Un bucle eterno de flores fallidas

La coliflor romanesco, de origen italiano, es rica en vitaminas C y K y carotenoides. Debe su nombre al poeta Giuseppe G. Belli, quien en 1834 aludió a esta verdura en un poema escrito en romanesco, el dialecto de Roma.

La coliflor romanesco, de origen italiano, es rica en vitaminas C y K y carotenoides. Debe su nombre al poeta Giuseppe G. Belli, quien en 1834 aludió a esta verdura en un poema escrito en romanesco, el dialecto de Roma.

Foto: Jil Photo / Age Fotostock

¿No son las formas que presenta la coliflor romanesco (Brassica oleracea botrytis) dignas de admiración? Su peculiar superficie está alfombrada de unas estructuras fractales –formas geométricas que se repiten a distintas escalas– compuestas por pirámides cada vez más pequeñas, las cuales generan infinidad de espirales. Distribuidas de forma regular alrededor del tallo, se denominan espirales filotácticas. Pero ¿qué es lo que desencadena ese peculiar patrón de crecimiento? Un equipo internacional en el que han participado investigadores del Instituto de Biología Molecular y Celular de Plantas (IBMCP- UPV-CSIC) ha concluido que es el resultado de un proceso reiterativo en el que las células responsables del crecimiento permanente de las plantas, los meristemos, crean tallos que intentan, sin lograrlo, producir flores. Lo hacen de forma continua, a una velocidad creciente, por lo que las pirámides resultantes son cada vez de menor tamaño.

«Ese patrón de crecimiento es fruto de mutaciones que ocurrieron al azar –explica Francisco Madueño, científico titular del CSIC e investigador del IBMCP–. Probablemente este patrón en el que no se producen flores sea desventajoso para la reproducción de la especie. Pero al ser una variedad que el hombre ha seleccionado genéticamente, no necesita competir, como sucedería en estado silvestre».

Los investigadores han extrapolado datos de una pariente de la coliflor romanesco muy bien conocida por la ciencia, la especie silvestre Arabidopsis thaliana, que también pertenece a la familia de las brasicáceas. Combinando experimentos in vivo con modelos computacionales en 3D, han comprobado que la romanesco genera una sucesión de tallos sobre tallos que nunca concluyen en flores debido a la mutación de uno de sus genes. El resultado es esta espectacular estructura que crea un número de espirales que responde a la sucesión de Fibonacci, en la cual el número siguiente de esa secuencia es la suma de los dos anteriores.

Si las matemáticas tuvieran sabor… ¡esta coliflor rebosaría de su esencia!

Este artículo pertenece al número de Noviembre de 2021 de la revista National Geographic.

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