El verano podría desacelerar el coronavirus, pero no acabará con él

Según un nuevo estudio, el aumento de la exposición a rayos ultravioleta derivado de un tiempo más benigno en el hemisferio norte podría frenar la expansión del SARS-Cov2. Sin embargo los científicos también han apuntado que, aunque pueda ser una ayuda, no lo hará desaparecer por completo. De hecho, según el investigador principal, "De lo que podemos estar seguros es de que volverá en otoño y alcanzará su punto máximo este invierno"

Deporte al sol durante el coronavirus

Deporte al sol durante el coronavirus

Foto: iStock

Deporte al sol durante el coronavirus

¿Servirá el verano para aplacar el nuevo coronavirus en el hemisferio norte igual que ocurre con otros otros virus estacionales, como pueden ser los responsables de la gripe, el resfriado o la neumonía? Un nuevo estudio sugiere que sí, que, además de aumentar la temperatura media, los rayos solares azotarán el virus y frenarán la epidemia, pero no hasta el punto de hacerlo desaparecer, lo que provocará que con toda probabilidad el patógeno vuelve a cobrar fuerza en otoño.

La investigación, realizada por los ecólogos de la Universidad de Connecticut Cory Merow and Mark C. Urban, precisa que la principal arma natural para combatir el nuevo patógeno es la luz ultravioleta, invisible a nuestros ojos, pero cuya alta concentración energética provoca en nuestro organismo una irradiación ionizante capaz de dañar nuestras células... y acabar también con los virus.

Según el doctor Merow, los investigadores examinaron hasta qué punto los factores ambientales y ecológicos podían correlacionarse con las tasas de infección por virus. Pare ello, usaron un modelo que medía las repercusiones del patógeno en todo el mundo y cruzaron los datos de temperatura humedad y penetración de los rayos ultravioleta en la atmósfera con las tendencias estacionales.

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"No usamos un modelo temporal, pues las intervenciones, como el distanciamiento social, generalmente se implementaron cuando la Covid-19 ya se había vuelto prevalente en un país determinado.- explica Mark C. Urban a National Geograpahic a través de un mail.- En su lugar, medimos la tasa de crecimiento máxima de COVID-19 en cada unidad política en todo el mundo en relación con las características climáticas predominantes durante el período de transmisión. De este modo, podíamos estimar el potencial ambiental máximo del virus".

"Descubrimos que la luz ultravioleta estaba más fuertemente asociada con las tasas más bajas de crecimiento de la epidemia" apuntan los científicos.

Así pues, según explicita el propio Urban, “descubrimos que la luz ultravioleta estaba más fuertemente asociada con las tasas más bajas de crecimiento de la epidemia. Basándonos en estos datos, las proyecciones sugieren que la enfermedad disminuirá temporalmente durante el verano, rebrotará en otoño y alcanzará su punto máximo el próximo invierno”.

Según las proyecciones, la enfermedad disminuirá temporalmente durante el verano, rebrotará en otoño y alcanzará su punto máximo el próximo invierno.

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El calor y la humedad son decisivos

Según el equipo de expertos, el nuevo análisis sugiere que unos días más cálidos podrían ayudar a encarar la epidemia, pero descarta que por sí solo sea una factor determinante en la erradicación de la misma.

El debate sobre la acción de la temperatura y la luz solar sobre la erradicación no es nuevo. En general, existe un cierto consenso entre la comunidad científica sobre los beneficios del aumento de la temperatura y la reducción de la humedad para minar la capacidad de resistencia del virus, aunque no existe unanimidad a la hora de cuantificar su importancia. Por ejemplo, este estudio de los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos concluía que el virus era especialmente sensible cuando la temperatura superficial aumentaba de los 40 ºC, aunque no le afectan tanto los cambios de humedad. En esta otra investigación publicada el mes de abril por la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos, simplemente se precisa que la relación entre ambos factores es mínima.

Si bien tal idea está lejos de ser considerada como un tratamiento seguro contra los patógenos, los biólogos conocen bien las amenazas que la exposición al sol durante mucho tiempo tiene sobre la viabilidad de muchos microorganismos. Otra cosa es determinar la capacidad de esa radiación social para erradicar por completo su expansión.

Lámparas ultravioletas para desinfectar

Se conoce los efectos que la luz del sol tienen para la aniquilación de ciertos microbios patógenos. No es, pues, casualidad que las lámparas de luz ultravioleta sirvan a su vez para desinfectar superficies expuestas a patógenos, como pueden ser quirófanos o laboratorios. Incluso se ha utilizado durante la pandemia para descontaminar las máscaras protectoras.

Cierto tipo de luz ultravioleta se ha usado en las últimas semanas para descontaminar las máscaras protectoras.

También se sabe que la vitamina D obtenida por una mayor exposición al sol puede ser beneficiosa para nuestro sistema inmunitario, que se vería reforzado gracias a la luz natural.

“La mayoría de los virus respiratorios son estacionales”, explicaba el doctor Robert R. Redfield, director de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades en la radio pública NPR, preguntado sobre el flujo de la enfermedad. “Es razonable -admitió- suponer que la transmisión disminuirá en la temporada de verano”.

Los estudios comparativos de virus sugieren que, como clase, los coronavirus son especialmente vulnerables a la luz ultravioleta debido a sus códigos genéticos relativamente estensos. El este estudio financiado por el departamento de Defensa Biológica de las Fuerzas Armadas de Estados Unidos se establecía una relación directa entre el número de pares de bases de ADN y ARN y la vulnerabilidad ante la luz ultravioleta.

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Entonces, ¿debemos fiarlo todo al aumento de la temperatura y las horas de sol? ¿Por qué, entonces, algunos países de climas cálidos o templados, como Australia o Irán, han tenido una alta prevalencia del virus, preguntamos a Mark. C. Urban?

Los científicos de la Universidad de Connecticut autores de la investigación, todavía en fase de verificación, son tajantes en este aspecto. El estudio lo deja bien claro: en Estados Unidos, la probabilidad de que la desaceleración veraniega no se produzca oscila entre un 20 y un 40%.

Según el modelo de los científicos, un clima cálido pero nublado podría promover la tasa de crecimiento de los casos de COVID-19.

"Nuestro modelo predice un efecto positivo de la temperatura en la tasa de crecimiento del virus después de tener en cuenta la luz ultravioleta y la humedad. -Aclara el investigador-. Por ejemplo, según nuestro modelo, un clima cálido pero nublado podría promover la tasa de crecimiento. El factor más relevante resultó ser la luz ultravioleta, que tendió a disminuir la tasa de crecimiento del coronavirus. Debemos tener en cuenta que el factor más importante para la tasa de crecimiento es la cantidad de individuos susceptibles a contagiarse, y el número de contactos entre ellos. Nuestro modelo predice solo las contribuciones del clima", explica.

"Hay que dejar claro del alto nivel de incertidumbre de los modelos predictivos - argumenta el doctor Urban -. Todavía hay una posibilidad entre cinco de que el riesgo de COVID-19 siga siendo alto este verano en muchas partes del mundo. De lo que podemos estar seguros es de que volverá en otoño y alcanzará su punto máximo este invierno".

Así pues, nada de tumbarse al sol a esperar que pase la pandemia. Las medidas de protección individual y distanciamiento social se antojan necesarias, también en los meses de verano.

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