Cómo tocar el sol sin derretirse

La sonda Parker va protegida con un escudo de carbono de 2,4 metros de diámetro y 115 milímetros de grosor.

La sonda Parker va protegida con un escudo de carbono de 2,4 metros de diámetro y 115 milímetros de grosor.

Llamada Parker en honor de Eugene Parker, astrofísico estadounidense experto en el Sol, la sonda tiene un revestimiento de óxido de aluminio blanco que refleja gran cantidad de calor.

Foto: Laboratorio de Física Aplicada de la Universidad Johns Hopkins / NASA

Partió en 2018 rumbo al Sol con el objetivo de convertirse en el primer artilugio humano capaz de sumergirse en su atmósfera, la corona solar, un hito que logró el pasado 15 de diciembre a una velocidad nunca alcanzada: casi 590.000 kilómetros por hora. La Sonda Solar Parker, de la NASA, descubrirá aspectos hoy desconocidos del Sol gracias a cuatro conjuntos de instrumentos que lleva a bordo: FIELDS, para medir el campo magnético; WISPR, una cámara para filmar nuestra estrella más cerca que nunca, a unos seis millones de kilómetros; SWEAP, para estudiar el viento solar, e ISOIS, especializado en el estudio de las partículas energéticas. Su misión durará hasta 2025 y en el ínterin habrá hecho siete sobrevuelos alrededor de Venus para aprovechar la gravedad y el movimiento de ese planeta y así acercar cada vez más su órbita al Sol, un método muchísimo más económico que utilizar un motor cargado de combustible.

Su valioso instrumental se mantiene protegido gracias a un superescudo térmico de carbono, diseñado para resistir una temperatura de 1.377 °C. Pero… ¿cómo será eso suficiente si, como sabemos, la atmósfera del Sol puede superar el millón de grados de temperatura? Bueno, no es lo mismo temperatura que calor, explica el físico e ingeniero aeronáutico Miquel Sureda, especializado en propulsión espacial. «La temperatura es un valor que nos habla de la energía térmica asociada al movimiento de las partículas. En cambio, el calor es la energía térmica que los cuerpos se transfieren entre sí. Si, como en el caso de la atmósfera solar, la densidad de partículas es muy baja (un millón de veces menos densa que la de la Tierra), aunque la temperatura sea muy alta, el calor transmitido es mucho menor», explica. Es como introducir una mano en un horno con el aire a 200 °C: percibiremos calor, pero no nos quemaremos. En cambio, si metemos la mano en una olla llena de agua a 100 °C, la quemadura será colosal, a pesar de estar a la mitad de temperatura. Eso es porque el aire es mucho menos denso que el agua, y sus partículas, que son más escasas, transmiten menos calor. Son cosas de la física de partículas…

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Este artículo pertenece al número de Abril de 2022 de la revista National Geographic.

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