El universo a través de los ojos del Telescopio Espacial James Webb

La Nebulosa de la Tarántula, el Quinteto de Stephan o los acantilados cósmicos de la nebulosa de Carina jamás se habían visto como ahora. El James Webb ha tardado una década en llegar, pero cambiará nuestra manera de comprender el universo.

Hace menos de un año que surca el universo, pero el Telescopio Espacial James Webb (JWST, por sus siglas en inglés) ya asombra al mundo con el poder visual de las imágenes que ha podido tomar a lo largo de su paseo estelar. Ensamblado y creado como un fino trabajo de orfebrería en el Centro de Vuelo Espacial Goddard, en Maryland, el James Webb ha tardado cerca de una década en ver la luz.

Ahora, una vez en el espacio, su misión es precisamente esa: captar la luz espacial con su conjunto de espejos, formado por 18 segmentos hexagonales fabricados en berilio y recubiertos de una película de oro, para mostrarnos las imágenes más espectaculares del espacio con una calidad nunca antes vista.

Bautizado como una de las maravillas de la época moderna, el James Webb será el telescopio más grande en la historia en ser enviado al espacio. ¿Y qué se espera de él? Que cambie para siempre mundo de la astronomía y la manera en la que el ser humano se acerca al universo.

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El telescopio más potente jamás creado

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El telescopio más potente jamás creado

Lanzado al espacio desde la Guyana Francesa el pasado 25 de diciembre de 2021, este observatorio se ha convertido en el más caro de la historia espacial (cerca de 10.000 millones de dólares de inversión), pero también supone un gran paso adelante en materia tecnológica con respecto a sus antecesores: es 100 veces más potente que el Hubble y cuenta con un conjunto de espejos hexagonales llamado Optical Telescope Element que es capaz de captar la luz del espacio para dirigirla a sus potentes instrumentos científicos que se encargan de su análisis.

Foto: NASA-GSFC, Adriana M. Gutierrez (CI Lab)

El ocaso de la Nebulosa del Anillo del Sur

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La Nebulosa del Anillo del Sur

Pese a destacar gracias a las luces infrarrojas del James Webb, la estrella que brilla en el centro de NGC 3132, también conocida como la nebulosa del Anillo del Sur, juega un papel secundario a la hora de esculpir la nebulosa que la rodea. La culpable es una segunda estrella, apenas visible tras el halo brillante de la primera, que se convierte en la fuente de la nebulosa. Durante miles de años, esta segunda estrella se ha encargado de expulsar al menos 8 capas de gas y polvo al universo, creando la espectacular vista ofrece NGC 3132.

Curiosamente, esta pareja de estrellas orbitan a una distancia muy estrecha, lo que hace que el material expulsado orbite alrededor de ellas creando estas formas de anillos circundantes. Pero no toda la luz que emiten las estrellas puede escapar: la densidad de la región central, de un intenso color azulado, es reflejada según su transparencia. Las áreas de un color azulado más intenso indican que el gas y el polvo son mucho más densos, por lo que la luz es incapaz de escapar.

Foto: NASA, ESA, CSA, STScI

El Quinteto de Stephan ilumina la constelación de Pegaso

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El Quinteto de Stephan ilumina la constelación de Pegaso

Este enorme mosaico del Quinteto de Stephan es la imagen más amplia jamás tomada en el Telescopio Espacial James Webb: con más de 150 millones de píxeles y construida a partir de al menos 1.000 imágenes individuales, la amplitud de la imagen cubre cerca de una quinta parte del diámetro de la Luna. El agrupamiento de estas cinco galaxias fue capturado por dos de los elementos más especiales de esta maravilla tecnológica: la Near-Infrared Camera. (NIRCam) y el Mid-Infrared Instrument (MIRI).

Con su potente visión infrarroja y la altísima resolución que ofrece, el Webb muestra detalles nunca antes vistos de este grupo de galaxias. También conocido como el Hickson Compact Group 92 (HCG 92), el Quinteto de Stephan es una curiosa formación en la que cuatro galaxias se encuentran relativamente cerca entre sí y se les puede ver efectuando un "baile cósmico", la quinta, también conocida como NGC 7320, está mucho más alejada, situándose a 40 millones de años-luz de la Tierra, mientras que el resto se encuentran a 290 años-luz. Una distancia que, aunque a priori parece bastante lejana, en términos cósmicos no lo es tanto en comparación con las galaxias que se sitúan a billones de años-luz del Sistema Solar.

Estudiar estas galaxias relativamente cercanas permitirá a los científicos entender de un mejor modo las estructuras que ya se han visto en galaxias mucho más lejanas, así como su formación.

Foto: NASA, ESA, CSA, STScI

La galaxia Rueda de Carro

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La galaxia Rueda de Carro

Compuesta por dos anillos, la galaxia Rueda de Carro se formó hace 400 millones de años por el resultado de una colisión de alta velocidad. Ahora, esos anillos se expanden hacia el exterior del centro de la colisión como si de ondas de choque se tratase. Sin embargo, a pesar del impacto, gran parte del carácter de esta galaxia en espiral permanece después de aquel impacto, como se puede ver en los brazos rotatorios que salen desde el centro, parecidos a los radios de una rueda, lo que le otorga ese nombre tan peculiar.

Las observaciones del Telescopio Espacial James Webb capturan la Rueda de Carro en una etapa transitoria: la forma que adoptará finalmente, teniendo en cuenta estas dos fuerzas que compiten entre sí –la interna y la externa–, todavía es un misterio. Sin embargo, esta imagen ofrece una nueva perspectiva a los científicos sobre el pasado de esta galaxia y deja entrever lo que terminará pasando en un futuro.

 

Foto: NASA, ESA, CSA, STScI

Los "acantilados cósmicos" de la Nebulosa Carina

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Los "acantilados cósmicos" de la Nebulosa Carina

No son unas crestas montañosas en pleno anochecer, sino que lo que se está contemplando en esta imagen es el borde de una joven región de formación estelar llamada NGC 3324 en la Nebulosa Carina. Los sistemas del James Webb permiten ver áreas antes oscurecidas en el proceso de nacimiento de una estrella

Apodada como los "Acantilados Cósmicos", esta región se encuentra a unos 7.600 años-luz de la Tierra. El área cavernosa ha sido esculpida por la intensa radiación ultravioleta y los vientos estelares que emiten las estrellas más jóvenes que se desarrollan en la zona superior, caracterizadas por su imponente calor. La radiación que emiten va dibujando poco a poco el muro de la nebulosa, erosionándolo poco a poco con el paso del tiempo, dando la sensación de que se trata de verdaderos acantilados en mitad del espacio.

Foto: NASA, ESA, CSA, STScI

La nebulosa de la Tarántula

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La Nebulosa de la Tarántula

En este mosaico que comprende distancias de hasta 340 años-luz, la cámara del Webb muestra la Nebulosa de la Tarántula de un modo nunca antes visto. Se puede apreciar la región de formación de estrellas, incluyendo decenas de miles de estrellas jóvenes que antes estaban cubiertas por polvo cósmico y que ahora, gracias a la tecnología equipada en este telescopio espacial, salen a la luz por primera vez. 

La región más activa parece brillar con las estrellas jóvenes masivas, destacando en un azul pálido. Encima de ellas, nuevas estrellas luchan por aparecer entre el polvo de la nebulosa. Esta guardería espacial llamada 30 Doradus forma parte de la Tarántula, una de las nebulosas favoritas de los astrónomos durante años por sus filamentos. Además, la Nebulosa de la Tarántula es el hogar de las estrellas más calientes y masivas que se conocen.

Foto: NASA, ESA, CSA, STScI

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