El Planeta Tierra está lleno de vida, y cada especie y organismo que se despliega sobre él muestra una asombrosa diversidad en cuanto a formas y funciones. En este contexto, hay una pregunta que rondó por la cabeza de múltiples científicos en la antigüedad: ¿cómo y por qué surgieron estas variaciones tan notables a lo largo del tiempo? Sin embargo, un científico del siglo XIX, Charles Darwin, dio respuesta a ese interrogante apostando por una revolucionaria teoría que transformaría la biología y la comprensión de la vida para siempre.

A través de una travesía épica en el HMS Beagle y una profunda observación de la naturaleza, Darwin propuso laTeoría de la Evolución, la cual da respuesta a cómo las especies se transforman y se adaptan a lo largo del tiempo. Desde la variación genética que subyace en cada población hasta la implacable selección natural que determina las formas de vida, te explicamos en qué consiste esta teoría fundamental en solo tres puntos clave.

VARIACIÓN GENÉTICA

La teoría de la evolución de Charles Darwin se basa en la idea central de la selección natural, en la que las especies evolucionan a lo largo del tiempo como resultado de la variación genética y de aquellos rasgos que confieren a los individuos ventajas adaptativas en un entorno específico.

Así, por variación genética, Darwin se refiere a todas aquellas diferencias en los genes entre individuos que aparecen como resultado de las mutaciones, es decir, cambios aleatorios que se producen en el material genético durante la replicación del ADN. Estas mutaciones ocurren, normalmente, mientras el organismo del individuo se está formando y suelen dar lugar a nuevas características en la apariencia o metabolismo de los organismos.

Esta variación es esencial para el proceso de selección natural. Dentro del ambiente en el que viven los individuos, esos rasgos que aparecen de forma aleatoria pueden ser una auténtica ventaja en términos de supervivencia y de reproducción. De hecho, a través de la reproducción, las especies pueden transferir esos rasgos a generaciones futuras, aportándoles más posibilidades a su descendencia de sobrevivir y de reproducirse prósperamente.

Pinzón terrestre grande en islas galápagos
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Pinzón terrestre grande en islas galápagos. La adaptación del pico de los pájaros que Darwin apreció en función del entorno en el que se encontraban fue una de las inspiraciones para desarrollar su teoría.

SELECCIÓN NATURAL

La selección natural es el factor fundamental que hace de la Teoría de Darwin un referente en cuanto al entendimiento de la diversidad biológica. Este proceso describe la forma en que ciertos rasgos heredados – aquellos transmitidos por los progenitores -  tienen más posibilidades de ser transmitidos en las generaciones futuras debido a que favorecen la supervivencia de los individuos en un entorno particular.

Tomando esa variación genética de punto base, la selección natural tiene también en cuenta la competencia en la naturaleza, es decir, los recursos son limitados y las poblaciones crecerán más rápidamente de lo que los recursos pueden soportar, por lo que se generará una competencia por el alimento, el espacio o la pareja. Así, los rasgos más beneficiosos se acumulan en la población a lo largo del tiempo, ya que los individuos que los poseen tienen más éxito en la competencia por los recursos.

Es justamente ese proceso de acumulación gradual de rasgos beneficiosos lo que se conoce como selección natural. En otras palabras, las propias condiciones naturales van beneficiando a ciertos individuos en función de las características que poseen. A lo largo de generaciones sucesivas, la frecuencia de los genes asociados con estos rasgos aumenta, lo que lleva a la adaptación de la población a su entorno.

ANCESTROS COMUNES

Finalmente, para entender el enfoque de Darwin hay que tener en cuenta un último punto clave: todas las formas de vida comparten un ancestro común en algún punto de su historia evolutiva. En otras palabras, todas las especies, incluyendo plantas, animales y microorganismos, comparten un antepasado común que vivió en un pasado distante. Así, según la teoría de la evolución, las especies han ido experimentando cambios graduales a través de la selección natural y la variación genética, siendo esos cambios acumulativos los que han dado lugar a las diversas formas de vida que observamos en la actualidad.

Primates arboricolas
Katharine Milton. Dieta y evolución de los primates. Investigación y Ciencia. Octrubre 1993. paginas: 56-63

Evolución de los homínidos a partir de los primeros mamíferos insectívoros trepadores.

La idea del ancestro común implica que, aunque las especies individuales han seguido caminos evolutivos diferentes, comparten un linaje común. Es decir, no significa que la especie humana haya descendido de los chimpancés, sino que, en algún momento del pasado, una especie de monos sufrió una serie de mutaciones beneficiosas que dieron lugar a dos ramas de descendencia diferentes: por una de ellas continuaron evolucionando los homínidos, y por otra los chimpancés.

Los factores que evidencian la existencia de estos ancestros comunes se puede encontrar en la comparación de características anatómicas, moleculares y genéticas entre las diferentes especies. Por ejemplo, la similitud en la estructura de los huesos de las extremidades de mamíferos, como humanos, ballenas y murciélagos, sugiere un ancestro común con extremidades similares. Sumado a esto, las similitudes entre código genético y las secuencias de ADN entre las diferentes especies respaldan la idea de un origen común.

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