Si preguntamos dónde se ha hallado el tesoro de oro más completo y antiguo del mundo, la mayoría de la gente responderá aludiendo a alguna de las primeras civilizaciones. Quizás en Egipto, con sus legendarias tumbas faraónicas.

Sin embargo, la verdadera, y sorprendente, respuesta apunta más al norte: a Varna, una ciudad a orillas del mar Negro, en la actual Bulgaria.

Figuras zoomorfas
Krasimir Andonov

Es probable que los orfebres utilizasen pepitas de oro de los ríos cercanos para fabricar figuras zoomorfas como esta, que se asemeja a un toro. 

Allí, hace casi siete milenios, un pueblo enterró a sus difuntos rodeados de una increíble variedad de objetos. Descubierto en la década de 1970 y con los trabajos de excavación todavía en marcha, el hallazgo despertó el interés internacional y transformó nuestra concepción del mundo antiguo. Contribuyó a definir lo que los arqueólogos llaman la cultura de Varna y su singular marca distintiva: el oro más antiguo trabajado por manos humanas. Y aun así, pese a décadas de investigación y análisis, el yacimiento sigue planteando preguntas sin respuesta.

En torno al año 5000 a.C. un grupo humano se asentó en los alrededores del lago de Varna, una zona que se prestaba a la actividad agrícola y ofrecía recursos en abundancia. Por entonces había en las inmediaciones dos yacimientos de mineral de cobre que afloraban en la superficie, y en los ríos de aquella zona de la península balcánica abundaba el oro aluvial. En paralelo al desarrollo de la cultura de Varna nacieron las fundiciones, las herrerías y las orfebrerías. Durante aquel período los muertos ya no se enterraban cerca de las viviendas, sino en necrópolis alejadas de los asentamientos. Y precisamente es en esos cementerios milenarios donde salió a la luz uno de los descubrimientos más deslumbrantes de la historia.

Aplicaciones
Krasimir Andonov

Los orificios en la base de estas piezas que representan animales con cuernos sugieren que iban cosidas a
una prenda de vestir, a modo de aplicaciones.

La edad de oro de la arqueología búlgara nació en octubre de 1972, cuando un trabajador que cavaba una zanja para tender un cable eléctrico cerca del lago de Varna percibió unos objetos metálicos que centelleaban en el suelo y contactó con un museo del lugar para dar parte del hallazgo de lo que creía eran objetos de cobre. 

Los expertos comprendieron al instante que se trataba de algo extraordinario. En el inventario consignaron la aparición de «27 piezas de oro, 6 cuchillos de cobre y 3 placas de sílex» y comenzaron a excavar de inmediato.

El obrero había abierto la fosa funeraria de una necrópolis del V milenio a.C. Aquel día en el que sonrió la buena suerte marcó el inicio de un extraordinario período de descubrimientos durante el cual se exhumaron 294 tumbas en un área del tamaño de un campo de fútbol. Concluyó en 1991, cuando el fin del comunismo paralizaría las excavaciones durante varias décadas.

Arqueólogo Ivan Ivanov
Archivo del Museo Arqueológico de Varna

El arqueólogo búlgaro Ivan Ivanov, ya fallecido, dedicó su carrera a excavar los yacimientos de Varna tras el hallazgo original, producido diez años antes de que se tomara esta fotografía en 1982. En ella sostiene un recipiente de arcilla con motivos geométricos dibujados con polvo de oro.

Aquellas excavaciones reportaron la recuperación de más de 3.000 piezas, que en total rondaban los siete kilos de peso. De las 294 sepulturas, apareció oro en 62, pero más de dos terceras partes del metal precioso estaba concentrado en solo tres tumbas. La número 43 era, con gran diferencia, la más rica, surtida con una enorme cantidad de objetos de oro. El joven arqueólogo Ivan Ivanov, quien dedicaría toda su carrera al estudio del yacimiento, la describió así: «Esqueleto de un varón de 45-50 años […]. Hay 990 objetos de oro, con un peso total de 1.516 gramos. Las piezas de oro se hallaron alrededor y encima del esqueleto».

Excavación de Varna
Krasimir Andonov

Imagen de la necrópolis principal durante la excavación de 1976, con el lago de Varna al fondo. Se exhumaron un total de 294 tumbas. 

Un ajuar funerario de tal riqueza insinuaba el singular estatus de aquel hombre. Había además símbolos de autoridad –el cetro-hacha que portaba en la mano, por ejemplo– que llevaron a los arqueólogos a concluir que la tumba albergaba a un dirigente que ejercía el poder político y religioso, lo que sugiere que la comunidad asentada a orillas del lago de Varna conformaba un centro político y religioso con todas las letras: una civilización en ascenso.

La sofisticación de la cultura de Varna se distingue por el desarrollo de la artesanía y, en particular, por el dominio de la metalurgia. Antes del descubrimiento de estas necrópolis búlgaras y de los tesoros de oro de tumbas, los arqueólogos situaban el nacimiento de la metalurgia en Mesopotamia, la llamada cuna de la civilización.

 

Ídolo de arcilla cefaliforme
Krasimir Andonov

Este ídolo de arcilla con forma de cabeza humana formaba parte del ajuar funerario de un cenotafio, que por el tipo de piezas halladas los arqueólogos consideran propias de lo que denominan tumbas simbólicas femeninas, en las que hay agujas, diademas, collares… En otros puntos de la necrópolis se hallaron otros ídolos similares con aplicaciones de oro.

La datación por radiocarbono, introducida en la década de 1960, permitía determinar con mayor precisión la antigüedad de las piezas. «Gracias a ese método, en 1973 el arqueólogo británico Colin Renfrew observó que la metalurgia balcánica había surgido con independencia de la de Oriente Próximo, al contrario de lo que se creía hasta entonces», recuerda el arqueólogo Kalin Dimitrov.

Tallas en hueso animal
Krasimir Andonov

Estas tallas en hueso animal representan figuras humanas muy estilizadas. Conforme surgía la artesanía, también apareció la producción en serie de diversos tipos de piezas, con formas y tamaños similares.

La teoría de Renfrew pronto se vio refrendada por otro gran descubrimiento en Varna. En 1976 se determinó que tres tumbas pertenecientes a una necrópolis más grande eran anteriores a las de la primera necrópolis, pero indudablemente estaban vinculadas a la misma cultura. Del enterramiento mejor conservado, la tumba número 3, salieron más de 1.000 piezas, entre ellas 31 cuentas de oro. La datación por radiocarbono de los huesos los situó en el año 4750 a.C., lo que significaba que las cuentas aparecidas junto a ellos eran el oro más antiguo jamás trabajado por manos humanas.

Varna turística
Krasimir Andonov

Varna sigue atrayendo gente a sus orillas: no en vano es la tercera ciudad más grande de Bulgaria, su principal puerto y una zona turística del mar Negro.

Pero ¿por qué Varna? Más allá de que había recursos naturales y expertos artesanos, estaba tomando forma una sociedad jerarquizada, la primera de la que existe constancia. Surgía la división entre una clase dirigente y sus subordinados. Y la orfebrería áurea se asocia con el culto a un líder y la afirmación del poder. Una investigación publicada en 2015 en la revista académica Cambridge Archaeological Journal señalaba: «Hasta la fecha, el oro aparece en el registro arqueológico en el momento en que el desarrollo de las sociedades indicaba un aumento de la desigualdad social».

Con Varna como un centro de la metalurgia del oro surge una pregunta: ¿por qué aquella cultura no cristalizó en una gran civilización, como Mesopotamia o el antiguo Egipto?

«Llevamos décadas tratando de encontrar una explicación –responde Vladimir Slavchev, del Museo Arqueológico de Varna–. Para que exista una civilización tal y como la entendemos hoy en día tiene que haber una arquitectura monumental, una escritura… pruebas de lo que ahora llamamos una estructura de Estado. Debe haber una unión de personas, en un gran territorio, que convivan y se sometan al mismo gobierno. Varna demuestra que su cultura seguía ese camino: existía estructura social, existía jerarquía. Había aparecido una estructura de poder, pero llegó a cierto punto y, entonces, aquella sociedad se desmoronó».

Cenotafio número 36
Krasimir Andonov

En esta fotografía de 1974, Ivanov limpia los excepcionales hallazgos del cenotafio etiquetado con el número 36, una de las 57 tumbas de este tipo en las que no aparecieron esqueletos, sino colecciones de objetos. El oro no estaba distribuido de manera uniforme: tres tumbas concentraban más de dos terceras partes de las 3.000 piezas áureas encontradas.

Una posible respuesta tiene que ver con el cambio climático. Después de la última glaciación, las temperaturas medias anuales empezaron a ascender; los glaciares se derritieron, con la consiguiente elevación del nivel del mar y de las aguas subterráneas. Las investigaciones paleoclimáticas realizadas en las últimas décadas indican que estos procesos seguían en marcha en el V milenio a.C. Los campos de cultivo cercanos a ríos y lagos se habrían vuelto pantanosos, y las cosechas serían más escasas. Al perder sus medios de subsistencia, la población habría emigrado.

A finales del V milenio a.C., el asentamiento se desplazó desde la costa del mar Negro al interior de la península balcánica. Parte de la población se adentró en los montes Ródope, otros llegaron a la actual Hungría. Si embargo, a principios del IV milenio a.C. todos aquellos asentamientos habían desaparecido, y con ellos, su cultura.

 

Escultura personaje con autoridad
Krasimir Andonov

Esta escultura de un personaje que se cree ocupaba una posición de autoridad en la cultura de Varna se creó a partir de un cráneo que se había conservado parcialmente.

 

La sepultura más rica
Krasimir Andonov

El esqueleto de la imagen anterior apareció junto a 990 objetos de oro. Es la sepultura más rica, hoy expuesta en el Museo Arqueológico de Varna tal y como se encontró.

También es posible que el colapso de la sociedad de Varna obedeciese a otros motivos. Junto con otros factores –cambio climático, posibles epidemias–, Kalin Dimitrov, del Instituto Arqueológico Nacional y Museo de la Academia de Ciencias de Bulgaria, cree que el oro en sí mismo pudo haberse convertido en un problema. Extraer, procesar y trabajar aquel metal blando quizá beneficiaba a los líderes de la comunidad, pero no mitigaba un problema más acuciante: el de la supervivencia. «El sistema de acumulación de riqueza es extremadamente improductivo –afirma el arqueólogo–. Acumular oro conduce al agotamiento de los recursos y la extenuación de las sociedades».

Símbolo de poder
Krasimir Andonov

Cetro-hacha de piedra con el mango cubierto de oro, fotografiado con hachas de cobre y aplicaciones de oro. Considerado un símbolo de poder, se halló en la mano del posible gobernante, lo que llevó a los arqueólogos a concluir que ese varón ejercía la autoridad política y religiosa.

En 2021 Slavchev reanudó las excavaciones.
No porque cuente con anotarse nuevos descubrimientos espectaculares en las necrópolis, apunta el arqueólogo, ya que los enterramientos ricos en oro están todos ubicados en el centro, mientras que las tumbas sin excavar están en la periferia. Simplemente espera completar la cartografía de la necrópolis y llevar a cabo estudios genéticos más detallados de los esqueletos.

«Hasta el momento hemos tomado 54 muestras, y ahora sabemos gracias a ellas que la dieta de aquella población era básicamente cereales con algo de carne y muy poco pescado», explica.

Cornalina
Krasimir Andonov

En la joyería con cuentas de cornalina, un mineral más duro que el acero, los orfebres alcanzaron una maestría asombrosa. Las cuentas están pulidas, facetadas y estandarizadas por peso. La orfebrería áurea, teorizan los expertos, es un rasgo de las sociedades jerarquizadas que distingue a quienes ostentan el poder.

Pero el objetivo principal de las pruebas genéticas es dibujar el árbol genealógico del caudillo de la tumba 43. Detectar parentescos entre los individuos enterrados en las sepulturas más ricas probaría la existencia de una aristocracia familiar, que todavía no ha podido determinarse. La búsqueda de respuestas a los misterios de Varna no ha terminado.

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Krasimir Andonov imparte clases de fotografía en la Academia Nacional de Artes Escénicas y Cinematográficas de Sofía. Ha rodado cinco largometrajes y decenas de documentales.

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Este artículo pertenece al número de Diciembre de 2023 de la revista National Geographic.

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