia tiene más de 270 millones de habitantes dispersos en un archipiélago muy extenso, lo que ha complicado sobremanera sus planes de vacunación. Tampoco ayudaron los problemas de suministro de las vacunas, pero durante el verano el país aceleró sus esfuerzos, vacunando a más de un millón de personas al día.

Foto: Muhammad Fadli

UN 2021 DIFERENTE

Iba a ser un año triunfal, el año en que derrotaríamos la COVID-19. De las fábricas salían ya las revolucionarias vacunas, desarrolladas a velocidad de vértigo a partir de tecnologías genéticas que llevaban décadas en estudio, e iniciábamos la mayor campaña de inmunización mundial de la historia. Los confinamientos, la distancia social, las mascarillas y los funerales sin apenas asistentes darían paso a fronteras abiertas, reuniones familiares y recuperación de las economías. En 2021 la vida volvería a la normalidad.

Lo que entonces ignorábamos era que el impulso vacunador perdería fuelle. En Estados Unidos, millones de ciudadanos se negaron a vacunarse pese al mortífero pico del invierno, seguido de otra ola en pleno verano. Que los científicos siguiesen descubriendo aspectos del coronavirus y ajustando las recomendaciones levantó sospechas. Las informaciones falsas y las pseudoterapias se propagaron tan rápido como el propio virus. Se acusó a las vacunas de ser un instrumento de control gubernamental y a las mascarillas, de violar las libertades individuales. En buena parte del mundo, en contraste, las vacunas simple y trágicamente no llegaban.

Desperdiciamos la oportunidad de alcanzar la inmunidad de rebaño y el virus sacó ventaja. El SARS-CoV-2 se multiplicó, generando incontables mutaciones. Cada cambio genético implicaba la posibilidad de que el virus ganase en letalidad, aprendiese a esquivar el sistema inmunitario, a infectar las células con más rapidez, a atacar el organismo con más virulencia, a rebasar fronteras. Nos hallábamos a merced de una selección natural acelerada.

Y así empezó el auge de las variantes: la variante alfa en el Reino Unido, la beta en Sudáfrica, la gamma en Brasil y, procedente de la India, la delta.

Más contagiosa y posiblemente más letal que sus predecesoras, la variante delta pasó como una apisonadora sobre el segundo país más poblado del mundo, sobrepasando a sus sanitarios, atestando los hospitales y enviando cadáveres a unos crematorios cuyas piras funerarias ardían día y noche.

En julio la variante delta estaba convirtiéndose en la dominante en todo el mundo; en septiembre había causado en Estados Unidos más muertes que la llamada gripe española de 1918, lo que hacía de la COVID-19 la pandemia más mortífera de la historia del país. A principios de noviembre habían fallecido más de 750.000 estadounidenses. Con la salvedad de que el coronavirus se ha cebado con especial saña en algunas comunidades: la tasa de mortalidad es superior entre indígenas, hispanos y negros.

La pandemia mostró las vergüenzas de otra desigualdad sanitaria flagrante, la brecha vacunal del planeta: dosis de sobra en países donde la población las despreciaba y escasez –o ausencia total– allí donde la gente las ansiaba.

A los nueve meses de autorizarse la primera vacuna contra la COVID-19, más del 80 % de las dosis se habían inoculado en países de renta alta o media-alta. Mientras la población de los países pobres seguía aguardando el primer pinchazo, las naciones ricas aprobaban dosis de refuerzo para los ya vacunados.

Lo más probable es que el SARS-CoV-2 evolucione y circule durante años. Mientras muchos de nosotros estemos desprotegidos, nadie estará a salvo.

Como consecuencia, millones de personas han muerto en el mundo de una enfermedad que, en la mayoría de los casos, puede prevenirse con una inyección única o una pauta de dos dosis.

Por muchas vacunas que se distribuyan, es posible que no logremos librarnos nunca de este virus. Los cuatro coronavirus que causan el resfriado común son endémicos, como también lo son los descendientes del que provocó la gripe española, que dejó 50 millones de muertos en el mundo.

Lo más probable es que el coronavirus SARS-CoV-2 se quede entre nosotros, evolucionando y circulando durante años, dicen los expertos. Pero a medida que la población desarrolle inmunidad, los brotes serán más pequeños y el virus causará cuadros menos graves.

Tendremos que bregar no solo con el virus, sino también con un legado tan tremendo como poco comprendido: de los cientos de millones de infectados, entre el 10 y el 30 % pueden sufrir síntomas duraderos y potencialmente invalidantes. La llamada COVID persistente –con síntomas que van desde la dificultad de concentración, la pérdida de memoria y la fatiga hasta la disfunción eréctil y los desarreglos menstruales, pasando por trastornos del gusto y del olfato– requerirá nuevos tratamientos y terapias.

En el ínterin, y mientras muchos de nosotros sigamos desprotegidos, nadie está a salvo. Los no vacunados constituyen un reservorio ideal para el surgimiento de nuevas variantes. Es imperativo tanto convencer a quienes recelan de la vacuna (que proporciona mayor inmunidad que pasar la enfermedad) como hacer que esta llegue a las comunidades más remotas. COVAX, una iniciativa plurinacional para llevar las vacunas contra la COVID-19 al mundo entero, prevé alcanzar el hito de los 2.000 millones de dosis a principios de este año.

Es un paso en la buena dirección. Pero tal y como nos demostró 2021, y tal y como aprendimos de la variante delta, al virus le dan exactamente igual nuestros calendarios y nuestras normas.

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Bijal P. Trivedi es editora de National Geographic y autora de Breath from Salt, un libro sobre la búsqueda de una cura para la fibrosis quística infantil y el nacimiento de la medicina personalizada.

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Este artículo pertenece al número de Enero de 2022 de la revista National Geographic.

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